En México las mujeres tienen mayores retos para crear, mantener y crecer una empresa. Hay menos mujeres emprendedoras que hombres y las empresas creadas por mujeres, en su mayoría, tienen menores ganancias.

Las mujeres son minoría en el sector de dirección empresarial. En el país la cuota de mujeres que trabajan por cuenta propia es de 21.0% (mayoritariamente en el sector informal) y la cuota de mujeres que tienen a su cargo a otros empleados es de apenas el 2.3%, según cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Hay múltiples factores que influyen de manera negativa en el emprendimiento femenino. Los más importantes refieren a las motivaciones de las mujeres que abren un negocio, al acceso a educación, la disponibilidad de recursos financieros y económicos y a los estigmas que persisten en la sociedad, asegura la OCDE en un estudio acerca de las brechas de género.

Las motivaciones

En el país, la mayoría de las emprendedoras operan bajo la informalidad, el 60% de estos negocios informales de mujeres fue creado por necesidad y no de manera voluntaria, en contraparte con los hombres cuya proporción baja hasta 48 por ciento. Esta situación representa uno de los primeros obstáculos para hacerlo crecer: la única motivación de las dueñas fue el no tener otra opción.

Otra de las barreras que impiden el desarrollo de las empresas de mujeres es el bajo nivel educativo. En México sólo 15 de cada 100 emprendedoras terminó sus estudios superiores, mientras que para los hombres la cifra incrementa a 21 de cada 100.

Específicamente en el campo empresarial, México tiene uno de los niveles más bajos de acceso a capacitaciones y créditos para emprendedoras de todos los países miembros. Sólo 17.2% de las mujeres aseguran que tendrían acceso a créditos para iniciar un negocio si lo necesitaran y 16.5% tendría acceso a capacitaciones para emprendedoras. Incluso Chile registra mejores resultados: 18 y 29% respectivamente.

El acceso a recursos

Las disparidades en términos de accesibilidad y ejercicio efectivo de elementos financieros limitan significativamente el emprendimiento de las mujeres. La población femenina que solicitó dinero prestado para iniciar su empresa es apenas el 3.9%, en contraparte el 4.8% de los hombres lo hizo.

En México al menos 39 de cada 100 hombres tienen una cuenta en un banco o alguna otra institución financiera, mientras que de las mujeres sólo 32 de cada 100 poseen una.

Las mujeres que trabajan por cuenta propia, además, registran jornadas laborales significativamente menores que las de los hombres en la misma situación, mientras las emprendedoras trabajan en promedio 30 horas a la semana, los emprendedores alcanzan jornadas semanales de casi 50 horas. La OCDE sugiere que esto se debe en gran parte porque el trabajo doméstico recae mayoritariamente en las mujeres, lo que les impide dedicar más tiempo a sus empresas.

Los factores culturales

De acuerdo con la OCDE, otra de las limitaciones que tienen las mujeres son los estigmas culturales que prevalecen en el país, muchas de las empresas de mujeres tienen un menor posicionamiento en el mercado en comparación con las de los hombres.

Las emprendedoras son además más propensas a afirmar que el miedo al fracaso les impide tomar riesgos para sus empresas. Más de la mitad de las mujeres asegura que no abriría un negocio por temor a que no sea exitoso, según cifras de la OCDE.

Las expectativas sobre sus empresas también influyen en el éxito de las mismas. En México sólo 30 de cada 100 emprendedoras se muestra optimista en cuanto al futuro de su negocio mientras que la proporción para los hombres es de 45 de cada 100.

Las recomendaciones

Desde la política pública se deben implementar programas que incentiven desde la edad académica hasta la laboral a las mujeres, la OCDE señala que es crucial poner atención en el acceso igualitario a los servicios financieros y los subsidios o apoyos gubernamentales para la población que busca emprender un proyecto.

Otro factor clave es mejorar la competitividad del mercado, de modo que todas las empresas tengan las mismas oportunidades de crecer.

Impulsar el emprendimiento femenino no sólo significa avanzar en materia de género, también es un motor para aumentar la productividad laboral agregada y a su vez contribuir al crecimiento económico.