Los colores del deporte han cambiado. Su intención de volverse totalmente inclusivo en temas de género y preferencias ha adoptado a la bandera arcoíris, símbolo de la comunidad LGBT+, en estadios, jerseys y hasta en la imagen institucional de clubes y organizaciones.

Es por eso la UEFA, el Club América y los Pumas colorearon su logo en redes sociales y el portero alemán, Manuel Neuer, portó una cinta de capitán en tono arcoíris durante la Eurocopa 2020.

Pero no solo jugadores, equipos y organizaciones lo han hecho. También marcas como Spotify, Facebook, Rappi, Movistar y Pfizer han actualizado su logo con los colores de la bandera arcoíris, una situación que ha sido un parteaguas para iniciar otros movimientos, pero que aún requiere de acciones más puntuales.

“Ser un aliado se trata de estar y ser activo. Por ello es importante que el apoyo de las organizaciones sea más profundo que solo la visibilidad y que muestren un verdadero compromiso con la comunidad LGBT”, mencionó Jeff Ingold, jefe de colaboración del grupo de derechos LGBT+, Stonewall, en Inglaterra.

En entrevista con El Economista, Carlos López Linaldi, consultor en comunicación especializado en temas deportivos y de diversidad, coincide en esta perspectiva: “Ayudaría mucho que los atletas se sumen como aliados para fomentar un ambiente de inclusión hacia la afición. Pero, para que esto pase, es fundamental que las mismas ligas empiecen a crear condiciones adecuadas mediante pláticas y talleres de sensibilización para todos sus miembros”.

Un ejemplo de ser activo más allá de solo colorear un logo en redes es la futbolista estadounidense, Megan Rapinoe, campeona del mundo en 2019, quien a partir de este año se ha convertido en uno de los ‘ángeles’ de la marca Victoria’s Secret.

Rapinoe, abiertamente homosexual, lidera un grupo de siete mujeres (que incluye a periodistas y transgéneros) denominado VS Collective, quienes se encargarán de asesorar a la marca en imagen y empoderamiento.

Megan es la embajadora de una reconversión total del discurso de la marca: “Necesitábamos dejar de ser lo que quieren los hombres y ser lo que quieren las mujeres”, ha señalado Martin Waters, CEO de Victoria’s Secret, mientras que un seguidor dijo en redes: “¡Genial! En la era de la aceptación de la grasa, es importante que las niñas tengan modelos a seguir realmente saludables”.

En México, un ejemplo es el club de futbol Muxes, de la tercera división profesional. Su nombre representa al tercer género en el estado de Oaxaca, una tradición prehispánica para nombrar “a quien nació hombre pero no actúa de manera masculina”, de acuerdo al testimonio de un muxe entrevistado por BBC.

Pese a no jugar en una de las ligas más importantes de México, los Muxes recibieron el patrocinio de Nike en 2020, como parte de la campaña Nike Pride, que ha impulsado vestimenta gay friendly en otros mercados como la NBA y la WNBA. Las marcas han mostrado sensibilidad a este tema y han adoptado embajadores como clubes y atletas.

“Definitivamente las ligas y equipos deberían apoyarse en los patrocinadores que tienen más experiencia en temas de diversidad e inclusión, así como en organizaciones civiles que imparten cursos y talleres especializados para sensibilizar”, destaca López Linaldi, egresado de la Universidad de Georgetown.

Atletas de diversas disciplinas se han identificado como LGTB+ públicamente en las últimas décadas, aunque varios lo hicieron años después de su retiro.

Sin embargo, el ejemplo de figuras míticas como Billie Jean King (tenista) y Jason Paul Collins (basquetbolista) a impulsado a deportistas como Carl Nassib a ser el primer jugador activo de la NFL en declararse abiertamente homosexual, lo que también impactó en el tema comercial.

“Fuera de recibir comentarios negativos, particularmente en un deporte tan heteronormado, recibió muestras de apoyo y cariño por parte de la liga, su equipo y la afición. En las 24 horas posteriores a la publicación, su jersey fue el artículo más vendido de la NFL. A pesar de que fue un mensaje muy poderoso, idealmente deberíamos vivir en una sociedad en la que nadie deba salir del clóset”.

En México, más allá de que América y Pumas modificaron sus logos con la bandera arcoíris, han existido acciones más concretas, como la creación de la Federación Mexicana Deportiva de la Diversidad (FMDD) a finales de 2020 y el activismo social de personajes como Janelly Farías, futbolista profesional, y Jorge Luis Martínez, patinador medallista panamericano.

No obstante, estos esfuerzos individuales requieren de la plataforma de ligas e instituciones, recalca López Linaldi: “En nuestro país se ven esfuerzos aislados que son de gran ayuda, pero que no pueden generar un cambio si no están acompañados por las ligas. Falta una educación integral que ayude a marcas, clubes y atletas a sensibilizarse sobre la discriminación alrededor de la industria deportiva en el país”.

Una crítica sigue siendo constante: que las marcas y clubes solo aprovechan fechas especiales como el 28 de junio, Día Internacional del Orgullo LGBT+, para explotarlo con fines comerciales sin un mensaje estratégico a largo plazo.

“Recomiendo a cualquier organización de la industria del deporte en México que antes de planear y ejecutar campañas de comunicación externas, primero sensibilicen a todos sus colaboradores internos; ellos son sus primeros voceros y representantes. Luego de esta sensibilización interna, entonces sería muy bueno que se lancen campañas con la afición deportiva en todo el país”, concluye el especialista.

La oportunidad está más allá de una moda para atraer atención y ganancias. “Creo que el deporte tiene el poder de cambiar el mundo, pero muchas veces los atletas, entrenadores y propietarios no usan esa plataforma con un propósito”, señala Hudson Taylor, CEO de Athlete Ally, una organización sin fines de lucro de EU comprometida a la inclusión LGBT+ en el deporte.

fredi.figueroa@eleconomista.mx