En su nacimiento en 1996, Under Armour sorprendió a las gigantes Nike y Adidas gracias a su innovadora composición contra el sudor, pero hoy vive una de sus crisis más agudas: este 2020 ha reportado pérdidas de 642 millones de dólares en el primer trimestre y de 183 millones en el segundo, además de una baja del 41% en sus ingresos debido a los cierres de sus tiendas por el covid-19.

“Es una barbaridad de dinero lo que ha perdido, tienen resultados terribles y una reducción gigantesca de la empresa; tienen que tomar medidas radicales”, analizó Francisco San José, catedrático de mercadotecnia deportiva de la escuela de Ciencias del Deporte de la Universidad Anáhuac, en entrevista con El Economista.

“Las empresas de todo tipo están viéndose afectadas por la pandemia, pero, en específico, las tiendas deportivas, ya que la gente no está gastando en estos productos. No es una crisis única de Under Armour, también la están viviendo Nike y Adidas, pero al final, las empresas más chicas son las que se ven más afectadas”, agregó el especialista.

El caos de Under Armour también tiene otras causas. En agosto pasado, recibió una demanda de parte de la Universidad de California (UCLA) por 200 millones de dólares debido a un incumplimiento de contrato, ya que en 2017 signaron un patrocinio por 280 millones de dólares durante 15 años, considerado el de mayor costo en la historia del deporte universitario.

No obstante, el coronavirus es lo que más fuerte ha sacudido a la marca. Una de las razones por las que rescindió el contrato con la UCLA fue una cláusula de fuerza mayor derivada de la pandemia. De igual forma, provocó la pérdida del 45% de sus ventas en Norteamérica, su región más fuerte, y un 34% a nivel global.

La marca también tuvo que cerrar tiendas en Argentina, Canadá, Chile, Ecuador, España, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y México; en Estados Unidos fueron despedidos más de 600 trabajadores de centros logísticos. Solo mantuvo activos dos sitios web de e-commerce en Chile y México.

“Fue una marca que inició muy fuerte y que ahora empieza a reducirse. Intentó entrar al terreno digital de la vida fitness mediante la aplicación My Fitness Pal, un sistema por el que pagó 475 millones de dólares y en el que ha invertido más de 700 millones en los últimos tres años, sin embargo, en julio, estaba buscando vender esa aplicación al precio en que la compró. Eso te habla de que a Under Armour ya se le veían dificultades que seguramente le han hecho perder participación de mercado y ventas”, reflexionó San José.

En México, Under Armour fue blanco de críticas y burlas en redes sociales debido a que no presentaron uniforme nuevo para los diablos rojos del Toluca a principios del torneo Guardianes 2020, siendo el único equipo de la Liga MX al que la marca patrocina en la actualidad (Cruz Azul se deslindó de ella en 2018). “Under Armour nos quedó mal, nos dejó plantados y seremos el único equipo que no cambie de jersey esta temporada”, reclamó un aficionado del Toluca a través de Twitter.

Otras manchas en el historial de Under Armour fueron los mensajes de apoyo de Kevin Plank, su fundador, hacia Donald Trump en 2017, que casi provocan el rompimiento de vínculos comerciales con dos de sus embajadores estrella: el basquetbolista Stephen Curry y el actor Dwayne Johnson.

Además, en 2014, la marca patrocinó a patinadores sobre hielo en los Juegos Olímpicos de Invierno y estos se quejaron de haber tenido sus peores registros debido a fallas en los uniformes.

Esta semana, Under Armour cerró sus instalaciones en España (previamente cerró en Manchester, Munich y París) y anunció que trabajará de forma digital en una oficina centralizada en Ámsterdam para atender a Europa, África y Medio Oriente.

Sin embargo, Sam Poser, analista de Susquehanna Financial Group, estima que el hecho de que las ventas de Under Armour toquen fondo los hará más fuertes para el 2021: “estarán mucho mejor preparados. Ahora que las expectativas son menores, muchos cambios pueden ocurrir”.

“La marca es un buen competidor de las grandes compañías como Nike y Adidas, pero su presente es complicado y en México es una empresa con no mucha presencia”, concluyó Francisco San José.

fredi.figueroa@eleconomista.mx