Ecatepec es uno de los municipios con mayores índices de pobreza y violencia en el país. En esa demarcación, en el Estado de México, con una población total de 1.8 millones de habitantes, más de un tercio vive en pobreza, es decir 786,843 personas, de acuerdo con el informe del 2015 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.

El indicador Gini de desigualdad en ese municipio es de 0.61, en un rango de 0 a 1, donde 0 marca condiciones óptimas y 1 expresa el mayor índice de rezago. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana realizada por el Inegi, al mes de septiembre del 2018, 96.3% de sus habitantes se sentía inseguro por el alto índice delictivo que prevalece.

A ese entorno social están expuestos 527,406 menores de 18 años en Ecatepec, y Smurfit Kappa (SK), compañía global líder en la fabricación de empaques de papel, a través de su Fundación, invirtió 600,000 dólares (11.5 millones de pesos) en la construcción del Centro Comunitario SK donde actualmente 380 niños y adolescentes, de los cuales 8% son hijos de empleados de Smurfit Kappa, reciben clases de regularización, instrucción física, atención psicopedagógica, clases de danza; cultivan verduras y legumbres y aprenden a protegerse del bullying y el acoso sexual.

El Economista recorrió las instalaciones del Centro Comunitario SK, recién inauguradas, en compañía de Jorge Alberto Ángel, CEO de la firma en México; Carlina Toledo-Patterson, directora de Comunicaciones para las Américas, y Melissa Ramos, coodinadora de Responsabilidad Social de SK México.

En un área de 14,000 m2 (620 m2 de construcción) contigua al complejo fabril de Cerro Gordo en Santa Clara, Ecatepec, el verde del campo de futbol contrasta con el paisaje gris que predomina en la zona. El centro cuenta con baños y vestidores diferenciados por sexo y edad, salones para actividades lúdicas y culturales, biblioteca, centro de cómputo, un pequeño invernadero para los talleres de hidroponía, y donde también se ofrece asistencia a los niños y sus familias en salud, desarrollo psicosocial y cuidado ambiental.

“Smurfit Kappa va a cumplir 50 años de presencia en Ecatepec y aunque las actividades de responsabilidad social y desarrollo comunitario han estado presentes durante muchos años, éste es el proyecto de emprendimiento más grande y más importante que tiene la compañía en Ecatepec. No podemos estar en esta comunidad y olvidarnos de la problemática que allí se vive a diario”, asegura Jorge Ángel.

Para participar de las actividades que ofrece el Centro Comunitario SK, todas gratuitas, el menor debe tener un promedio escolar mínimo de 8, si no lo alcanza se le pide a los padres una cuota anual de 60 pesos, con el fin de incentivarlo a que mejore su rendimiento académico; sin embargo, algunos no pueden pagar esa cuota simbólica, entonces se invita a que los padres acudan como voluntarios del centro, esto con el propósito de que los niños suban la calificación involucrando a los padres. “El objetivo es no cerrarle la puerta a nadie”, asegura Pilar Aguayo, gerente de Marketing y Comunicación de Smurfit Kappa México.

Carlina Toledo-Patterson detalla que el Centro Comunitario SK de Ecatepec es una opción de calidad en una comunidad vulnerable, donde la oferta de espacios no abunda: “no obstante que hay parques y centros comunitarios en la zona, la oferta de centro con programas de calidad no es tan grande, y en este centro los niños aprenden a hacer buen uso de su tiempo libre y no están en la calle, que ése es otro tema fundamental en este ciclo de drogas e índice de violencia que viven los niños en esta comunidad.

El centro comunitario no ofrece alimentos a los niños que asisten a las actividades pero a través de los talleres de hidroponía se les enseña a cultivar alimentos en casa, y aprenden lo importante que es una buena nutrición para mejorar el rendimiento en la escuela y en las actividades deportivas y artísticas que realizan, comentan los directivos de Smurfit Kappa.

La firma irlandesa opera en 34 países del mundo; en México tiene 10 plantas donde laboran 7,200 empleados y el año pasado invirtió en este país 900,000 dólares en programas de responsabilidad social. En el 2017, su inversión global en este rubro fue 5.7 millones de dólares. “Nosotros no estamos para arreglar baterías de baño. En todos nuestros programas sociales a nivel mundial buscamos hacer inversiones de mayor impacto y de largo plazo”, explica Carlina Toledo-Patterson.

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