Líderes de veinte grupos religiosos se han reunido con Andrés Manuel López Obrador en dos ocasiones en lo que va de 2019 y en ambas, febrero y marzo, pidieron al presidente concesiones para operar estaciones de radio y televisión por todo el país, una posibilidad expresamente vedada para ellos desde 1992.

En la última de esas reuniones, AMLO encargó a la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, el análisis de entregar una concesión de radiodifusión a cada congregación y entonces desató una polémica por el ingreso de los grupos religiosos a los medios electrónicos ahora como concesionarios de espectro.

La intención de los diversos grupos religiosos, principalmente los adheridos a la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice), ha causado revuelo en comunidades que defienden la interrupción del embarazo o el matrimonio igualitario, pero igual provoca dudas en juristas y expertos en competencia económica, acerca de cuál sería la figura jurídica bajo la que se entregarán esas licencias y las adecuaciones necesarias que también deberán hacerse a distintos marcos legales.

Incluso, si la Segob de Sánchez Cordero invadiría una facultad del Instituto Federal de Telecomunicaciones en el otorgamiento de concesiones –desatando así otra polémica como la de 2015 entre ambas entidades y esa vez sobre las audiencias–, amén de que, en un espíritu de igualdad y de legalidad, abrir los medios electrónicos a un grupo cristiano implica abrir espacios a todo el espectro de religiones.

¿Cuál es la concesión adecuada para escuchar la palabra de Dios?

En México existen las concesiones de tipo social, pública, comunitaria, indígena y comercial para explotar estaciones de radiodifusión, pero hasta hoy ninguna de esas figuras establecidas previamente en la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión (LFTR) podría cobijar a las radiodifusoras o televisoras religiosas, según el artículo 66 de su ley reglamentaria de 2014. Especialistas coinciden en que la alternativa de las concesiones de uso social sería la ruta a seguir.

La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, en su artículo 16 y reafirmado en 2015, impide a esos grupos la explotación de concesiones de radiodifusión y telecomunicaciones, y al Estado le impone además en su artículo tercero no favorecer a ninguna doctrina religiosa. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos también observa estos temas en sus artículos tercero y sexto. Todo eso es lo que tendría que reformarse para que la radio y TV religiosas sean una realidad en el país.

En el IFT ya han habido dudas de que posiblemente en la entrega de frecuencias para radio social a personas físicas, en la práctica éstas terminen siendo operadas con intereses de asociaciones religiosas y de hecho, una preocupación de este tipo la exhibió un comisionado del pleno el día 14 de diciembre de 2016, según documentos del mismo regulador. 

Aparte, en diciembre de 2017, el IFT entregó una concesión de tipo social al señor Ageo Hernández Hernández, un pastor que anteriormente había transmitido una estación pirata en la 104.7 FM de Álamo Temapache, Veracruz, antes de lograr la concesión para uso social de la 104.3 MHz XHATV-FM "Unción FM"

Hay más, porque en algunos casos existen estaciones comerciales cuyos concesionarios privados han forjado alianzas con grupos religiosos para operar frecuencias, como ha ocurrido con la 920 AM de Guadalajara y la 1110 AM de Ciudad Juárez, contratos que a parecer de observadores del sector debieran revisarse en el IFT para esclarecer si hay o no alguna vulneración a las leyes.

¿Existe suficiente espectro de radio y TV para entregar a cada religión?

En el país, tampoco existen frecuencias radioeléctricas suficientes de tipo social como para dar una concesión de radio o televisión a cada Fe con presencia en México.

Como ejemplo, en la capital del país la banda de FM ya fue entregada en su totalidad a diversos agentes privados y otras organizaciones civiles sin fines de lucro y de momento, aquí sólo quedan disponibles tres señales de AM, las 1610, 1630 y 1690, que también ya recibieron interés para crear radios comunitarias con ellas, por lo que las entidades religiosas hoy sólo pueden entrar a la radio de la CDMX a través de la compra de tiempo aire y eventualmente con la renta o compra de una estación comercial, esto si el Congreso reescribe un día la LFTR, la Constitución y la ley de cultos. 

Otra posibilidad todavía lejana sería que las comunidades religiosas, una vez reformados todos los marcos legales mencionados, pudieran participar en procesos comerciales o en otros más específicos de asignación de frecuencias para este tipo de contenidos, un escenario que crea otra duda en el sentido de que las contraprestaciones que se paguen en esas eventuales licitaciones, servirán o no después como parámetros económicos cuando el IFT defina los valores de refrendo de concesión para las demás estaciones ya existentes en el mercado.

La Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT) fue contactada vía electrónica para comentar este asunto, pero de momento, a través de su oficina de prensa, declinó opinar.

