Los efectos sociales del fracaso de las políticas económicas en México son visibles e innegables. El incremento de la pobreza, el aumento de la economía informal, la falta de más empleos y mejor remunerados, la inseguridad que se percibe en todos lados y el incremento de las actividades del crimen organizado son sólo algunos de los efectos más visibles y que más afectan a nuestra sociedad mexicana.

El origen de esta descomposición social es el modelo económico del país. Y no hablo de la economía mexicana en general, pues la capacidad económica de la nación y el mercado interno son fuertes y podrían impulsar el crecimiento.

Lo que nos hace no crecer económicamente y, por lo tanto, no plasmar ese crecimiento en beneficios para la población son las decisiones económicas y políticas que se toman en los distintos niveles de gobierno.

Y para muestra basta un botón. La falta de reforma laboral lleva a que las personas no puedan tener un empleo digno y con buena paga. La forma de resolver las necesidades económicas de su familia, muchas veces se encuentra en actividades ilícitas y el crimen organizado.

La falta de una reforma fiscal permite que se siga concentrando el cobro de impuestos en las mismas personas.

Los contribuyentes cautivos pagamos más impuestos mientras las grandes empresas no lo hacen porque cada vez tienen mayores deducciones. Esto lleva a que un gran número de personas decida no registrar sus actividades productivas ante la Secretaría de Hacienda, haciendo cada vez mayor a la economía informal.

Una verdadera política de lucha contra la pobreza no ha existido nunca y dudo que exista en el futuro.

El discurso demagógico nos lleva a políticas populistas que no resuelven el problema estructural de la pobreza ni de la distribución del ingreso. Sólo llevan a políticas asistencialistas con fines electorales que otorgan dádivas a los que menos tienen.

Y todo el desorden económico lo capitalizan los otros grupos de poder, que son el crimen organizado y el narcotráfico.

Aprovechando la imposibilidad gubernamental de sostener económicamente al país y de la inmovilidad de la Iniciativa Privada, estos grupos de poder tratan de responder a las necesidades económicas de la sociedad con violencia, muerte y hasta terrorismo.

La solución de este fracaso económico está en la sociedad. El verdadero cambio no lo harán los políticos ni los empresarios. Lo haremos nosotros, la gente común y corriente con un cambio en nuestra actitud y en nuestro trabajo.

Si cambiamos la forma de relacionarnos entre todos y la forma en que hacemos las cosas, podremos, en un momento dado, mejorar el modelo económico en este país.

*El doctor Eduardo Carbajal es director de la Escuela de Negocios y Humanidades del Tecnológico de Monterrey, campus Toluca. [email protected]