Entre los años 1978 y 1986, los Cóndores de la UNAM hicieron historia dentro de la Categoría Mayor del futbol americano estudiantil en México, al conseguir siete campeonatos en un lapso de nueve temporadas.

El único equipo capaz de hacerles frente, fue una brillante generación de las Águilas Blancas del IPN, que se proclamó bicampeona en las temporadas 1981 y 1982, una generación dorada que fue clave para que el choque entre los Aurinegros del Pedregal y los Volátiles de Santo Tomás tomara prácticamente el lugar de nuevo Clásico Nacional que tradicionalmente ocupó el choque entre Pumas y Burros Blancos, que tras la división en varios equipos representativos de ambas escuadras, se convirtió en un partido entre selecciones al término de cada temporada.

Carlos Flores Mejía vivió un tiempo particularmente tumultuoso en esa época, pero su amor por el Instituto Politécnico Nacional y por su futbol americano, lo llevaron a formar parte de una generación histórica.

“Yo comencé a jugar futbol americano en el Club Cobras, que era propiedad del Dr. Ricardo Leal, y mi primer coach fue José Manuel Saldaña. Mi mayor motivación para acercarme al futbol americano fue mi hermano mayor, que en ese entonces jugaba en los Cheyennes en la Categoría Juvenil”.

Flores jugaría a nivel Juvenil con los Zorros de la Vocacional-3, donde comenzaría a hacer mancuerna con uno de los estandartes de aquella camada politécnica, el QB Carlos Cupido; en intermedia militó con las Águilas de la Vocacional-5, para finalmente llegar a la máxima categoría con las Águilas Blancas en 1979, culminando su elegibilidad en 1983.

“Atesoro el tiempo que viví con mis compañeros en las Águilas Blancas. Quienes integrábamos el cuerpo de receptores éramos conocidos como ‘La Cola del Dragón’ por la explosividad y lo numeroso de nuestra unidad. Entre ellos recuerdo mucho a Alejandro Murillo, Miguel Ramos, Gonzalo Gallegos, Pedro Reyes, Rubén “La Mona” Velázquez y Carlos “Archi” Solís”.

“Desde que jugaba en categoría juvenil, para todos los que éramos politécnicos era nuestro mayor sueño llegar a las Águilas Blancas, y muchos de nosotros nos forjamos ídolos tras el campeonato de 1973. En mi caso particular, tuve la fortuna de que mi mayor ídolo, Hugo Latisnere, fuera mi coach de posición en Liga Mayor, y con él aprendí muchísimo”.

Sobre el ánimo del equipo previo al torneo de 1981, nos platica: “Veníamos muy motivados. Perdimos por escaso margen las finales de los dos torneos anteriores. De hecho, en 1980 perdimos 28-26 en los segundos finales, y por eso teníamos un deseo enorme de conseguir la revancha”.

Al final, los Volátiles de Santo Tomás dieron al IPN su primer campeonato en ocho años, tras vencer en la última jornada por 39-21 a las Águilas Reales, en un torneo donde no hubo playoffs, sino que se decidió por tabla general tras el torneo regular, y donde lograron la ansiada victoria sobre los Cóndores, 35-24. “Fue una satisfacción enorme lograr ese campeonato. Representó simplemente llegar a lo máximo a lo que un jugador de futbol americano en México puede llegar”.

“En 1982 llegamos con toda la determinación de mantenernos en la cima. Éramos los rivales a vencer, y el equipo llegaba con pocas bajas respecto del año anterior. Todos querían superarnos, y cada partido de ese año fue una auténtica final”.

Esta vez sí hubo postemporada, y los politécnicos, luego de vencer 21-9 a los Guerreros Aztecas, dan cuenta en la gran final de los Cóndores por 16-8.

Carlos Flores culminaría su elegibilidad al término de la temporada de 1983, donde nuevamente Cóndores y Águilas Blancas se enfrentan en la gran final, con triunfo para los universitarios por 23-3. Fue ese día cuando Carlos Flores entregó su jersey número 13.

“Culminar mi elegibilidad fue una serie de sentimientos encontrados, que implica mucha alegría y tristeza a la vez. Por un lado es un gran logro, en el que valoras todo lo que has sacrificado para jugar tus cinco temporadas de liga mayor, pero por otro lado te das cuenta de que ha llegado el momento de emprender un nuevo camino, el de tu vida profesional”, reconoce el Licenciado en Relaciones Comerciales egresado de la Escuela Superior de Contaduría y Administración (ESCA).

A lo largo de sus cinco años de elegibilidad, el Clásico de Selecciones se jugó únicamente en una temporada, la de 1981, donde los Burros Blancos se impusieron a los Pumas por 23-20. “No lamento la falta de Clásicos durante mi elegibilidad, logré mi objetivo básico dentro del futbol americano, que fue el de jugar y divertirme”.

“Al futbol americano le debo todo. Mi carrera, mi trabajo, mi esposa, mis dos hijos y dos nietas extraordinarias, además de que un tercer nieto ya viene en camino. Me permitió además hacerme de grandes amistades, tanto en mi equipo como entre mis rivales”.

No pudimos resistir la tentación de preguntarle si tenía alguna anécdota que contar con su mentor, el Dr. Jacinto Licea Mendoza. “Para él siempre tendré una gratitud enorme, no solo por sus enseñanzas dentro del equipo, sino porque en 1981 él mismo me operó del hombro izquierdo, y quedé muy bien después del procedimiento”.

Flores Mejía ha permanecido ligado al futbol americano del IPN, trabajando en las organizaciones Águilas Blancas, Pieles Rojas, Lobos Plateados de ESIA y actualmente en el staff de los Búhos del IPN. Ha sido además representante institucional ante ONEFA de las organizaciones Carneros y Arizona Cardinals, ambas de Guadalajara, y también de los Vietnamitas de Prepa-9, a nivel juvenil e infantil.

“Trabajé muchos años al lado de mi gran amigo Alejandro Murillo, quien falleció en un accidente automovilístico, y entre otros amigos que hice en los emparrillados puedo citar a Luis Aguilar, Enrique Corona, Héctor Moreno y Roberto Nájera”.

Para finalizar, manda un consejo a los jóvenes que aspiran llegar a las alturas que él alcanzó dentro de la Categoría Mayor: “Ahora que estamos en pandemia, les recomiendo mucha paciencia, pero que cuando finalmente se reabran los campos de entrenamiento y de juego, que siempre del 100% en el campo. La vida dentro del futbol americano es muy corta, pero te aporta todo lo que necesitas saber para la vida entera”.

ONEFA / Salvador Larios Pérez

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