El aficionado del futbol se comunica por anécdotas, no por estadísticas. Los números de un partido refieren sólo los hechos cuantificables que se dan entre gesta y gesta. No hay un registro numérico para  los actos heroicos que pueden presentarse en el enfrentamiento 11 contra 11 en una cancha de futbol.

El futbol sistemáticamente se ha resistido al imperio de los números para organizar el caos en el que siempre cabe lo improbable. Así, un equipo de media tabla en las estadísticas puede vencer al equipo que los algoritmos marcaron como favorito para levantar la Copa del Mundo. En el caso del pasado encuentro entre México y Alemania en el Mundial de Rusia 2018, la gesta improbable se impuso al análisis de datos.

Es usual que sean los niños los más afectos a manejar datos estadísticos, gesto de quien apenas se inicia en los misterios del futbol. Los números se pueden tomar de los registros históricos; las experiencias, no. Compensan así una falta existencial. Sin historias propias qué referir, suplen con proezas mnemotécnicas lo que debieran ser cantos épicos a las hazañas deportivas de las que nunca fueron testigos.

Pero los números —como la madalena que llevó a Proust a evocar el amor primigenio— pueden dar pie a revivir las emociones de un partido épico. La Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) aporta números de las estadísticas de los mundiales que se han celebrado desde 1930. La revisión de las cifras activan en el aficionado del futbol la memoria de ésos días en que, citando a David Bowie, todos podemos ser héroes.

El gol es el dato más duro de un partido por separar a vencedores de perdedores. La FIFA tiene en su web el recuento de los goles anotados en cada uno de los Mundiales. Así, y “haciendo números” —expresión usada para extraer una narrativa al dato duro— en la Copa Mundial de 1954 en Suiza se vio la mayor cantidad de goles por partido.

¿Cómo se concluye esto, si en el Mundial de Suiza, según los números, se marcaron 140 goles, mientras que en el de Brasil 2014 se anotaron 171? Por el cruce con más datos. En Suiza 1954, 16 equipos jugaron 26 partidos, a un promedio de 5.38 goles por partido. En Brasil 2014, 32 equipos jugaron 64 encuentros, con una media de goles por partido de 2.7.

La Copa del Mundo con menor rendimiento de goles fue Italia 1990. 24 equipos golpearon con el balón  la parte posterior de la red 115 veces en 52 partidos, promediando 2.21 goles por partido.

Estos números no dicen nada sin la historia de cada partido. Toca al lector aportar el relato detrás de cada encuentro.

“Nuestra generación ha entregado el alma a los contables y todas las pasiones que hoy nos conmueven se derivan de las estadísticas: para saber si somos felices, ahora se hacen encuestas”, sentencia el escritor Manuel Vincent. Para nuestra suerte, el futbol se niega a regirse por los números. La anomalía, ese dato no previsto, se canta, no se mide.