Guillermo Vázquez estaba acostumbrado a dirigir equipos multicampeones, con buenos presupuestos y en los que su principal objetivo era ganar títulos. Así fue su carrera desde su debut como entrenador en 2010 hasta el 2016. Pero eso cambió cuando aceptó la dirección técnica del Veracruz.

Su prioridad principal cambió a mantener al equipo en la Primera División —que ya logró el pasado año futbolístico— con una plantilla económicamente inferior a la que tuvo en Pumas y Cruz Azul, los clubes que dirigió en el pasado. Ahora, los títulos son objetivos secundarios para Vázquez Herrera.

“Veracruz es un reto muy grande. Es un equipo que le ha costado estar en una buena posición en años atrás”, sostiene Vázquez.

“Nos tenemos que adaptar a situaciones muy complicadas: entrenamos a temperaturas muy altas, jugamos a nivel del mar y luego es difícil jugar de visitante en ciudades que tienen mucha altura y además los jugadores que llegan se tienen que adaptar rápido, porque a veces llegan iniciado el torneo”.

Vázquez tiene un mal inicio de semestre. Registra tres derrotas y sólo un empate en todas las competencias. Dice que la única forma de salir del mal arranque es que siga trabajando día a día con el plantel.

Para Mario Trejo —Vicepresidente Deportivo del club y quien conoce a Vázquez desde su infancia— menciona que no son palabras que rozan los lugares comunes. Dice que es la única forma que concibe Vázquez para cambiar una situación negativa en el terreno de juego.

“Su cercanía con el jugador, profesionalismo, disciplina y su conocimiento en el terreno de juego, son cualidades que lo han llevado a triunfar en los diferentes clubes en los que ha dirigido. Además es muy fuerte mentalmente”.

Esa última cualidad —sostiene Claudia Rivas, sicóloga y otra amiga de la infancia del técnico— proviene de su ADN familiar. Cuenta que Guillermo Vázquez Mejía, su padre, tenía las mismas características que él.

"Esa fortaleza mental le permitió soportar el golpe de salir de Pumas cuando era jugador, que fue como si lo echaran de su casa y se coronó en Tecos (temporada 93-94). También tuvo el acierto de construir su propia carrera y separarse de la que tuvo su padre, quien también fue un jugador muy importante en la historia de Pumas", opina Rivas.

La mentalidad de Vázquez tuvo una dura prueba, luego de que perdiera la final del Clausura 2013 con el América, cuando dirigía a Cruz Azul. Aquel partido celebrado en el estadio Azteca fue un golpe del que no se pudo recuperar y fue cesado en diciembre de ese mismo año. Posteriormente, para agosto de 2014, regresó al banquillo de Pumas, al que clasificó a la final del Apertura 2015 ante Tigres. Pero otra vez, en los penales, la volvió a perder.

Vázquez salió del club universitario en mayo del 2016 y hasta diciembre pasado fue nombrado con el Veracruz.

“El tiempo que pasan inactivos los entrenadores les ayuda más de lo que parece, porque les permite darle tiempo de ver a sus familias y darse un tiempo de descanso. A él, por sus características y personalidad, también le ayudó”, agrega Rivas.

Trejo añade que la fortaleza mental de Vázquez no cree que esté ligada con psicólogos o coaching deportivos. Cuenta que en su primera etapa con Pumas no contó con alguno de los dos y que, para este torneo con Veracruz, se desprendieron del coaching deportivo que tenían.

“Es una persona seria, que no quiere reflectores y que busca que su trabajo hable por él. Siempre ha sido así. Estoy seguro que hará que el Veracruz repunte. Es un reto que quiere cumplir”, finaliza Trejo.