Donald Trump fue muy claro al lanzar su campaña por la presidencia de Estados Unidos; el magnate dedicó parte de sus esfuerzos a criticar la relación que han tenido con México, no sólo en el ámbito económico sino que las críticas abarcaron diferentes temas, el más mediatizado fue la construcción de un muro fronterizo entre ambas naciones. Aunque México no fue el único país al que atacó, sí fue el centro de los ataques. La historia se desenvolvió de manera inusitada para unas elecciones presidenciales, pero al final el republicano se proclamó vencedor y asumió el cargo el 20 de enero pasado.

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Su victoria desató una serie de preguntas sobre la ruta que la administración de Trump tomaría y las posibles repercusiones, de corto y largo plazo, que se podrían suscitar tras la implementación de las políticas que tomaría Estados Unidos.

Tal como lo prometió en campaña, a los pocos días de tomar posesión el Presidente número 45 de Estados Unidos anunció que había firmado una orden ejecutiva que sacaba definitivamente a Estado Unidos del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP por sus siglas en inglés), un acuerdo comercial que involucraba a 11 países limítrofes de la cuenca del pacífico.

El gobierno mexicano ha querido convencer a sus contrapartes estadounidenses de que nuestro país es un aliado estratégico y que la ruptura de los vínculos económicos sería destructivo bilateralmente. Sin embargo, pese a los esfuerzos hechos, el desajuste que se puede dar por las políticas que pretende encausar Trump entre los dos países deja claro que México tiene más que perder si la relación se agrava.

Para México el mayor golpe podría venir del comercio que tiene con Estados Unidos, según un estudio sobre en cuánto pueden afectar las políticas de Trump del EIU la división de investigación y análisis del periódico británico The Economist. En México, Estados Unidos encuentra uno de los socios comerciales más importantes, quedando en segundo lugar después de Canadá en la porción de las exportaciones estadounidenses (15.9% del total en 2016), y segundo con China en la participación de las importaciones estadounidenses (13.2%).

Según The Economist el 80% de las exportaciones mexicanas llegan al vecino país del norte (302,700 millones de dólares en el 2016). México ha tenido ese mismo destino en la gran mayoría de sus exportaciones desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994. La mitad de las importaciones que recibe México provienen de Estados Unidos (179,600 millones de dólares). Esta situación genera un gran déficit comercial con México. Los sectores manufactureros de donde se origina principalmente esta diferencia son tres: automóviles, electrónica y maquinaria.

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El déficit comercial de Estados Unidos con México se situó en 65,900millones de dólares en el 2016. El sector automotriz es el que registró el mayor déficit de alcanzando los 53,800 millones de dólares, seguido por la electrónica (21,300 millones de dólares) y maquinaria (9,300 millones de dólares), según los datos del estudio de The Economist.

Por lo tanto no es casualidad el que Trump haya encauzado sus discursos y amenazas hacia el sector automotriz. Antes de que Trump asumiera la presidencia, Ford anunció la cancelación de una planta en San Luis Potosí y que invertiría parte de la inversión de los 1,600 millones de dólares que tenía presupuestados para su gasto en suelo mexicano en su planta de Michigan. La decisión de Ford hizo que se iniciara una lucha de declaraciones; por un lado el entonces presidente electo, asumió la posición de vencedor, incluso antes de estar detrás del escritorio de la oficina oval, y continuó con amenazas a otras compañías para lograr que tomen rutas similares a la tomada por la marca del óvalo azul y trasladen sus plantas a suelo estadounidense.

Por otro lado, las compañías automotrices dijeron que no se dejarían amedrentar por el magnate. Esto llevó al mandatario a amenazar al sector con un impuesto de importación del 35 por ciento. Aunque la publicación inglesa espera que la inversión extranjera directa en México disminuya en el corto plazo por el miedo a las repercusiones de las amenazas, es poco probable que las ventajas competitivas de México como destino de la producción basada en la exportación se vean gravemente afectadas en el mediano y largo plazo.

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Los sectores en los que México tuvo sus mayores déficits con Estados Unidos en 2016 incluyeron plásticos (11,400 millones de dólares) y combustibles (11,300 millones de dólares). Pero incluso en los sectores donde México registró sus mayores superávits comerciales con Estados Unidos, hubo un importante componente de importación estadounidense: más de 20,000 millones de dólares en vehículos y más de 40,000 millones de dólares en electrónica y maquinaria en el 2016.

Trump ha afirmado en innumerables ocasiones que el comercio mundial se está aprovechando de Estados Unidos, sobretodo países como México que según el mandatario han sacado enormes dividendos de la injusta relación. Este sentimiento se reproduce de manera similar con China con quién México tiene un déficit comercial desproporcionadamente grande. Pero en la práctica, México es un importador neto de productos electrónicos y maquinaria, a pesar de tener grandes excedentes comerciales con Estados Unidos en esos sectores.

