Entre 1968 y 2021, hay cosas que no han cambiado: el racismo y la discriminación por temas de género y preferencias sexuales. Pero hay algo que sí es diferente: la comunicación, lo que puede ser un aliado para resolver el primer punto, sobre todo en una plataforma mundial como los Juegos Olímpicos.

Fue en aquel lejano 1968 cuando Tommy Smith y John Carlos desafiaron al mundo postrando sus puños hacia el cielo en señal de resistencia contra la discriminación racial en Estados Unidos. La esencia continúa: en años recientes, Coelin Kaepernick, LeBron James y Megan Rapinoe han desafiado a este tipo de paradigmas, que persisten en las sociedades del mundo.

La diferencia es que, ahora, una protesta en un escenario deportivo puede llegar a todos los rincones del mundo en el mismo momento en que ocurre gracias a la conectividad global, por lo que los atletas serán más que eso en los próximos Juegos Olímpicos de Tokio, sino que tienen la plataforma para convertirse en embajadores de las minorías.

“Los atletas no solo son voceros, se vuelven representantes de minorías para inspirar no solamente a los que son parte de ese grupo, sino a otras que pueden ser aliadas. El tema de las redes sociales y la comunicación actual ayuda en la inmediatez y en amplificar mensajes”, describe Carlos López Linaldi, consultor en comunicación especializado en temas deportivos y de diversidad por parte de la Universidad de Georgetown.

Consultado por El Economista, el periodista David McDaid, de BBC Escocia, agrega: “Los atletas tienen perfiles tan poderosos hoy en día y sus voces pueden usarse para bien y para resaltar algunas de las injusticias en la sociedad”.

La futbolista Megan Rapinoe, que competirá por el oro en Tokio con la selección de Estados Unidos, posee más de 3.5 millones de seguidores en redes sociales, mientras que Naomi Osaka es la tenista activa con más seguidores en el mundo, con más de 40 millones. Ambas son figuras que han alzado la voz con temas como la discriminación LGBT, el racismo y la psicología.

“Los atletas traen guardados mensajes de unidad y fortaleza porque dejaron de entrenar mucho tiempo, así que vamos a ver varias muestras de expresión, no solo de protesta, sino más personales de apoyo a sus comunidades. Van a ser unos Juegos Olímpicos en los que los atletas serán muy expresivos y conforme pasen los años se pueden humanizar todavía más porque la tecnología los acerca con las personas y permiten una interacción más directa”, describe López Linaldi.

El Comité Olímpico Internacional (COI) modificó su reglamento para Tokio 2020. La norma 50 ahora permite que los atletas puedan expresarse sobre problemas sociales ante los medios de comunicación y en sus redes, aunque aún no pueden hacerlo dentro de la Villa Olímpica ni durante las competencias.

En la carta olímpica, en el apartado de los 12 derechos para los deportistas, el número 11 les permite tener libertad de expresión. En otros cambios, la visión del COI ha decidido incluir a la diversidad como uno de sus tres pilares y el slogan de Tokio 2020 se titula “Know differences, show differences (conoce y muestra las diferencias)”.

“Solía ser que no se permitía ninguna exhibición o comentario de carácter político, pero, a partir de este año, cambiaron las reglas para permitir a los atletas más espacio para expresar sus creencias, siempre y cuando no lo hagan durante la competencia o en el podio.

“No podemos llamar a los Olímpicos una plataforma de libertad de expresión completa hasta que no haya restricciones sobre dónde, cuándo y cómo los atletas pueden expresarse. Aunque este año ha traído avances, hay otras cuestiones a considerar, como otorgar eventos a países que tienen malos antecedentes en materia de derechos humanos o LGBT+”, analiza McDaid, con 15 años de experiencia y cuatro coberturas de Juegos Olímpicos.

Para el especialista en comunicación, Carlos López, si el COI reprimiera una protesta en Tokio como lo hizo en 1968, dañaría su propia imagen: “Afectaría directamente a su reputación, tendrán que manejar con mucho cuidado y evaluar muy bien su respuesta en caso de que alguna protesta llame la atención. Acabamos de ver el tema LGBT+ en un estadio de la Eurocopa y cuando la UEFA lanzó su comunicado, los aficionados ya no le creyeron porque la acción estaba hecha”.

Más de 200 naciones convergerán en Tokio a través de sus delegaciones deportivas, lo que incluye un amplio espectro de problemáticas sociales procedentes de Latinoamérica, Medio Oriente, África y Europa del este, por mencionar a algunas.

A lo largo de su historia, los Juegos Olímpicos han estado involucrados con asuntos políticos que han propiciado boicots y expulsiones. En las ediciones de Amberes 1920 y Londres 1948 fueron echados los países derrotados de la Primera y Segunda Guerra Mundial, respectivamente: Alemania, Austria, Hungría, Japón, Bulgaria y Turquía.

Por su parte, en Melbourne 1956, España, Suiza, Países Bajos, Egipto, Líbano e Irak decidieron boicotear el evento; los primeros tres lo hicieron en respuesta a las represiones soviéticas y los siguientes tres contra las represiones militares británicas.

En cuanto a protestas individuales, el mundo ha cambiado su perspectiva de 1968 a 2021, pues ahora Tommy Smith y John Carlos son considerados héroes de derechos civiles. Sin embargo, la problemática del racismo, como otras que existían hace 53 años, siguen permeando en la aldea global.

“En el papel ya hay mayor apertura a estos temas, el punto será ver qué va a hacer el COI cuando empiezan estas muestras de expresión en Tokio, porque esa es una parte importante de una organización, que no haya ningún tipo de restricción en cuanto a muestras de libertad”, concluye López Linaldi.

fredi.figueroa@eleconomista.mx