El cuerpo del torero permaneció inmóvil entre las líneas del tercio y las tablas, la muleta planchada era tomada con la mano izquierda y el ayudado en la diestra mientras con leves movimientos y gritos alentaba al toro a buscar el engaño.

En eso, el burel se arrancó y pasó por el derecho, luego por el izquierdo, de nueva cuenta por el primer lado, otra vez por el otro y así sucesivamente sin inmutarse su matador, quien luego ligó hasta cuatro tandas en redondo con un cambiado de mano por delante que levantó a los aficionados para gritar el olé y después probar por naturales, pase del desdén, dosantinas, manoletinas y un póker de estatuarios que le valieron la fuerte petición tras una estocada trasera y entera que mató a su enemigo, Arbolero de Los Encinos, y le redituó en dos orejas mientras al astado le otorgaron un excedido arrastre lento a sus restos, toda vez que el que lo hizo ver bien fue el diestro francés, quien finalmente salió en hombros al término del festejo.

Con el primero de su lote, Sebastián Castella estuvo igual, los suaves lances a la verónica le fueron muy coreados, el quite con ese lance fundamental también y en la faena de muleta los pases ceñidos por alto y las tandas por ambos lados en las que sobresalió el lado izquierdo por la lentitud y temple empleados, le hubieran valido otro triunfo, mismo que no llegó por sus fallas con la espada.

Andrés Roca Rey, por su parte, enfrentó a Caporal, un ejemplar al que le faltó fuerza y trasmisión y con el que lo mejor lo vivió con el capote.

Lo mató con una estocada en todo lo alto que hizo rodar sin puntilla a su enemigo y la gran petición en los tendidos convenció al juez para concederle un apéndice.

En el segundo de su lote, un toro débil y casi inválido, el peruano lo intentó todo y al no poder redondear su labor, optó por regalar un séptimo que regateaba las embestidas, llevaba la cabeza alta y al que pinchó para tener que conformarse con el único triunfo ganado en su primer enemigo.

En cuanto a Octavio García El Payo, tuvo momentos brillantes por el lado natural en los que sobresalió la lentitud y temple de su quehacer. Sin embargo, pinchó antes de la estocada entera y le aplaudieron; en el sexto del festejo, un toro parado y sin trasmisión, el queretano mostró voluntad y escuchó breves palmas.

Abrió plaza el rejoneador Jorge Hernández Gárate, quien colocó bien rejones de castigo y banderillas, pero dejó caído el rejón mortal para oír breves palmas.

Dos corridas de aniversario

Serán dos corridas las del aniversario LXXI de la plaza México, el sábado un mano a mano entre Eulalio López El Zotoluco, quien se despide de los ruedos y Enrique Ponce con ejemplares de Fernando de la Mora.

El domingo, Morante de la Puebla le confirma la alternativa a Luis David Adame en presencia de Julián López El Juli con astado de Teófilo Gómez.