El Banco Mundial jugó un papel determinante tras el estallido de la crisis mundial en el 2008 y el descongelamiento de los mercados.

De acuerdo con el economista en México del BM, Joost Draaisma,la institución ha desembolsado 124,427 millones de dólares en favor de sus prestatarios en los últimos cuatro años, lo que facilitó la aplicación de políticas contracíclicas que evitaron un deterioro mayor en medio de la crisis.

Para ponerlo en perspectiva, refiere que, previo a la crisis económica mundial, el flujo de financiamientos anuales era de 13,000 millones de dólares.

En los últimos cuatro años, el ritmo de desembolso ha sido de 30,000 millones.

Explica que la capacidad de reacción que ha tenido la institución evitó, en efecto, una mayor caída de la actividad económica.

¿La crisis de deuda de la eurozona y el fiscal Cliff de Estados Unidos son una consecuencia de la crisis que estalló en el 2008 o son la evolución de aquel colapso?

Definitivamente, son diferentes facetas de una misma crisis, una evolución gradual de esa crisis financiera que tuvo un impacto muy fuerte en la economía mundial.

¿Fue correcto endeudarse para salvar a los sistemas bancarios y para implementar políticas contracíclicas?

Sí, fue correcto porque hubo una dramática caída de la demanda privada, tras la crisis financiera que había que contrarrestar. El tema ahí es qué tan rápido salen los gobiernos de la posición de estímulo a una consolidación. Muchos de los problemas fiscales que enfrentan en Europa y Estados Unidos se vienen arrastrando por el rescate de sector bancario y por no haber previsto los cambios que se les vendrían encima en el mediano plazo, como son la pirámide demográfica, el tema de seguridad social o las condonaciones fiscales que otorgó el Presidente George Bush a ciertos sectores de la economía de EU.

¿Las economías han aprendido alguna lección de esta crisis?

Hay más conocimiento y cooperación internacional para evitar problemas similares a los que en los años 30 llevaron a la Gran Depresión. Hoy, está el tema de gobernanza, donde el G-20 tiene más margen de acción. Está el nuevo andamiaje del Fondo Monetario Internacional (FMI), que permitió garantizar que no habrá respuestas individuales sobre problemas colectivos. Se ha privilegiado la coordinación de acciones colectivas que evitaron una situación peor.