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Leylah Fernández, una centennial al mando
Con 18 años, avanzó 91 puestos en el ranking durante la pandemia, un récord que nadie más consiguió. La familia es su empuje, pero aprovechar cada minuto es una misión personal.

En el rostro de Leylah Fernández no se ocultan los rasgos de niña. Cada que se le hace una pregunta, su primera reacción es una franca sonrisa, como si se tratara de una charla entre niños; pero sus respuestas demuestran todo lo contrario: serenidad, disciplina y el objetivo claro de convertirse en una de las mejores tenistas del mundo.
Ella enseña que ser exitoso no tiene un inicio ni un límite de edad. A sus 18 años, aprovecha cada segundo de vida para llegar a la cima: estudia una licenciatura en administración de negocios, se empeña en ser un ejemplo para su hermana menor y ya está entre las mejores 90 tenistas del mundo (su ranking actual es 88, pero alcanzó el 86 en febrero).
“Ahora estudio negocios, después de mi carrera del tenis, honestamente no sé lo que haré, eso aún está un poco lejos de mi mente, pero sé que quiero ayudar más a los niños, hacer eso en familia, especialmente con mi hermana, comenzar una compañía o abrir una academia”, le cuenta a El Economista.
Leylah Annie Fernández nació en Montreal, Canadá, el 6 de septiembre de 2002, por lo que ya no pertenece a la generación millennial, sino a la nueva categoría: centennial. En apenas tres años compitiendo para la WTA, ha ingresado más de 500,000 dólares en premios, un título junior de Roland Garros y una final a nivel mayor, en el Abierto Mexicano Telcel 2020.
Esa final y otros elementos hacen que Leylah disfrute estar en México al grado de considerarlo “mi segunda casa”. No solo fue Acapulco, en el Abierto GNP de Monterrey ha llegado a cuartos de final dos años consecutivos y, además, confiesa estar encantada con los tacos y la amabilidad de la gente.
Con esa alegría, enfrentará a la eslovaca Viktoria Kuzmova (ranking 28) por sus primeras semifinales en el torneo regiomontano, este viernes por la tarde; si gana, enfrentaría a la vencedora del duelo entre Anna Schmiedlova y Sara Sorribes, campeona del Abierto de Zapopan.
Leylah cuenta que empezó en el tenis desde muy pequeña gracias al entrenamiento de su padre, Jorge Fernández, nacido en Ecuador.
Sin embargo, el 2020 significó un gran paso en su carrera: fue la jugadora con mayor avance en el ranking mundial, saltando 91 posiciones (a principios de año era la número 209 y terminó siendo la 118). Con tal salto, superó a la argentina Nadia Podoroska (avanzó 83 lugares) y a la rumana Gabriela Talaba (78).
Su debut en un circuito mayor fue en octubre de 2016, con apenas 14 años, en el torneo de Hilton Head Island, donde quedó eliminada en primera ronda. En 2017 participó en otros 11 torneos avalados por la Federación Internacional de Tenis (IFT, por sus siglas en inglés) y en 2018 debutó en un WTA 1000 en su país, en la Rogers Cup de Montreal, donde se embolsó 3,260 dólares.
Pero el 2020 marcó su llegada al ansiado sueño: los Grand Slams, para los que se ha preparado toda la vida estudiando el recorrido de atletas exitosos como Mike Tyson, Lionel Messi o Pelé. En ese año apareció en el Australian Open, llegando hasta la cuarta ronda con un total de 40 puntos WTA ganados y un premio de más de 62,000 dólares.
Después vino su participación en el US Open y en Roland Garros, donde consiguió su mejor participación, hasta ahora, en Grand Slams: avanzó hasta dieciseisavos de final. Antes de terminar la preparatoria, pasó de ser la número 728 del mundo a la número 88.
“Eso comenzó desde joven con mi familia, todo es una competición en la casa, hasta cocinar, mi hermana y yo siempre queremos saber quién cocina mejor el desayuno”, recuerda entre risas, pero añade que la competitividad se pone más seria al hablar de tenis: “es mi pasión y siempre quiero mejorar, ser mejor que mi contrincante y eso me empuja a ser una competidora y enseñar que sí puedo llegar al más alto nivel de WTA”.
Leylah responde a esta entrevista con un español bastante fluido y un tono de voz relajado (también habla inglés y francés), porque la conferencia es uno de los pocos momentos de relajación en su ajetreada agenda. Cuando no está viajando para competir, le presta sus oídos a su género musical favorito, el rock de los 80, o le presta sus ojos a Lucky Number Slevin, su película favorita.
Esos son los únicos espacios en los que Leylah puede descansar como lo haría cualquier otra centennial que no está en el Top 100 mundial de tenistas: “Hay días que soy buena estudiante, hago mis deberes y en los exámenes estoy estudiando bien fuerte, pero otros días, soy un poco ociosa y quiero mirar más una película, pero eso es raro. Me gusta estudiar, es una manera de desconectar un poco del tenis y también eso trabaja la mente”.
Su postura se vuelve más seria y aparenta mucho más que 18 años cuando habla del soporte de su familia. Recuerda cómo su padre y entrenador, Jorge Fernández, vendió su auto y su casa para poder viajar a su lado, mientras que su madre, Irene, “ha sacrificado mucho”.
Y ellos no son su único cimiento. Bianca, su hermana menor, juega por lo menos tres roles: es su cómplice de travesuras en sus escasos ratos libres en el año, es su motivación y, al mismo tiempo, es a quien pretende impulsar con su ejemplo, ya que también ella se dedica al tenis. “Bianca es mi mejor amiga”, confiesa sonriente.
Leylah menciona que también tiene una hermana mayor que es dentista y agrega a otro personaje clave en su inspiración: “mi abuelito, Óscar Fernández”, de quien aprendió el mejor consejo de su corta y disciplinada vida: “Estar contenta, cuando tenga dificultades, siempre sonreír y después encontrar soluciones”.
En una entrevista a sus 17 años, le dijo a la Federación Internacional de Tenis que “dado que el tenis es un deporte individual, es muy importante tener y mantener la tenacidad mental”. No es una frase común para una centennial. Pero ella tampoco es una centennial común, es una chica que, con menos de 20 años, empieza a tomar el mando en el mundo del tenis.