Maximizar ingresos y tener dinero garantizado cada torneo a través de una SuperLiga no fue un proyecto políticamente correcto para los clubes financieramente poderosos de la Bundesliga ni de la Ligue 1. Y un día después de destaparse la creación de la nueva liga, se bajaron del proyecto élite seis clubes. El Manchester City desencadenó el efecto dominó de la retirada inglesa: Manchester United, Liverpool, Arsenal, Tottenham Hotspur y Chelsea.

Una SuperLiga con un modelo económico deportivo al estilo liga estadounidense, en el que del núcleo élite nadie desciende, sin importar los resultados deportivos y tener dinero garantizado por patrocinios y transmisiones, no pesó en la balanza de lo políticamente correcto: supeditarse a la estructura de la UEFA, y por ende, de la FIFA. Cabe destacar que en acuerdos de transmisiones, Sky Sports, Dazn y Amazon negaron alguna negociación con la SuperLiga.

El poder económico de las Big Five acumuló ingresos totales de 18,100 millones de euros en la temporada 2020-21, la cifra más alta en 15 años, de acuerdo a Statista. Sin duda una cifra que deja el estandarte muy alto a la SuperLiga. Esto, más la tradición del sueño de los clubes de bajo perfil de esas ligas por llegar a la competencia de prestigio Champions y las buenas relaciones con autoridades rectoras del futbol europeo, son los aliados que la nueva liga necesita a su favor para operar en paz.

“El éxito depende de acuerdos favorables con federaciones, ligas, etcétera. En caso de no llegar a soluciones satisfactorias se presenta inseguridad en el futbol europeo. La negativa ante la posible participación de los clubes alemanes se explica bastante fácil: ellos se declaran en favor del sistema actual porque no quieren arriesgar que una pequeña élite futbolística lo domine todo. Están conscientes de que una SuperLiga les puede dar un plus en sus ingresos, pero sería el fin de la Bundesliga como la conocemos desde su fundación en 1963. Son equipos a los que sí les importa lo que quiere su afición, que en gran mayoría está en contra del nuevo proyecto”, explica a este diario Béla Csányi, administrador de valores de futbol en Transfermarkt.

La Bundesliga es la cuarta de mayor valor en el mercado europeo (4,560 millones de euros) y su tradición es un gran valor dentro del futbol alemán y no tiene tantos inversores externos como la Premier League, desde donde seis clubes arrancaron originalmente con la promoción del formato cerrado de la SuperLiga.

De acuerdo a un reporte del portal Scoreandchange, los 18 equipos de la Bundesliga están patrocinados por 10 marcas de ropa diferentes y en esta temporada tienen presencia: Adidas, Hummel, Jako, Joma, Kappa, Macron, Nike, Puma, Uhlsport y Umbro. Siete de los equipos de la Bundesliga están patrocinados por marcas alemanas. Nike es el principal proveedor de uniformes con cinco equipos, mientras que Adidas tiene al Bayern Munich, el club más exitoso en la historia del futbol alemán,con un récord de 30 títulos de liga, ocho de ellos de manera consecutiva desde el 2013. Las empresas patrocinadoras proceden en su mayoría de Alemania, es decir, 13 de 17 (76%) de los patrocinadores de camisetas tienen su sede en ese país.

“La Ligue 1 y la Bundesliga deben verse por separado. La Bundesliga tiene mecanismos que dificultan que los clubes tomen decisiones sin consultar primero a los fans, que están muy en contra de la creación de una SuperLiga. El PSG es una historia diferente, el club es propiedad de Qatar, que tiene importantes intereses económicos en la Champions League. Parece que la presión del mercado al final fue demasiada. Los propietarios probablemente sobrestimaron el apetito por tal competencia. Pero también sin el Bayern y el BVB a bordo, esta competición nunca iba a despegar. Los equipos de la Bundesliga son muy reacios al riesgo y no emprenderán un proyecto de este tipo sin la aprobación de los organismos gubernamentales internacionales primero”, expone a El Economista, Manuel Veth, Area Manager de Estados Unidos de Transfermarkt y colaborador de la Bundesliga para Forbes.

Como se acotó, el caso del PSG es distinto. El club tiene una relación cercana con la UEFA, porque su presidente Nasser Al-Khelaifi tiene un cargo ejecutivo dentro del organismo, después de una reelección que tiene una vigencia hasta el 2024. Además, la cadena BeIn Sports, cuyo CEO es él, tiene los derechos televisivos de la Champions League.

“Sería una inversión a fondo perdido, por eso en estos momentos el PSG no considera participar”, subraya Béla Csányi.

