Desde el momento en que se conocieron los detalles de la reforma fiscal de Estados Unidos (EU), especialsitas y organismos privados han puesto sobre la mesa la necesidad de encontrar la manera de contrarrestar dichos cambios.

Este lunes, el fiscalista Herbert Bettinger, socio fundador de Bettinger Asesores, consideró que la única forma en que México puede hacerle para seguir siendo competitivo sin afectar las finanzas públicas es generalizando el Impuesto al Valor Agregado (IVA) y eliminando 10% que se cobra sobre dividendos a las empresas. “La única salida que tenemos es el IVA generalizado; existen alrededor de 120 millones de mexicanos que comen, eso quiere decir que hay consumo (...) con el IVA generalizado podríamos recaudar 3 puntos del Producto Interno Bruto (PIB)”, dijo al presentar el análisis “México, su desequilibrio ante la reforma fiscal de EU”.

Aclaró que en caso de que se llegara a cobrar el IVA en alimentos y medicinas debe ir acompañado de una exención en productos que pertenecen a la canasta básica, esto con el fin de no afectar a las familias más vulnerables.

“Los alimentos de primera necesidad, como el arroz y el frijol, deben estar exentos de este impuesto sin importar el nivel socioeconómico de las familias, pero en los demás alimentos se debe pagar un IVA máximo de 4%, con ello podríamos recaudar más y se tendría margen para reducir el Impuesto Sobre la Renta (ISR)”.

Reconoció que si bien es políticamente complicado generalizar el IVA, es un cambio que el país necesita para mantenerse competitivo y a la vanguardia.

Sentenció que, independientemente de quién gane las elecciones presidenciales el próximo julio, se debe eliminar la tasa cero a alimentos y medicinas.

“Sea quien sea el ganador, los partidos ya deben estar trabajando en esto; conozco a uno que ya está trabajando, los otros dos no sé, pero deben dejar claro cómo lo van a hacer y ser congruentes (...) las cifras no nos dan si seguimos con el esquema actual”, aclaró.

Los productos a tasa cero son un subsidio y ello implica que se abran empresas o fábricas en el extranjero en vez de que el dinero se quede en México, expuso.

“No podemos seguir viviendo con eso (...) El IVA generalizado ha sido una batalla política y mediática. La primera batalla fue convencer al PRI de que quitara ese candado hace siete años (...) si queremos ser un país de vanguardia, tenemos que ser congruentes, no es posible que no se cobre impuesto sobre un helado o el chorizo”.

REDUCIR ISR A PERSONAS FÍSICAS Y MORALES

Bettinger mencionó que con la generalización del IVA, el gobierno tendría más espacio para reducir el ISR y propuso que a las empresas se les cobre 25 y 28% a las personas físicas.

“Actualmente, la tasa compuesta (federal y local) es de 25% en EU, Hacienda dice que en México es de 27% y el promedio de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos se ubica en 22.82%, es decir, estamos muy altos”, explicó el fiscalista.

“Si no se hace algo, no vamos a tener más inversión, lo más probable es que migren porque allá hay seguridad, estabilidad fiscal y financiera (...) Nos podemos quedar como un país estancado y para tener más inversión debemos tener la posibilidad de ser un país abierto”, advirtió.

Actualmente, 22% de los ingresos del gobierno federal provienen de la recaudación empresarial, 21.6% de personas físicas, 14% de las contribuciones de seguridad social, 1.8% del predial y 40% lo representa el consumo (IVA e IEPS), pero como se devuelve este cobro, el gobierno se queda con 18 por ciento.

DIVIDENDOS A TASA CERO

El fiscalista aseguró que uno de los mayores daños que se están teniendo en materia fiscal hacia  las empresas es  el  10% que se cobra a dividendos, por lo que sugirió que se maneje de manera diferente para que no sea un costo latente para las firmas.

“Ese 10% es un costo muy alto para las empresas, es un problema que encarece la oportunidad de la inversión. Mientras que el gobierno no piense en un esquema de bajar las tasas impositivas y un aliento a la Participación de los Trabajadores en las Utilidades (PTU), estamos fuera de foco (...) En el PTU se requiere una reingeniería y hacerlo más atractivo”.

En su momento, Manuel Rico, socio de impuestos corporativos de KPMG en México, explicó que una vez que se paga 10% de los dividendos, también se paga la tasa efectiva de 35%, es decir, se está pagando 45% de impuestos, “lo cual para un inversionista puede ser poco atractivo, tomando encuesta que en EU le van a cobrar 21 por ciento”.

Bettinger destacó que el siguiente gobierno debe tener muy claro el contexto en que se hará una reforma fiscal: corrupción, transparencia y con casi 60% de la población en la informalidad.

OTRAS PROPUESTAS

Estas propuestas son similares a las que han hecho diversos grupos del sector empresarial, en el que también han solicitado al gobierno federal que se quiten los límites de deducciones en prestaciones laborales y a las inversiones inmediatas como materiales y equipos.

Entre los organismos que han presentado sus propuestas a la Secretaría de Hacienda está el Centro de Estudios Económmicos del Sector Privado, que reconoció que “ en principio en México no existe ningún espacio fiscal para reducir los impuestos, sólo a costa de un déficit público mayor”.

El organismo que preside Luis Foncerrada argumentó que “más allá de una modificación a las tasas impositivas, los ajustes deben centrarse en la calidad recaudatoria y en la asignación eficente de los recursos”.

Por su parte, el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas y el Instituto Mexicano de Contadores Públicos coinciden en reducir el ISR, generalizar el IVA, e incluso reducir este gravamen de 16 a 15 por ciento.

El IMEF también propuso exentar del ISR las utilidades que se obtengan de la venta de activos, siempre y cuando esos recursos se reinviertan en la compañía para adquirir más activos productivos.

En diversas ocasiones, la SHCP ha indicado que todavía se encuentra analizando el impacto que podría generar la reforma fiscal estadounidense y si habría realmente espacio para reducir el ISR, pues dicho impuesto ha sido una especie de salvavidas para los ingresos presupuestarios ante la caída de los ingresos petroleros.