A Renata Zarazúa se le nota contenta, plena. Encara a la prensa con una gran sonrisa y alegría. Vive, quizá, uno de sus mejores momentos en el tenis. En su presentación en el Abierto Mexicano de Tenis de Acapulco, los asistentes dejaron a un lado el partido que ofrecía Rafael Nadal ante el barullo que crecía una pista al lado. La única mexicana que participaba en singles, ranqueada 270 del mundo, vencía a la mejor sembrada del certamen Sloan Stephens.

Poco a poco la fila crecía para alcanzar un lugar dentro del Grand Stand, el silencio, característico de un partido de tenis, era interrumpido por los gritos de ¡México!. En dos sets venció a la norteamericana y al día siguiente repetiría eliminando a Katie Volynets. Eliminar a Tamara Zidanšek sólo haría crecer su historia en México.

Si existe una persona con la que siempre se muestra agradecida, es con su hermano Patricio Zarazúa, quien la acompaña como entrenador y a quien corre a estrechar la mano tras cada victoria. En charla con El Economista su hermano compartió sobre cómo es el proceso de preparación de la tenista profesional.

“Antes de empezar el año hicimos 16 semanas muy fuertes, donde nos sentamos y cambiamos todo su equipo, la estoy ayudando y tiene un entrenador que la ha ayudado mucho, hizo una pretemporada muy buena, también con su preparador físico. Empezamos a viajar a los torneos y luego es tratar de mantener lo que hiciste en todas esas 16 semanas. Ya en los partidos es usar lo que trabajaste para dar lo mejor de ti cuando llegan momentos como éste”.

Luego de ganar el partido ante Stephens, Renata destacó la mentalidad como una de las claves, su hermano es una pieza estratégica en este proceso.

“Desde que empiezan los partidos la trato de calmar mentalmente, no darle tanta importancia a lo que pasa alrededor y todo lo que dice la gente para que llegue al partido pensando lo que tiene que hacer y concentrada para jugar bien”.

Además de su hermano, Renata se apoya en Carlos Aranda, su preparador físico, y Armando, su head coach, principalmente para sobrellevar los constantes viajes que implica su carrera. Sin embargo, cuando se interroga a Patricio sobre quiénes han sido las piezas clave en la formación de su hermana, lo primero que nombra son a sus papás “siempre nos han apoyado, desde que éramos casi recién nacidos que empezamos a jugar tenis”.

El pasado 22 de febrero en el sorteo se dio a conocer que Zarazúa se enfrentaría a Stephens, era la primera vez que ambas se verían las caras, aunque no por ello sería un misterio su estilo de juego.

“Ya conocemos a bastantes de las jugadoras, en los viajes en el año hay varias que son casi las mismas, entonces ahí vas viendo los partidos, muchas veces a lo mejor ya jugaste contra ella en partidos pasados. Si no, ahora que tienen el coaching en la cancha tratar de ver cómo juega la otra en los primeros partidos, luego cuando ya puede entrar trato de ayudarle y decirle lo que estoy viendo”.

Renata es metódica, antes de un partido tiene rituales que no deja escapar.

“Normalmente calentamos, luego le gusta estar un poco relajada, un poco sola, escuchar su música y ya cuando llega la hora del partido comienza activarse un poco, calentar, a mover las piernas, antes de que entre a la cancha le digo cualquier cosa para que se ría. Trata de llegar a los partidos con la mentalidad de que es un partido más, una oportunidad más y trata de hacer lo mismo que cada partido, las cosas que le funcionan y así es como va mejorando y dando buenos resultados en los torneos”.

¿Cómo fue la noche en la que venció a Sloane Stephens luego del éxtasis de los medios y aficionados?

“La verdad que no me la creía mucho hasta que ya estaba en el hotel a punto de dormir, fue una noche de muchas emociones y desgaste mental. Ella logró jugar bien, al final ya estaba un poco cansada con todo y no pudo procesarlo hasta que ya estábamos en el hotel. Fue mucho accidentalmente, no se lo esperaba”.

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