El Liverpool, que disputaba el partido de vuelta de semifinales de Champions frente a la Roma con una clara ventaja (5-2 en la ida), no se dejó sorprender, pese a perder 4-2 en la capital italiana, certificando su pase a la final, que disputará el 26 de mayo en Kiev contra el Real Madrid.

El equipo inglés se adelantó en el minuto 9, por medio del senegalés Sadio Mané, poniendo rápidamente rumbo a la final, antes de que la Roma empatara en el 15, con un tanto en propia meta de James Milner.

Pero el Liverpool recuperó la ventaja con un gol del holandés Georginio Wijnaldum en el 26, llegando con un marcador favorable de 2-1 al descanso.

La Roma necesitaba cuatro goles en el segundo tiempo para empatar la eliminatoria y cinco para clasificarse, pero sólo pudo lograr tres, por medio del bosnio Edin Dzeko (52) y un doblete del belga Radja Nainggolan en los minutos finales (86, 90+4 de penal), lo que le permitió despedirse de la competición con una honrosa victoria.

La Roma, que había remontado tres goles en la vuelta de cuartos de final contra el Barcelona, no pudo repetir esta vez la hazaña, ante un Liverpool que ya estaba avisado.

Los Reds tratarán de lograr su sexto título de la competición europea contra el Real Madrid, en una repetición de la final de 1981, cuando el Liverpool se impuso por 1-0 en París.

Dos finalistas históricos

El Real Madrid, que ganó las seis finales que jugó desde entonces y que eliminó el martes al Bayern Múnich en semifinales, buscará su decimotercer título.

“Merecemos estar en la final al 100 por 100. Nunca llegas sin tener suerte. El Real Madrid también necesitó suerte el martes (en su semifinal contra el Bayern Múnich). Eso es así”, señaló el técnico alemán del Liverpool, Jurgen Klopp.

“Fue una locura. Olvidé el marcador total de la eliminatoria. ¿Fue 7-6, verdad? ¡Increíble!”, añadió Klopp.

Pese a traer una ventaja de tres goles, el técnico alemán Jurgen Klopp fue fiel a su estilo ofensivo y puso a sus tres puntas de inicio, el egipcio Mohamed Salah, el brasileño Roberto Firmino y Mané.

Roma, por su parte, no tenía otra alternativa que plantear un sistema ofensivo, y colocó también tres delanteros, Dzeko, el checo Patrik Schick y Stephan El Shaarawy.

El Liverpool, en sus peligrosos contragolpes, hacía valer su fuerte presencia al frente y se adelantó pronto en el marcador, en el minuto 9, con un tanto de Mané, después de que Firmino robara un balón en el centro del campo, cediendo el balón al senegalés, quien batió al portero brasileño Alisson.

Una jugada de mala fortuna puso pronto de nuevo a la Roma en el partido. En el minuto 15, el croata Dejan Lovren despejó con tan mala suerte que el balón rebotó en su compañero James Milner, permitiendo a los italianos empatar.

El Liverpool se recuperó rápidamente de ese golpe anímico y, fruto de esa ambición de los Reds, llegó su segundo tanto, en el minuto 25, obra de Wijnaldum, cuando el defensa holandés aprovechó un mal despeje de Dzeko para batir de cabeza a Alisson.

Buen final de la Roma

El partido era atractivo para el espectador, con un equipo, la Roma, obligada a buscar goles que le acercaran a la final, y el Liverpool sin renunciar al ataque, multiplicando los contragolpes.

La Roma empató el partido al inicio del segundo tiempo (52) con un tanto de Dzeko al recoger un despeje del portero alemán Loris Karius, tras un disparo de El Shaarawy.

La Roma, que no había lanzado ningún disparo entre los tres palos en el primer tiempo, se mostró más incisiva en el segundo, y en el minuto 63, el árbitro esloveno Damir Skomina no vio una mano clara dentro del área inglesa del lateral derecho del Liverpool, Trent Alexander Arnold.

Con la eliminatoria decidida, la Roma maquilló el resultado con el doblete de Nainggolan, con un disparo desde fuera del área (87) y un penal tras una mano del estonio Ragnar Klavan (90+4).

“Estoy enfadado porque podíamos cumplir un sueño, una lástima no haberlo conseguido. Es una medalla simbólica, hacía muchos años que la Roma no llegaba a estas alturas y quiero ver siempre a mis chicos darlo todo en momentos de dificultad como lo han hecho”, dijo el técnico de la Roma, Eusebio Di Francesco.

“Fue una gran noche, pero no una noche mágica”, resumió el entrenador italiano.