Javier Aguirre pasó 16 de los últimos 17 años fuera de México, en territorios como España, Japón, Emiratos Árabes Unidos, y su actual residencia la definió en Egipto.

Es el entrenador mexicano más cosmopolita de la historia, y para el 2022 habrá construido una fortuna de 11.5 millones de dólares, derivados de sus contratos como entrenador. Pero lo más importante que ha logrado el Vasco fue rescatar su prestigio y credibilidad, luego de que en el 2015 se abriera un caso que lo involucra dentro de una operación de amaño de partidos que sirvió para eludir el descenso con Zaragoza.

El expediente de la fiscalía de Valencia le costó su mejor contrato como entrenador. A la par de caer eliminado en los cuartos de final de la Copa de Asia, la Asociación de Futbol de Japón le canceló el contrato por cuatro años y 2.4 millones de dólares anuales. Era un golpe a la credibilidad del entrenador mexicano.

“Los entrenadores que gozan de un buen prestigio normalmente tienen un colchón de credibilidad, que amortigua la caída y ralentiza el impacto negativo de una mala noticia o un escándalo. Un colchón hay que alimentarlo; la credibilidad y la confianza hay que generarlas con trabajo y resultados tanto dentro como fuera de la cancha”, dijo Mario Gurrionero, socio director de la consultora Comunicar es Ganar, que realiza anualmente el ranking de reputación de entrenadores de élite.

Desde hace cinco años, Aguirre no entrena en España, país que lo investiga porque en la cuenta bancaria del entrenador se registraron movimientos que lo involucran con una operación que el presidente de Zaragoza, Agapito Iglesias, utilizó para pagar a jugadores de Levante, para que el club perdiera un juego trascendental para la permanencia del equipo de Javier.

Desde el año pasado, Aguirre es técnico de la selección de Egipto, donde se encuentra la figura del balompié africano y mundial Mohamed Salah, y donde firmó un contrato por cuatro años con valor de 5.6 millones de dólares, el mayor en su carrera.

Francisco Jáuregui, periodista especialista en futbol africano, indicó que Javier Aguirre estuvo en la terna de tres candidatos a dirigir a la selección egipcia, que incluía a un excampeón mundial como Thierry Henry, así como a técnicos de amplio recorrido internacional como Enrique Sánchez Flores y Vahid Halilhodzic.

El proyecto de la federación de futbol de Egipto es uno de los más sólidos del continente africano, y están aprovechando la diáspora de futbolistas que ha aumentado en los últimos años.

“En esto mucho tuvo que ver la Primavera Árabe y la tragedia de Port Said, que hicieron que la Liga local estuviese bastante tiempo parada y obligó a muchos a emigrar en pos de no perder ritmo. Esa apertura también se evidenció en el banquillo de los Faraones. Egipto era muy reacio a la llegada de entrenadores extranjeros, y del 2011 a esta parte ya ha tenido tres: el estadounidense Bob Bradley, Héctor Cúper —en el cargo por más de tres años— y ahora Aguirre”, indicó el creador del blog Sporting África.

El tema de la investigación sobre el amaño de partidos no ha impedido a Javier Aguirre tener trabajo en el mundo árabe, primero en Emiratos Árabes Unidos, con Al Wahda, donde consiguió dos títulos de Copa, y ahora con Egipto, con un contrato de cuatro años, en el que está obligado a ganar la Copa Africana de Naciones que se desarrolla en tierra de los Faraones.

Mario Gurrionero explicó que no todas las crisis son iguales. Es decir, no es la mismo una crisis de resultados que las crisis de filtración de información del vestuario o la pérdida de un sponsor.

“Hay crisis políticas que tienen que ver con los amaños, corrupción, con el dopaje y supuestas denuncias de violación, de extorsión. Nos metemos en algo que ya no sólo es en términos estrictamente deportivos, también social y mediáticamente muy notables. Esas crisis son extraordinarias, donde el grado de exposición, erosión y pérdida de credibilidad para el deportista es mayúscula”, afirmó el especialista.

La credibilidad y enfrentar un proceso judicial le costaron a Aguirre su puesto en Japón, pero ahora busca reposicionar su estatus de entrenador de carácter internacional, multifacético y cosmopolita, lanzando por delante su experiencia en España, Japón, Emiratos Árabes Unidos y ahora Egipto, que lo ha llevado a renunciar a ofertas en México.

“Hubo quienes destacaron su gran currículum y experiencia mundialista y quienes criticaron la no confianza en un técnico local o la problemática del idioma que puede llegar a tener Aguirre al no hablar el árabe o tener que recurrir a un traductor”, dijo Jáuregui.

Mientras, Aguirre enfrenta la Copa Africana, su cuarto torneo de selecciones después de la Copa Oro, Copa América y Copa de Asía.