Para tratar de regular estas diferencias comerciales Estados Unidos tiene numerosos mecanismos legales que pueden utilizar para imponer barreras comerciales a través de órdenes ejecutivas, aunque éstas irían en contra de las reglas del TLCAN y de la Organización Mundial del Comercio (OMC), pero que impondrían barreras temporales a las exportaciones. En cualquier caso aplicar estas cláusulas sería el resultado de una formulación vaga de la redacción en la legislación sobre el tipo de amenaza a la seguridad nacional que justificaría el uso de barreras comerciales y también sobre las barreras que podrían aplicarse a países que no son la causa directa de la amenaza.

Según The Economist serían principalmente serían cinco leyes:

  • La Trading With the Enemy Act (TWEA) of 1917 , que permite al ejecutivo restringir el comercio durante las "emergencias nacionales", aunque posteriormente fue modificado en 1976 para ser aplicable sólo "en tiempo de guerra". Esta ley permite al gobierno apoderarse y congelar bienes. Esta ley se ha usado para reforzar el embargo a Cuba.
  • La International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) of 1977 , que tiene un alcance más amplio, ya que puede ser invocado en el contexto de una "amenaza inusual y extraordinaria". A diferencia de la TWEA, sólo puede utilizarse para congelar activos de propiedad extranjera, pero no para aprovecharlos. Se ha invocado para imponer sanciones a ciertos países (como Nicaragua y Panamá), lo que podría sentar un precedente para su uso futuro.
  • La Trade Expansion Act of 1962 que permite imponer barreras a las importaciones que puedan afectar la seguridad nacional.
  • La Trade Act of 1972 que puede establecer obstáculos al comercio con uno o más países con los que Estados Unidos tenga "grandes y graves déficit de balanza de pagos". Estas barreras incluyen aranceles de importación del 15%, cuotas o una combinación de los dos por hasta 150 días.
  • La Trade Act of 1974 que permite acciones de represalia contra países que emprenden prácticas comerciales discriminatorias o irrazonables contra Estados Unidos. Tales prácticas incluirían no sólo las barreras comerciales, sino también la manipulación del tipo de cambio.

Por otro lado, The Economist analizó la legalidad del impuesto de ajuste de fronteras (BAT), propuesto por Trump y que supondría un aumento del 20% a las importaciones provenientes de nuestro país. La unidad de investigaciones encontró que la posible aplicación es dudosa y podría enfrentar un desafío de la OMC.

Este impuesto no es una propuesta del gobierno de Trump, sino un componente de una reforma tributaria apoyada por el Partido Republicano que busca reemplazar el impuesto sobre la renta de las empresas por un denominado impuesto al flujo de caja basado en el destino (DBCFT). El problema es que esto impondría los flujos de efectivo (como las ventas en el país) en lugar de los beneficios, según el análisis de The Economist.

Trump podría intentar aplicar medidas proteccionistas a través de órdenes ejecutivas, sólo para verlas revocadas en tribunales internacionales como la OMC, donde México tiene amplia historia de ganar disputas comerciales. The Economist además señala que dependiendo del nivel de las medidas proteccionistas planteadas, México podría infligir importantes daños a los sectores vitales de exportación de Estados Unidos, como la agricultura, que apoyan a Trump y al Partido Republicano, aunque advierten que desafiar las barreras comerciales de Estados Unidos podría resultar en que la administración Trump luchara y ampliara las medidas proteccionistas, llevando a una "guerra comercial" total.

En cuestión de remesas, México es el receptor más grande del mundo, por lo que Trump ha amenazado de gravarlas con impuestos. Pero las remesas suman poco al PIB mexicano, el año pasado sumaron 26,970 millones de dólares, 2.5% del PIB 2016 según el Banco de México (Banxico) y en el 2015 fueron de 24,800 millones de dólares, lo que representó el 2.1% del PIB del país en el 2015, menos de la mitad de lo que representa para otros países centroamericanos o del caribe.

El impacto del impuesto del 35% a las remesas, según The Economist, sería insignificante para la economía mexicana, por varias razones. La principal sería la debilidad del peso frente al dólar que desde el 2014 ha representado un incremento del 60.2% del valor de la moneda norteamericana. Otras razones pasan por los métodos de envío, que generalmente son por canales más difíciles de fiscalizar. La propuesta de esta medida en la administración de Trump busca obtener fondos para la construcción de su muro fronterizo, un esfuerzo irrelevante que se presenta como la manifestación más simbólica de la animosidad de Trump hacia México.

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Se ha reportado que en los últimos años ha disminuido la cantidad de migrantes indocumentados a Estados Unidos, lo que nulifica los argumentos exagerados de Trump sobre inmigración descontrolada y deja al descubierto una propuesta poco efectiva que ni siquiera prevendría la importación de Drogas al norte ni de armas al sur.

El costo de la muralla de 1,609 kilómetros de largo por 12 metros de alto, que propone Trump, podría superar los 33,600 millones de dólares, según estimaciones hechas por la publicación científica del MIT, el MIT Review. Fallar en una estrategia de financiamiento, ya sea que México pague el muro u obtener los fondos de gravámenes adicionales podría significar un duro impacto político para la administración de Trump. Trump ya recibió negativas por parte del gobierno mexicano de financiar la edificación de la obra y existe una inviabilidad importante para sus otras propuestas de financiamiento.

ruy.rebolledo@eleconomista.mx