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¡Maldita tecnología!

El celular, la portátil y otras herramientas tecnológicas que siempre traes contigo te ayudan a resolver tu trabajo de forma más eficiente. Pero también son un grillete a la oficina.

El uso de teléfonos celulares y computadoras portátiles, que resuelven los problemas de comunicación entre los ejecutivos y sus superiores, también tiene su lado negativo: genera problemas de estrés en los usuarios.

De acuerdo con Fidel de la Garza Gutiérrez, médico psiquiatra y autor de varios libros sobre estrés y depresión, tanto empresarios, como ejecutivos y trabajadores en general, no pueden "desconectarse" del ámbito laboral, ya que han acostumbrado a sus jefes a estar localizables todo el tiempo.

Así, el especialista afirmó que el uso de teléfono móvil y laptops, pasó de ser una herramienta útil a un elemento perturbador para el descanso y la relajación.

Como ejemplo citó que antes, cuando un directivo salía de viaje, aprovechaba el tiempo de espera en la sala de abordar para descansar, relajarse o leer un libro. Pero actualmente, con la existencia del internet inalámbrico, lo utilizan para conectarse y buscar información, dejar instrucciones o programar encuentros para su regreso, detalló.

"Estamos ante un escenario donde las personas pierden con facilidad su individualidad, aumentando así su estrés", aseguró.

Al respecto, De la Garza detectó que una de las prácticas que más provocan el estrés en los ejecutivos es ocupar las horas que normalmente se utilizarían en el descanso, la distracción y la socialización, para otras actividades relacionadas con lo laboral.

Por ejemplo, dijo, la hora del desayuno, la comida y la cena, eran tiempos estrictamente definidos para el consumo de alimentos, ahora, estos espacios son también parte de la agenda de los empresarios o ejecutivos.

"Las invitaciones para encuentros en horas de alimentos son en realidad para cerrar negocios", explicó.

Ante ello, advirtió que el abuso de las prácticas descritas, no sólo aumenta el estrés, sino que causa problemas como depresión, divorcios, ruptura familiar u otras afectaciones severas a la salud como infartos o hipertensión.

lcontreras@eleconomista.com.mx

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