Samara. Estamos cansados de dar buenos partidos y conseguir nada. Andrés Guardado nació tres meses después de que la selección mexicana disputó su último partido de cuartos de final en un Mundial. Era la Copa del Mundo de 1986 y, en el estadio Universitario, México perdía en la tanda de penales ante Alemania; desde entonces, ninguna selección ha llegado a ubicarse entre los ocho mejores del mundo en un campeonato.

La amnesia infantil funciona en Andrés, como en todas las personas. La Universidad de Emory en Atlanta concluyó que comenzamos a tener memoria a partir de los tres años de edad, lo que significa que Guardado ha visto desde el televisor tres eliminaciones mundialistas de México en octavos de final y otras cuatro las ha experimentado en la cancha.

La primera, en Alemania 2006, y después de esforzarse hasta lesionarse, luego vino Sudáfrica 2010, en donde salió de cambio después de que fuera su primer partido como titular, y en las últimas dos ediciones ha estado todo el tiempo en la cancha.

Cómo en los últimos siete mundiales, la Selección Mexicana perdió en los octavos de final. Es el único equipo que acumula tal cantidad de derrotas en dicha instancia, en la que ha perdido ante campeones del mundo, como Argentina, en dos ocasiones, Alemania y Brasil y selecciones como Bulgaria, Estados Unidos y Holanda.

¿Qué haces cuando has caído tantas veces en la misma instancia en un mundial?

Andrés apenas tenía un par de síntomas que el Journal of Neurophysiology documentó para la decepción, como son dolor en el tórax y fatiga muscular, aunque bien esas dos condiciones pudieron pasar por el cansancio, el agotamiento de perseguir a Neymar, la figura de Brasil y quien con un gol y una asistencia eliminaron a México.

La decepción se siente como piquetes en los músculos y hormigueo que se extiende hasta que aparecen los calambres. También es sentir revuelto el estómago, como si una batidora revolviera tus ilusiones y te las tragaras, así describe la sintomatología la investigación del Journal.

México lleva 24 años tragando decepciones, porque la promesa del quinto partido es una misión que todavía no se puede conseguir.

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“En la medida que el futbol mexicano exporte más jugadores y que compitan y entrenen con los mejores, la selección eventualmente va a dar ese salto de calidad”, fueron las palabras del entrenador Juan Carlos Osorio al terminar el partido ante Brasil.

La referencia del técnico colombiano era sobre las diferencias de competitividad y calidad del futbol mexicano, respecto a un país que es cinco veces campeón del mundo. También porque la calidad de los planteles se refleja en los 14 disparos de los brasileños frente a nueve de los mexicanos.

A falta de que concluya Rusia 2018, México ha terminado entre el décimo y decimotercero lugar de la Copa del Mundo.

Ésa es la realidad del futbol mexicano.

“Tuvimos la oportunidad de terminar primeros de grupo, de poder haber evitado a Brasil, quizá ése es uno de los puntos más importantes que tenemos que aprender para no dejar de hacer las cosas que veníamos haciendo en los otros partidos”, fue la reflexión del Rafael Márquez, capitán de la selección que inició el juego ante Brasil, pero que salió de cambio al medio tiempo.

La competitividad de la que habla Juan Carlos Osorio se resumen en datos: seis de 23 futbolistas de la Selección Mexicana disputaron partidos de alta exigencia que, en definición del técnico colombiano, es enfrentar a los mejores clubes del mundo en los mejores torneos.

Javier Hernández, Jesús Corona y Héctor Herrera son los jugadores que más veces experimentaron la exigencia de la alta competencia, porque Chicharito juega en la Liga Premier de Inglaterra, mientras que los futbolistas de Porto jugaron la temporada pasada Champions League.

Willian y Neymar fueron la muestra más clara de las diferencias entre ambas selecciones. El primero, como una pantera que devoraba a sus rivales con velocidad, con la potencia para imponer sus 175 centímetros frente a Jesús Gallardo y Miguel Layún, físicamente similares, pero que no pudieron contener el regate del delantero de Chelsea.

Aún con la rutina de exageración de Neymar, fue el futbolista que desesperó a los mexicanos, primero con la fragilidad con la que se dejaba caer en cada contacto y luego con los destellos de picardía, agilidad, como en su anotación, que comenzó con un pase de talón a Willian, para que el mediocampista centrara y el delantero sólo empujara el balón.

“Ellos tienen hasta cuatro jugadores que te cambian un partido (...) Es una frustración muy grande, llevó cuatro copas del mundo y siempre ha sido igual, estoy un poco cansado de sólo competir, quiero ganar”, dijo Andrés, con el semblante derrotado, pero sosteniendo con la mano derecha la playera brasileña que cambió con un rival. El recuerdo de una decepción.

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Como en anteriores eliminaciones, después de la derrota es momento para analizar los problemas de por qué el futbol mexicano no puede superar la barrera de los octavos de final.

Las propuestas de los jugadores iban desde la confianza a futbolistas jóvenes, la reducción de extranjeros en la liga o que más jugadores participen en ligas europeas.

Aunque México perdió ante la selección más poderosa a la que ha enfrentado en la fase de los octavos de final, por los cinco títulos mundiales, y le supera en valor en más de 800 millones de dólares de diferencia, había un entorno de optimismo en el equipo.

“Si tuviéramos ese punto de calidad que también tienen otros equipos, seguro el resultado sería diferente”, expresó Andrés Guardado.

Al final, en un ambiente de resignación, donde incluso se derramaron menos lágrimas que en la derrota ante Suecia, la Selección Mexicana quedó eliminada, como ha sido los últimos siete mundiales, en una realidad que indica que no, todavía no estamos para pelear en la élite.