Luego de haber ganado la Serie de División a los Yankees, en la intimidad del Petco Park, Brett Phillips y Randy Arozarena, jugadores de los Rays de Tampa Bay, se enfrascan en una pelea de baile. Sus compañeros, formando un círculo alrededor, los alientan y graban con sus teléfonos celulares. Con una pirueta en la que gira sobre su cabeza, sin utilizar las manos, Randy Arozarena gana el duelo.

¿Cómo hace el equipo número 28 en nóminas de la MLB para competir contra el uno, el cuatro y salir vencedor? Además de a las oportunas selecciones e intercambios, el manager y los jugadores de los Rays lo atribuyen a la química que existe entre sus integrantes.

Por segunda ocasión en la historia de la franquicia, los Rays alcanzaron la Serie Mundial. Queda por descubrir si la química entre compañeros es suficiente para ganar el título contra los Dodgers, la segunda nómina más poderosa de las Grandes Ligas.

Kevin Cash inició su carrera como manager en Tampa Bay en el 2015. Cinco años después, cierra la temporada 2020, una de las más desafiantes debido a la contingencia sanitaria, con una reputación de “gran comunicador, excelente estratega y alguien tan simpático y accesible que sus jugadores lo respetan y confían en él”, como explica Richard Justice, reportero de la MLB desde hace casi una década.

Joey Wendle, segunda base de los Rays, expresó: “Una cosa que se pasa por alto un poco es su capacidad para crear un entorno en el que los muchachos jugarán su mejor béisbol”.

Para Cash, el trabajo en el terreno de juego es tan importante como el desarrollo de la personalidad. Aunque analiza detenidamente una gran cantidad de datos relacionados al juego, el factor humano es ingrediente esencial dentro de su roster.

“Ahí es donde los cazatalentos y el boca a boca entran en juego. Al conocer y tener relaciones durante el partido, puedes encontrar información bastante crucial sobre cómo es su personalidad. Sabemos que tenemos suficiente información sobre lo que esos jugadores pueden lograr en en el campo, pero ¿cómo encajan en la casa club?”,  dijo Cash.

Los Rays entraron a la postemporada con el mejor récord de la Liga Americana: 40-20. Durante la temporada previa, pese a avanzar a la postemporada, quedaron en el camino en la Serie Divisional contra los Astros de Houston. Un año después los derrotaron en la Serie de campeonato. Tras obtener el pase al Clásico de Otoño, el jugador más veterano del equipo, Kevin Kiermaier, expresó: “Sabía que este grupo sería capaz de llegar a este punto. No tenía ninguna duda en mi mente”, y elogió a todos, desde la oficina principal hasta los entrenadores y los jugadores. “Esto es de lo que se trata. Estoy muy orgulloso de ser parte de esto y de divertirme mucho con estos muchachos”, publicó AP.

Para los Rays, tan cercanos en sus celebraciones con abrazos, palmadas y apretones de mano, fue extraño entrar al periodo de distanciamiento social, aunque por los resultados lo han manejado de maravilla.

“Es extraño estar distante. Somos un grupo cercano y siempre nos metemos unos con otros, así que saber que realmente no podemos estar demasiado juntos y estar jugando beisbol. ... Es un poco extraño”, mencionó a Tampa Bay Times el abridor Blake Snell.

La última vez que un equipo de presupuesto modestoentró en la Serie Mundial fue cuando en 2016 los Indians de Cleveland se enfrentaron a los Cubs de Chicago; eran la nómina número 23 contra la sexta, respectivamente. De acuerdo a International Bussiness Times, con datos de Spotrac, la nómina de los Indians fue de 98 millones, quienes cayeron contra los Cubs, valorados en 167.4 millones.

fernanda.vazquez@eleconomista.mx