Samara. La primera ocasión que Joao Miranda dejó el futbol brasileño fue porque su club, Curitiba, tenía problemas económicos.

El jugador aceptó un contrato que mejoraba su situación económica, y el equipo recibía 2 millones de dólares. La venta de jugadores es la segunda aportación a los ingresos de los equipos brasileños y aunque en ese momento significó una oportunidad laboral para el defensa, al cabo de un año terminó regresando al futbol de su país, en este caso a São Paulo.

“Brasil es un país muy grande, con muchos habitantes y repleto de talento. Por la cantidad de jugadores que tiene y exporta. Tienen la calidad para jugar en cualquier parte del mundo y esperamos que sigamos así”, dice el defensor que ha jugado en Atlético de Madrid e Inter de Milán.

Después de esa temporada por la Liga de Francia, cuando tenía 19 años, tuvo que pasar siete años en su país para regresar al futbol europeo. Acumula siete temporadas y más de 270 partidos desde entonces, aunque el camino es complicado, sobre todo por la competencia entre jugadores de su misma nacionalidad.

Según un estudio del CIES Football Observatory del 2018, Brasil es el país que más futbolistas exporta en todo el mundo. Son 1,236 futbolistas repartidos en todo el mundo. Es el único país que tiene un jugador en cada una de las seis confederaciones en las que se divide el futbol.

“Haciendo lo mejor, de acuerdo al pensamiento del entrenador es como puedes permanecer en la Selección”, indicó el defensa que participa en su primer Mundial con Brasil, ya que hace cuatro años fue excluido por Luiz Felipe Scolari en el último corte.

No todos los fichajes de los jugadores brasileños son millonarios como Neymar a Barcelona, o Philippe Coutinho, o al menos no en la primera transferencia. De los 23 seleccionados que acuden en el Mundial de Rusia, 12 iniciaron su trayectoria en Europa en clubes de bajo perfil, en torneos que no son considerados los mejores y no siempre se han mantenido permanentemente en ligas del viejo continente.

“La consolidación ha sido lo más complicado, porque no siempre que juegas bien en tu club son llamados a la Selección”, señala Filipe Luis, lateral izquierdo que en nueve años pasó por cuatro clubes: Real Madrid Castilla, Deportivo La Coruña, Atlético de Madrid y Chelsea.

El defensor del equipo español apenas acumula 34 partidos con la Selección brasileña, a pesar de que tiene 32 años. Desde su debut en el 2009, pasaron cuatro años para ser considerado nuevamente y su presencia ha sido intermitente desde el 2014, ya que ha asistido a 65% de los partidos de la Selección durante el proceso mundialista.

“Mi evolución ha ido por buen camino, cada vez con más confianza, con las cualidades para que el entrenador me ponga a jugar y hacer la diferencia”, añadió el futbolista.

Francia, que según el CIES es el segundo país que más futbolistas exporta en el mundo, tiene un índice 50% menor a Brasil, ya que el año pasado 821 jugadores franceses salieron de su país al extranjero. Argentina, la otra potencia productora de talento, vendió a 760 jugadores hasta mayo del 2018, fecha que toma en cuenta el estudio, y representa 38% de todos los brasileños que salen de su país en busca de mejores oportunidades.

“El jugador siempre ve lo mejor para él y su familia, tiene que aprovechar la oportunidad que aparezca porque no puede esperar a que llegue una oferta de una mejor Liga o un mejor club, sino que le sirva a él y a su familia”, dice Fagner Conserva Lemos, lateral derecho de la Selección brasileña.

El futbolista tiene experiencia de tres temporadas en el futbol europeo, un año en PSV Eindhoven y dos temporadas con Bayer Leverkusen. Aunque su estancia en el futbol europeo no fue continua, debido a que entre el 2009 y 2012 regresó para jugar en Brasil con Vasco da Gama.

“Los brasileños buscamos retos, la adaptación es difícil y a veces si no juegas es más complicado. Nos falta tener paciencia. Muchos jugadores andan de club en club, o regresan a Brasil, pero tienen muchas cualidades y cada vez más el futbolista brasileño va entendiendo de qué se trata”, añade Fagner sobre el espíritu de aventura del jugador brasileño, lo que lo convierte en la potencia exportadora de futbol, aunque para los jugadores en competencia laboral y en algunos casos escasas oportunidades de llegar a la Selección.