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Joel Huiqui: el líder detrás de la ‘muertinha’

Soportó todas las etapas formativas en Cruz Azul tras venir de un pueblo con menos de 3,000 habitantes, fue mundialista juvenil con México y hoy pelea por su primer título de Liga MX como director técnico.

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Joel HuiquiReuters

Fredi Figueroa

Joel Huiqui ya es parte de la cultura pop mexicana. Para saber por qué, basta con escribir ‘muertinha’ en los buscadores de Google, Youtube o cualquier red social.

Aparecerá un video de 2009 en el que, siendo defensa de Cruz Azul, impidió un gol de Morelia al estar acostado y utilizar la mano para desviar un balón dentro del área. Dos cosas se inmortalizaron: que el árbitro no se dio cuenta y la reacción del propio Huiqui, quien en fracción de segundos asumió una postura de occiso. De ahí el apodo de la jugada.

“Metí la mano y dije: ‘ya la regué. Va a ser penal, (tarjeta) roja y valió madre todo’. Pensé que me iban a correr de Cruz Azul y esa fue una reacción genuina. Ahora me río porque se ha convertido en algo padre para la gente”, describió en el podcast de su ex compañero en la Máquina, Yosgart Gutiérrez.

La ‘muertinha’ ha hecho que Joel Huiqui sea inmune al tiempo. Se retiró como futbolista en 2019 y su único título de Liga MX fue hace 23 años, pero sigue siendo reconocido por niños y jóvenes.

Sin embargo, su historia es mucho más que una jugada chusca. Para llegar a ser director técnico de Cruz Azul y estar en semifinales del torneo Clausura 2026 de Liga MX, tuvo que pasar por otro tipo de momentos. La ‘muertinha’ es la punta del iceberg.

Orígenes

Cruz Azul sigue en la pelea por su décimo título de Liga MX en el Clausura 2026. Venció 4-2 global a Atlas en cuartos de final y esta semana enfrentará a Chivas en semifinales.

Huiqui es el responsable de ese camino. Asumió como director técnico de la Máquina apenas el 22 de abril, reemplazando a un Nicolás Larcamón que llevaba nueve partidos sin victoria entre Liga MX y Copa de Campeones de CONCACAF.

Con Huiqui, Cruz Azul reencontró el triunfo y lo mantuvo por tres partidos (4-1 sobre Necaxa en el cierre de fase regular y 3-2 y 1-0 sobre Atlas en cuartos de final). No sólo eso: volvió a conectar con los aficionados, quienes lo recibieron con ovaciones en la máxima catedral del futbol mexicano, el estadio Banorte.

Siempre sonriente, incluso en las conferencias de prensa que suelen intimidar a cualquier entrenador de un equipo con la magnitud de Cruz Azul, Huiqui sigue soñando con lograr más con Cruz Azul. Después de todo, su relación nació hace 28 años.

Joel Adrián Huiqui Andrade nació el 18 de febrero de 1983 en Ohuira, Sinaloa, un pueblo con menos de 3,000 habitantes, perteneciente al municipio de Ahome, y en el que prolifera el grupo indígena yoreme-mayo.

Es el menor de ocho hermanos (siete hombres y una mujer). Su conexión con el futbol empezó en un puesto de abarrotes de su pueblo, cuando el himno de la Selección Mexicana en el partido contra Bulgaria en el Mundial de 1994 lo marcó a través de la televisión para soñar con un día ser profesional.

Empezó a jugar a los ocho años en el equipo de sus hermanos, pero lo que definió su destino fue que un maestro de primaria lo canalizó a un colegio de paga en Los Mochis. Luego vinieron torneos estatales y nacionales; uno de estos lo trajo a la Ciudad de México a las instalaciones de Pumas.

“En ese torneo me vio el profe Manuel Barrera y nos invitó a probar primero en Monterrey, después tuve una visoría en Santos y luego en Cruz Azul. Llegamos al quinto o sexto equipo y ahí empezó mi formación como jugador”, recordó.

Manuel Barrera vinculó al profesionalismo a otros futbolistas sinaloenses como Omar Bravo, Alberto Medina, Yosgart Gutiérrez y Javier Güémez.

Escalera profesional

La visoría con Cruz Azul no le tenía nada garantizado. Era un foráneo que vivió alrededor de un mes en Rancho Toco, en el Ajusco, y que se trasladaba a La Noria en transporte público, a veces, con sólo 10 pesos en la bolsa.

Cuando finalmente le dieron contrato y casa club, lo enviaron a las filiales de Lagunas, Oaxaca, y Tula, Hidalgo.

Pero no pasó desapercibido. Su 1.85 de estatura y sus cualidades técnicas le permitieron ser parte de selecciones nacionales desde categoría sub 17 hasta su apogeo: el Mundial Sub 20 de Emiratos Árabes Unidos 2003, donde también participaron unos chavos llamados Andrés Iniesta, Carlos Tévez y Dani Alves.

Es por ello que, ese mismo año, Pachuca concretó un préstamo con Cruz Azul para debutarlo en Liga MX. Huiqui se desempeñaba en la defensa central y le quitó la titularidad al mundialista mexicano en 2002, Manuel Vidrio, para ser campeón del Apertura 2003.

“En esta etapa como entrenador, entiendo que quien te termina de formarte son los jugadores, tus compañeros. Tú puedes enseñar muchas cosas en cuanto a parte técnica, táctica y física, pero quien te consolida son tus compañeros. Por eso los jóvenes tienen que estar compitiendo al alto nivel para que vayan mejorando. Eso fue lo que me pasó”, reflexionó Huiqui.

Regresó a Cruz Azul de 2004 a 2010. Pasó por Morelia de 2011 a 2015 y también jugó en la extinta Liga de Ascenso con Toros Neza, Cafetaleros y Potros de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM). Cerró su carrera en Las Vegas Lights, en Estados Unidos.

Ya se había graduado de la Escuela Nacional de Directores Técnicos (ENDIT) y en 2019 tocó la puerta en Cruz Azul, equipo al que siempre define como “mi casa”.

Le dieron oportunidad de dirigir a la categoría sub 13 y poco a poco fue escalando hasta la sub 23, con un breve paso por las fuerzas básicas de Bravos de Ciudad Juárez. Sin embargo, su mayor legado ha sido forjar a los prospectos de la Máquina, cuyos ejemplos recientes son Santiago Giménez y Rodrigo Huescas.

“Ahora, en la etapa como formador, estoy intentando que los chavos lo sueñen, porque si lo sueñas, de verdad pasa”, añadió el ex defensa, que fue dirigido por figuras como Tomás Boy, Enrique Meza, Víctor Manuel Vucetich y Ricardo La Volpe, aunque este último lo recortó de la lista para el Mundial 2006.

Joel Huiqui curtió su carrera en todos esos momentos. Después de casi tres décadas, vive una grata recompensa al ser entrenador de Cruz Azul y pelear por ser campeón, hazaña que lograría con sólo cinco partidos dirigidos en primera división.

Entró como interino y su futuro es incierto, sobre todo en un Cruz Azul que en 2025 corrió a Vicente Sánchez pese a haber sido campeón de CONCACAF. Mientras eso se define, Huiqui trata de consolidar su nombre con algo más que la ‘muertinha’.

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