China informó que impondrá aranceles de 25% a la importación de 106 productos originarios de Estados Unidos que suman un valor de aduana de 50,000 millones de dólares anuales, en represalia por medidas similares tomadas por la administración del presidente Donald Trump.

El Ministerio de Finanzas de China comunicó que la lista de productos incluye soya, automóviles, productos químicos, aviones, whisky y artículos de plástico.

La decisión de Estados Unidos “infringió gravemente los derechos e intereses legítimos de los que disfruta China de acuerdo con las normas de la Organización Mundial del Comercio y amenazó los intereses económicos y la seguridad de China”, dijo el Ministerio de Finanzas de China en un comunicado.

En una publicación en Twitter, el presidente Donald Trump insistió en que no hay una guerra comercial, porque Estados Unidos ya está en desventaja cuando se trata de comerciar con la economía más grande de Asia.

“No estamos en una guerra comercial con China, esa guerra se perdió hace muchos años por las personas tontas o incompetentes que representaban a Estados Unidos”, escribió el mandatario. “Ahora tenemos un déficit comercial de 500,000 millones al año, con robo de propiedad de otros 300,000 millones. ¡No podemos permitir que esto continúe!”.

La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos recomendó el 3 de abril que se aplique un arancel de 25% a 1,300 productos de origen chino por valor de aproximadamente 50,000 millones de dólares anuales.

Las tarifas recomendadas van desde medicamentos, productos de acero, semiconductores, baterías, maquinaria agrícola, textiles y refrigeradores, hasta hornos de panadería, neumáticos, extinguidores de fuego, robots industriales y autos.

“Las presiones externas sólo han hecho al pueblo chino cada vez más duro. Las presiones externas sólo nos han hecho más capaces”, advirtió Zhu Guangyao, viceministro de Finanzas de China.

En el 2017, las exportaciones de productos de Estados Unidos a China sumaron 130,000 millones de dólares, mientras que sus importaciones desde ese país asiático fueron por 526,000 millones de dólares, de acuerdo con datos del Departamento de Comercio estadounidense.

“Recordemos: compramos cinco veces más productos de los que nos compran”, dijo Peter Navarro, asesor comercial de la Casa Blanca. “Tienen mucho más que perder en cualquier escalada de este asunto”.

Los lazos económicos entre Estados Unidos y China crecieron desde que China comenzó a reformar su economía y liberalizar su régimen comercial a fines de la década de 1970. El comercio total de mercancías entre ambos aumentó de 2,000 millones de dólares en 1979 (cuando comenzaron las reformas económicas chinas) a 656,000 millones actualmente.

China es el mayor socio comercial de mercancías de Estados Unidos, su tercer mercado de exportación y la mayor fuente de importaciones.

En 2015, las ventas de las filiales extranjeras de Estados Unidos en China ascendieron a 482,000 millones de dólares. Muchas empresas estadounidenses ven la participación en el mercado de China como fundamental para su competitividad global.

General Motors (GM), por ejemplo, ha invertido fuertemente en China, vendiendo más coches allí que en Estados Unidos cada año desde 2010 hasta 2017.

Además, las importaciones estadounidenses de bienes de bajo costo de China son de gran beneficio para los consumidores estadounidenses. A la vez, firmas estadounidenses que utilizan a China como el último punto de fabricación de sus productos, o utilizan insumos fabricados en China para la producción en Estados Unidos, por lo general son capaces de reducir los costos.

China es también el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro de Estados Unidos (1.19 billones de dólares a octubre del 2017). Las compras de deuda de Estados Unidos que realiza China ayudan a mantener bajas las tasas de interés en Estados Unidos.

Desde la perspectiva de Estados Unidos, hay muchas tensiones comerciales por la transición incompleta de China a una economía de mercado libre. Si bien China ha liberalizado significativamente sus regímenes económicos y comerciales en las últimas tres décadas, sigue manteniendo (o recientemente ha impuesto) una serie de políticas dirigidas por el Estado que parecen distorsionar los flujos comerciales y de inversión.

Las principales áreas de preocupación de los legisladores estadounidenses y grupos de interés incluyen el presunto espionaje económico cibernético generalizado de China contra las empresas de Estados Unidos; mecanismos relativamente ineficaces para hacer valer los derechos de propiedad intelectual; políticas de innovación discriminatorias; y un amplio uso de políticas industriales (como los subsidios y las barreras comerciales y de inversión) para promover y proteger las industrias.

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