El gobierno de Enrique Peña Nieto deja las finanzas públicas en la mayor condición de fragilidad, en al menos cuatro administraciones, aseguró Francisco Lelo de Larrea Padilla, subdirector de Investigación del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP).

Esta fragilidad es un factor de riesgo si se asume que los tres candidatos punteros a la presidencia cuentan entre sus planteamientos, con programas que pretenden generar más gasto, esgrimió.

Durante su ponencia en el 3er Congreso de Economía del Tecnológico de Monterrey, detalló que, de prosperar los planteamientos de pensión universal que propone el candidato del PAN, los programas de becas de Morena y la creación del registro único de necesidades del PRI, dejarían en peores condiciones a las finanzas públicas.

Este diagnóstico de vulnerabilidad fiscal fue identificado por los cinco miembros de la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico), tal como lo relata la Minuta 58, divulgada donde enfatizan que “el ajuste se ha dado basado en reducciones de inversión pública”.

El funcionario del CEESP recuerda que, cuando Enrique Peña Nieto llegó a la Presidencia, el dólar se encontraba en 13 pesos y ahora prevé que cerrará por arriba de 19.60 pesos por unidad.

Consigna que la deuda pública se incrementó 80% en la gestión de EPN, lo que también deja en importante desventaja el arranque de la nueva administración, porque tienen que destinar recursos del presupuesto al pago de obligaciones heredadas, en un contexto de mayores tasas y un dólar más fuerte.

RECURSOS EXTRAORDINARIOS Y DEUDA SE GASTARON

El subdirector del CEESP lamentó ante estudiantes que en esta administración el gobierno contó con recursos extraordinarios, resultado del traspaso del remanente de operación del Banxico y de los generados por la reforma tributaria y, lejos de invertirlos, los utilizó para fondear el gasto público.

Aseveró que con la reforma tributaria se quitó dinero a los trabajadores y empresarios y los recursos no fueron aprovechados en inversión.

Citó los datos recientes de las finanzas públicas para evidenciar que los niveles de inversión del gobierno son más bajos desde 1940.

Demostró que, en inversión física, el gobierno “simplemente dejo de invertir y ésta se cayó desde el año 2015”. Evidenció que la mayor caída se observó el año pasado.

Puntualizó que, aun cuando este comportamiento explica el mínimo desempeño del Producto Interno Bruto (PIB), “no corresponde al histórico flujo de ingresos extraordinarios que tuvo el gobierno desde el 2015, ni al endeudamiento en que ha incurrido desde el 2010”.

SUPERÁVIT NO EVITÓ FRAGILIDAD

Así, pese a contar con su superávit primario, resultado de la aplicación de ingresos no recurrentes, como fue el remanente de operación del banco central o los que resultan de la reforma tributaria del 2013, consigna que el panorama es de incertidumbre.

El contexto mundial motivará una volatilidad del dólar y un endurecimiento de las condiciones financieras, factores que también juegan en contra de las finanzas públicas de México.

Explicó que el déficit de cuenta corriente depende de forma importante del flujo de Inversión Extranjera Directa (IED) y ésta se ha dirigido a proyectos energéticos principalmente y como resultado de la reforma energética.

Si el candidato puntero en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador, consigue revertir la reforma energética, esta inversión desaparecerá y tendremos un problema en la cuenta corriente, advirtió.

Información del Banxico muestra que el déficit de la cuenta corriente del 2017 ascendió a 18,831 millones de dólares, lo que representó 1.6% del PIB.

Consigna que la IED que fluyó al país el año pasado ascendió a 24,612 millones de dólares.

Según el funcionario del CEESP, el mayor flujo de IED se dirige a los proyectos energéticos.

CRECIMIENTO ACOTADO POR INVERSIÓN

El funcionario del CEESP mostró que México completó 32 trimestres en crecimiento positivo y que es uno de los periodos más largos de expansión que ha vivido la economía.

Esgrimió que la parte central de este desempeño es el sector industrial y el mercado doméstico.

Pese a contar con la expansión más larga, se observa una importante desaceleración desde el 2016, resultado de la baja inversión pública, lo que no ha contribuido al desarrollo de infraestructura, expansión de empleos y crecimiento sostenido.

Admitió que la economía ha generado unos 300,000 empleos y estima que, más o menos, la mitad corresponde a nuevas plazas. El resto tiene que ver con la regularización de empleos informales, resultado de una acción más efectiva del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Pero incluso los nuevos empleos están en riesgo en la eventualidad de que se reduzca la inversión, por incertidumbre o por el desaliento resultado de un cambio en las políticas públicas.

ymorales@eleconomista.com.mx