El planteamiento de un nuevo modelo de competencia de futbol europeo se ha forjado de acuerdo a sus líderes, en la alternativa de generar recursos y estabilidad en la pirámide del futbol. Esto incluye superar el impacto económico de la pandemia. Después del retiro de los clubes ingleses, la SuperLiga revisará nuevos pasos para salir avante en su sueño.

“Ahora la pregunta es ¿por qué salirse cuando tenían algo formal? Fue un golpe en la mesa de estos clubes para querer reformular, porque vienen los cambios en la Champions League y se tendrá que volver a plantear el tema económico. Son los equipos que siempre están clasificados, en cuartos o semifinales y quieren más dinero en el bolsillo porque dan el espectáculo”, describe a El Economista, Rob García, agente FIFA con experiencia en scouteo para clubes como el Ajax y el Manchester City.

De los 10 clubes más endeudados del mundo esta temporada, de acuerdo al ranking de KPMG, siete fueron parte del plan original del lanzamiento de la SuperLiga, siendo el Tottenham Hotspur el primero en la lista con 933.4 millones de euros. Del grupo “élite” le siguen, el Manchester United, Barcelona, Inter de Milán, Juventus, Real Madrid y Atlético Madrid.

“La mayoría de los clubes no sintieron el apoyo, los que gastan miles de millones de dólares al año en sueldos, merchandising, vieron que no tenían ingresos por el tema de la pandemia y que al final la UEFA y FIFA no les dieron el apoyo suficiente. Tener prácticamente dos años continuos en números en rojo no es bueno para nadie, por eso están intentando hacer algo diferente. Son más los que no quieren que se haga la SuperLiga que los que realmente dicen sí. Fue un golpe en la mesa de estos clubes para querer reformular, porque vienen cambios en la Champions League y se tendrá que volver a plantear el tema económico para ellos, porque son los que siempre están clasificando, en cuartos o semifinales y quieren más dinero en el bolsillo porque dan el espectáculo”, señala el agente Rob García.

Torneo sin promesa de revalorización de jugadores

El proyecto de la nueva liga se mantiene en estado líquido, la información va cambiando y no se puede saber si el valor en el mercado superará en algún momento a la Champions League (13,600 millones de dólares) o si los jugadores tendrían por ejemplo, la posibilidad de revalorizarse en el mercado. No podrán ser mundialistas, ni jugar en sus ligas nacionales, ni sumar minutos de juego. En el sentido estricto, los elementos que necesita un jugador para incrementar su valor y por lo tanto, no le conviene ser parte de una sola competición a nivel continental, no es financieramente prometedor.

“En estos momentos los pronósticos acerca de los factores económicos de la SuperLiga son bastante especulativos. Todavía hay tantas variables que hay que aclarar, como por ejemplo, la reacción de la UEFA, posibles sanciones para los seleccionados nacionales, la participación de otros equipos y el desarrollo de las ligas nacionales. Por eso tampoco se sabe cómo cambiarían los valores de mercado de los jugadores. Sin la oportunidad de jugar mundiales o quizá sin poder participar en las ligas nacionales. Tendrían la SuperLiga como único escenario”, menciona Béla Csányi.

El escuadrón de la docena tiene valores de plantillas que van de los 508 millones de euros (AC Milán) a más de 1,000 millones. Los que ocupan los tres primeros puestos de este grupo son el Manchester City (1,030 millones), Liverpool (1,010 millones) y Barcelona (823 millones), de acuerdo a Transfermarkt.

“En cuanto al valor de mercado de un jugador de la SuperLiga, es difícil de ver. Digamos que la liga sí sucede, la UEFA podría responder echando a los jugadores de las competiciones internacionales. Jugar para un equipo nacional es una gran parte del valor de mercado de un jugador y sin jugar en la Euro o la Copa del Mundo, el valor de mercado bajaría. Dicho esto, existen importantes dudas de que la UEFA pueda realmente imponer esas sanciones sin tener problemas importantes con las leyes europeas de competencia y antimonopolio. Esos son factores importantes a tener en cuenta. En términos generales, los jugadores que se enfrenten contra otros en una competencia fuerte que parece generar fondos significativos aumentarían los valores de mercado. Pero solo si siguen siendo parte del mercado abierto”, comenta Manuel Veth.

La presión de los fans al rechazo, las voces de autoridad moral como Pep Guardiola, Jürgen Klopp que llaman a rescatar el sentido de ilusión en la competencia y la reacción de miembros de la industria que van en ruta vertical a la UEFA y FIFA, pusieron en la congeladora la revolución de la SuperLiga.

marisol.rojas@eleconomista.mx