Los religiosos tendrían que, si consiguen operar directamente una estación de radio o televisión, aportar los recursos para el despliegue del transmisor y demás infraestructura necesaria para echar al aire su estación, pues también se desconoce si con un ingreso por la vía de la radio social, indígena o comunitaria los grupos religiosos pudieran ser acreedores de una parte de los recursos que el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) destina a esos medios como parte de su presupuesto anual de comunicación social.

Más allá de la Ciudad de México aún quedan disponibles frecuencias para radio comercial y la autoridad reguladora tendría que definir si algunas de ellas pudieran explotarse bajo otra figura legal, como radio social o comunitaria. El Instituto Federal de Telecomunicaciones ya concluyó en 2017 la subasta de frecuencias de la licitación IFT-4 de espectro para radio y perfila para el segundo semestre de 2019 ir otra vez al mercado con la IFT-8 de AM/FM, con alrededor de 250 señales.

A su vez, la IFT-6 de espectro para televisión digital atrajo en 2017 ofertas por 32 canales en 29 zonas de cobertura, de un total de 148 canales disponibles para la industria. 

“Así como las asociaciones religiosas tienen un tratamiento fiscal particular, las concesiones que se les otorgarían podrían ser de tipo social y dado que la religión es un componente de los usos y costumbres de la sociedad, y que favorecen la expresión de los valores universales, se debería limitar el lucro para ese tipo de estaciones”, dice Ana Lilia Moreno, especialista en competencia económica. 

“Con ellos el modelo de negocios cambia, las rentas de tiempo aire, imagino, lo pagan con los donativos que reciben de sus mismos fieles. Pero si ellos consiguen una estación, tendrán que hacer un plan de negocios, calcular los refrendos de concesión y cubrir las responsabilidades legales de esa concesión y, en su caso, vender espacios de acuerdo a la regulación que haya y con los límites para el lucro. Será un cambio en su plan de negocios y estructura de costos”, añade.

La feligresía, ¿escucha radio y televisión religiosas?

La radio de contenidos religiosos se escucha poco en la CDMX y apenas pinta en los ratings generales, de ahí que los concesionarios abran su tiempo aire de menor atractivo a ellos; entre las 04:00 y 05:00 horas en Radio 620 AM y los fines de semana en la 1440, como algunos ejemplos locales, pero en otras plazas tienen mejor aceptación, de acuerdo con información de la casa de mediciones de audiencias en medios electrónicos INRA.

En Mérida, según INRA, la XEFCSM-AM 680 KHz “Radio María” y concesión entregada por el IFT a la organización civil “Fundación Cultural para la Sociedad Mexicana A.C.”, con 2,500 watts de potencia, es la emisora número 18 de 29 con más escuchas en la plaza; su rating se queda treinta veces lejos de “La Nueva Candela” como líder del cuadrante meridano, pero es mayor al de otras once radios comerciales y públicas, como Radio Universidad. En el otro extremo de la República, en Ciudad Juárez, añade INRA, la XEWR-AM 1110 KHz “Cristo Rey”, tiene un público neto diario de 700 personas. 

Estos son ejemplos de que México también existe interés de las audiencias por escuchar contenidos divulgados por asociaciones religiosas y ellas se niegan a quedarse sin su entrada a esos medios, pues el IFT ya ha recuperado señales de espectro y equipos operados ilegalmente por personas relacionadas con esas organizaciones, como ocurrió con la 96.5 FM de Ecatepec que en 2016 transmitió programación religiosa sin permiso

La Secretaría de Gobernación ha esbozado que existen 24 procedimientos legales por la transmisión ilegal de contenidos religiosos en medios electrónicos.

El Economista buscó la postura de diferentes grupos religiosos para nutrir este trabajo, pero hasta la publicación del mismo no hubo respuesta de ellos.

Karina Martínez, especialista en temas legales, coincide con Ana Lilia Moreno en que es legítimo que las religiones busquen entrar a los medios electrónicos, pero el momento histórico no parece ser el idóneo:

“Un Estado laico es aquel bajo el cual se permite la libertad de expresión y esto incluye la expresión religiosa, entonces sería válido que se abra la libertad para las concesiones religiosas, ¿pero cómo debe hacerse? El cambio para su ingreso tendría que ser constitucional y hoy no sería una prioridad en la agenda legislativa, pero con la mayoría de Morena y una intención del presidente, se podría generar una velocidad inusitada para este cambio”, expone Ana Lilia Moreno, experta en competencia económica.

“Un Estado laico favorece la pluralidad y la equidad, y más allá de los procesos de reforma a la Constitución y leyes secundarias para permitir que las asociaciones religiosas puedan obtener concesiones de radio, TV o telecomunicaciones, el verdadero problema está en que nuestro presidente ha manifestado abiertamente su inclinación hacia la pluralidad, pero aquí se inclina por impulsar una reforma con la que estaría entrando en contradicción”, dice Karina Martínez, consultora independiente.