El conjunto de productos imprescindibles para que un mexicano cubra sus necesidades alimentarias mínimas se conoce como canasta alimentaria. El costo de esta cesta de alimentos ha aumentado 459.79 pesos en 10 años para las zonas rurales y 641.90 pesos para las regiones urbanas del país.

La canasta no alimentaria comprende todos los bienes y servicios (no alimentarios) necesarios para que las personas disfruten de una vida digna y salubre. En esta cesta se contemplan gastos de transporte público, productos de limpieza personal y del hogar, educación, cultura y recreación, comunicaciones, vivienda, vestido y calzado, servicios de salud y mantenimiento del hogar. El incremento de esta canasta ha sido de 389.98 pesos de 2008 a 2018 para las zonas rurales y de 342.22 pesos en las urbanas.

A partir del 2008, el Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) informó el cambio metodológico en la medición de la pobreza en México, se cambiaría de una perspectiva de ingresos hacia una perspectiva multidimensional, pero ¿qué significa que la pobreza se mida desde más de una dimensión?

El argumento es que la variable aislada del ingreso percibido por una persona no es suficiente para determinar si es pobre o no. Se integraron a la ecuación un conjunto de variables (seis, que se catalogan como “carencias”) relacionadas con los derechos sociales de las personas, que permiten tener una óptica de todos los factores posibles que vulneran la dignidad de las personas y que impiden la satisfacción de sus necesidades primordiales y que hacen imposible su integración en la sociedad.

¿Cuáles son los resultados en materia de pobreza extrema?

Bajo esta perspectiva, la canasta alimentaria se convierte sólo en una de las 6 carencias que una persona puede presentar para identificarse como pobre. Las personas que no tienen la capacidad de cubrir sus necesidades alimentarias aun destinando todo su ingreso a ello pertenecen a la categoría de pobreza alimentaria. Las personas en esta situación automáticamente se convierten en pobres extremos debido a que su condición les imposibilita consumir los nutrientes necesarios para tener una vida sana.

De acuerdo con el Coneval los alimentos necesarios para el bienestar en las comunidades rurales son maíz en tortilla y en grano, galletas y pan, arroz, carne de res, pollo y pescado, queso fresco, huevo, aceite, papa, cebolla, chile, jitomate, frijol, limón, manzana, naranja, plátano, azúcar, agua y refresco.

Para las regiones urbanas la canasta alimentaria contempla tortillas de maíz, pasta, pan, arroz, cereal, carne de res, carne de cerdo, carnes procesadas, pollo, pescado, leche, queso, yogur, huevo, aceite, papa, cebolla, chile, jitomate, frijol, limón, manzana, naranja, plátano, azúcar, pollo, jugos, refrescos y agua.

A escala nacional ha incrementado el porcentaje de la población que no puede cubrir sus necesidades básicas de nutrientes. En 2008 se registró que 3 de cada 10 mexicanos tienen ingresos inferiores a los necesarios para adquirir la canasta de alimentos. La cifra para 2018 aumentó a 4 por cada 10.

Las cinco carencias restantes son la educación, los servicios de salud, seguridad social, calidad y espacios de vivienda y servicios públicos básicos. Toda persona que tiene al menos una de estas carencias y que además perciba ingresos inferiores al costo de las canastas alimentaria y no alimentaria se considera pobre.

En agosto del 2018 la canasta alimentaria en zonas urbanas cuesta 1,516.62 pesos y la no alimentaria 1,484.54 que suman 3,001.17 pesos. En las zonas rurales la cesta de alimentos básicos tiene un precio de 1,073.69 pesos y la no alimentaria 867.32, que suman un ingreso básico necesario de 1,941.01 pesos.

Todo habitante de esas regiones que no perciba mensualmente dicha cantidad y que además tenga incapacidad para acceder a tres o más carencias se agregará a la porción de pobres extremos en México.

En las comunidades rurales 9 de cada 10 personas registran de una a dos carencias (está en pobreza) y 4 de cada 10 presentan tres o más carencias (está en pobreza extrema), de acuerdo con la última cifra registrada por el Coneval (2016). Las regiones urbanas del país tienen menores grados de pobreza en relación con las rurales, 6 de cada 10 habitantes presentan de una a dos carencias y 1 de cada 10 tiene tres o más.

Pequeños pasos reducen carencias

Las carencias se presentan de manera distinta entre regiones urbanas y rurales, la pobreza se profundiza en las comunidades más pequeñas no sólo por menores ingresos sino por una mayor presencia de carencias. Pese a ello, a escala nacional se han logrado algunos avances en materia de pobreza.

En las comunidades rurales el 36.3% de la población registró rezago educativo en 2008 y para el 2016 la porción fue de 29.1 por ciento. Las personas que no tenían acceso a seguridad social representaban el 86.2% del total de habitantes rurales en 2008 cifra que se redujo a 77.1% en el 2016. 

Durante el 2008 al menos 6 de cada 10 personas no tenían servicios como drenaje, electricidad, gas o agua y en 2016 la razón mejoró a 5 por cada 10 en las zonas rurales. En donde se presentó el mayor avance fue en los servicios de salud: la mitad de la población rural no tenía acceso a instituciones de salud en 2008 cifra que se redujo a 13.20% en el 2016.

La situación de pobreza de las comunidades urbanas es ligeramente menor, 1 de cada 10 personas presenta rezago educativo en 2016 una mejora significativa respecto de 2008 (2 de cada 10). En el 2008 las personas que no tenían acceso a instituciones de salud eran 4 de cada 10, ahora son 3 de cada 10.

Se presentaron mejoras también en la población que carece de espacios de vivienda y servicios de drenaje, agua, gas y electricidad; en el 2008 la porción de personas con estas carencias era de 12% y para 2016 bajó a 9% en las zonas urbanas.

La carencia que persiste afectando de manera importante a los habitantes urbanos es el acceso a seguridad social, al menos 5 de cada 10 presentan este rezago en 2016 mientras que en 2008 la razón era de 6 por cada 10.

La pobreza en México a partir del 2008 se ha reducido bajo la óptica multidimensional (por carencias), sin embargo, bajo la perspectiva de los ingresos el porcentaje de mexicanos en pobreza es mayor que en los años anteriores.

Esta situación se refleja cuando se observa que en el 2018 la población que no podía ni siquiera cubrir sus necesidades alimentarias (y por consecuencia ninguna otra necesidad) era de 16.8% para el 2016 creció a 17.5 por ciento. Y el 49.0% de los habitantes no podía cubrir sus necesidades básicas (cuidado personal, la salud, la vivienda y la educación) aumentó a 50.6 por ciento.

Esta situación implica que 7 de cada 10 mexicanos no puede pagar ninguna de sus necesidades básicas incluyendo la alimentación. Y 5 de cada 10 aunque tienen ingresos suficientes para comer adecuadamente siguen siendo pobres debido a que no tienen acceso a vivienda, instituciones de salud, educación, recreación, cultura, limpieza, transporte público o servicios de comunicación.

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