Jorge Urdiales ingresó a la pista de tartán de CU dando apresurados pasos, urgido de encontrar la escalera que lo llevara al vestidor de su equipo. El Presidente de Monterrey tenía razones de sobra para entrar molesto, hasta pateando un vaso que se le atravesó, mientras llegaba a hablar con sus futbolistas que ayer tuvieron una desafortunada actuación y cayeron 3-2 ante Pumas.

La forma apresurada y el gesto duro del directivo fueron apenas la conclusión de 90 minutos llenos de corajes, decepciones y un sinfín de ademanes que fueron provocados por desatenciones que pocas veces se ven en el equipo dirigido por Víctor Manuel Vucetich.

Apenas cayó el gol de Eduardo Herrera, que puso en ventaja a los locales, Urdiales cruzó los brazos, endureció el rostro, miró el cronómetro de su reloj y clavó la mirada en el monitor que mostraba en la repetición cómo se había hecho agua la defensa de Monterrey, misma zona criticada por el hombre de pantalón largo que, con sus manos y dedo índice derecho, indicaba los recorridos que se dejaron de hacer.

Y el calvario del Presidente del equipo regiomontano, quien al final de la campaña dejará su puesto, apenas iniciaba porque cuando Efraín Velarde anotó el segundo para Pumas. Su cara terminó por descomponerse, se hundió en el asiento y no quiso saber de nada más que no fuera su celular, que fue manejado bruscamente desde ese instante hasta el momento en que inició el segundo tiempo.

Ayer, a Urdiales ni el gol de César Delgado le había hecho sonreír.

Pero lo que sacó de quicio al directivo fue la forma en que Darvin Chávez pecó de exceso de confianza y perdió una pelota que lucía de rutina, y que terminó en un autogol de José María Basanta, situación que provocó que Jorge saltara de su asiento y se alejara del lugar privilegiado que tenía en el palco, esperando sólo el final para bajar al vestuario y hablar fuerte con su plantel que le alcanzó para hacer más decoroso el marcador con el tanto de Héctor Morales.