Buenos Aires.- El gobierno argentino corrigió este jueves sus desacreditadas estadísticas de inflación y sinceró el alza de precios en busca de dar una señal positiva al Fondo Monetario Internacional que le reclamaba cambios desde hace años.

Argentina cifró la inflación de enero en 3.7%, la más alta mensual desde la crisis de 2002, bajo un nuevo método de medición con asesoría del organismo internacional.

Con el debut de un índice nacional el gobierno busca avanzar en un camino que le permita acceder a financiamiento internacional y cerrar temas pendientes como la deuda con el Club de París y el pago a los bonistas que no entraron al canje de deuda.

El Fondo Monetario Internacional se notificó del nuevo guarismo que por primera vez se acerca a la estimación de mediciones privadas (4.61%) desde 2007, cuando el gobierno del expresidente Néstor Kirchner impulsó la intervención del instituto de estadísticas INDEC.

"Tomamos nota del nuevo índice de precios al consumidor en Argentina hecho público hoy", dijo Gerry Rice, portavoz del FMI.

Rice recordó que "la publicación de un nuevo IPC nacional a finales de marzo 2014 era una acción especificada en la decisión del Directorio Ejecutivo del FMI de diciembre 2013 con respecto a la provisión de datos de la Argentina al Fondo".

El ministro de Economía argentino, Axel Kicillof, destacó que " este nuevo índice representa un cambio inédito en Argentina porque es cualitativa y cuantitativamente distinto al que se venía elaborando y su cobertura es nacional", mientras el anterior medía sólo la ciudad de Buenos Aires y su periferia.

Dante Sica, director de la consultora Abeceb dijo a la AFP que el nuevo índice merece "un voto de confianza".

"Es un paso válido para recomponer la relación con el mercado internacional -dijo-, pero más importante por ejemplo es el pago de sentencias firmes que tenía el país en el Ciadi (tribunal de controversias comerciales), el acuerdo con (la petrolera) Repsol (por la estatización de sus activos en YPF), la reapertura del canje de deuda a los que quedaron fuera y el acercamiento al Club de París", el grupo de países al que Argentina le debe unos 10,000 millones de dólares.

SEIS AÑOS DE ESTIMACIONES DUDOSAS

El FMI había sancionado con una inédita moción de censura al país en febrero de 2013 por sus poco creíbles estadísticas, que arrojaron una inflación de 11% para todo 2013 mientras consultoras privadas la cifraron en torno al 28 por ciento.

Desde 2007 las estimaciones alternativas llegaron a triplicar las oficiales y se transformaron en referentes del mercado.

En 2008, por ejemplo, el Índice de Precios al Consumidor oficial fue de 7.2% (23% el privado), 2009 de 7.7% (17%), 2010 de 10.9% (26%), 2011 de 9.5% (23%) y 2012 de 10.8% (28%).

En estos años los argentinos se acostumbraron a tomar el pulso de la inflación directamente de las góndolas, donde los precios pegaron un brinco en enero último al calor de la devaluación de la moneda que llegó al 18% frente al dólar.

La brusca caída del peso se produjo luego de que el Banco Central dejara flotar libremente la moneda local, en un contexto de fuerte baja de las reservas de divisas, fuente de pago de la importación de energía y de financiamiento para el pago de la deuda.

Pero la inflación será mayor en febrero "porque enero no reflejó el impacto de la devaluación", advirtió Sica.

El peso cerró este jueves en baja a 7.80 por dólar en el mercado oficial mientras también acusó un retroceso en el mercado informal a 11.95, donde llegó a rozar los 13 pesos.

"El impacto devaluatorio recién lo vamos a ver en febrero, marzo y abril por eso el gobierno está haciendo todo este trabajo de contención con acuerdos de precios por sectores", dijo.

PRECIOS POR LAS NUBES EN 2014

Frente al aumento de precios el gobierno multiplicó los acuerdos por sectores de los llamados 'precios cuidados' que se extienden a productos alimenticios, medicamentos, materiales para la construcción y útiles escolares, entre otros.

Sica opinó que "el nuevo índice sirve para anclar expectativas inflacionarias y ponerlas en un margen razonable" cuando están al inicio las negociaciones paritarias entre empresarios y sindicatos por acuerdos salariales.

Mientras tanto el salario se derrite al calor de la inflación.

Daiana Alonso, una camarera de Buenos Aires de sueldo magro, suspendió la compra de carne y pollo por el impacto de la súbita alza de los precios.

"Los aumentos se sienten cuando vas al supermercado. Dejé de comprar carne y pollo, que aumentaron mucho", contó a la AFP.

"Las cosas aumentan, pero los sueldos no", dice Alonso, evocando una fórmula demasiado conocida en un país con larga tradición inflacionaria.

nlb