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Biarritz, un negocio con buen sazón
El merendero Biarritz, abrió sus puertas oficialmente en 1956 en la colonia Doctores, y se convirtió en punto de encuentro de diversas personalidades, desde toreros, periodistas, artistas, hasta funcionarios públicos.
Un gran gusto por la cocina mexicana y la satisfacción de ver a los clientes complacidos con el sazón, fueron las razones que impulsaron a Esther Rosales a abrir el restaurante Biarritz durante los años cincuentas. Hoy, se ha convertido en uno de los de mayor tradición en la ciudad de México.
El merendero Biarritz, abrió sus puertas oficialmente en 1956 en la colonia Doctores, y se convirtió en punto de encuentro de diversas personalidades, desde toreros, periodistas, artistas, hasta funcionarios públicos, entre los que destacan: Luis Procuna, Héctor Lechuga, María Victoria, Amalia Mendoza, (la Tariácuri) , Jacobo Zabludovsky, así como senadores y gobernadores de estados de los años sesentas y setentas.
Asimismo, el lugar ha sido objeto de inspiración para hacer artículos que han sido escritos por diferentes periodistas y cronistas de ciudad quienes conocen la trayectoria de ese lugar.
Indianilla de antaño
Esther Rosales, platicó que antes de abrir el restaurante, trabajó como empleada de un local que ofrecía cenas y meriendas en una zona conocida como Indianilla.
“Era como un pequeño Garibaldi, ahí había mucha actividad nocturna, con cancioneros y gente que paseaba por el lugar, y yo cocinaba y atendía a los clientes”.
Señaló que con el tiempo, se enamoró del hijo del propietario del local y juntos decidieron abrir su propio negocio, así fue como se establecieron en la colonia Doctores, a donde los siguieron muchos clientes y asistieron otros más, atraídos por el buen sazón de doña Esther.
El nombre del merendero fue creación de su esposo, en alusión a una ciudad cosmopolita y glamourosa, ubicada al suroeste de Francia.
Doña Esther nunca imaginó que el restaurante, en el que actualmente trabajan sus hijos y nueras, se convertiría en su proyecto de vida y que generara fuentes de empleo y de ingresos.
Reconoce además que ha tenido ofertas para franquiciar su negocio, pero las ha rechazado por temor a crecer demasiado y no poner administrar adecuadamente y poner en riesgo la armonía de su familia.
Buen provecho
Bajo la consigna de: para que todos tus días tengan noches buenas, el Biarritz, abre sus puertas diariamente por la tarde, para ofrecer diversos sus platillos tradicionales, algunos preparados por doña Esther, quien coordina a sus auxiliares, “para que todo esté en orden”.
Los caldos de gallina, tamales, atoles, tortas de jamón, de pierna horneada y milanesa, panqués, cafés, aguas de jamaica y demás antojitos mexicanos, son la delicia de los clientes que por tres generaciones han acudido al lugar.
“Tengo la suerte de conocer a tres generaciones de gente que ha venido a comer al Biarritz, algunos ya murieron y otros ya son abuelos, y los niños que venían ya son padres, eso es muy grato para mi, especialmente porque vienen a comer lo que les gusta de aquí”, dijo.
La empresaria agregó que el secreto de su éxito es el sazón que le imprime de manera personal en cada platillo y la calidad de la atención al cliente, “yo siempre meto las manos a la cocina y somos muy amables con los clientes, si algo no les gusta, lo mejoramos, para que estén a gusto”.
Aconsejó a los emprendedores que están por abrir un negocio, que tengan paciencia y permanezcan all pié del cañón y trabajen duro, "porque Roma no se hizo en un día”.
scolon@eleconomista.com.mx