El balón volverá a rodar en Ciudad Juárez por primera vez en el 2021. El futbol, además de ofrecer esparcimiento a los ciudadanos, es una herramienta de identidad, generadora de empleos y un arma para combatir la violencia en las ciudades catalogadas como las más peligrosas del mundo por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia en 2019.

Ese mismo año significó no solo la entrada del Club Juárez a la Liga MX, también la creación de siete escuelas para niños y jóvenes, donde además de futbol se inculcan valores para la vida cotidiana. Al día de hoy, la comunidad de futbolistas de Bravos está conformada por entre 800 y 900 jóvenes repartidos en todas sus categorías, en las ramas varonil y femenil, incluido el primer equipo. De entre ellos, el 70% son originarios de Chihuahua.

“Para los jóvenes que viven en Juárez, (el equipo) abre una alternativa para poder hacer deporte. La oportunidad para que podamos multiplicar alianzas con asociaciones civiles, gobierno, con empresas y nuestra finalidad es generar programas que ayuden a la gente a cultivar esperanzas, solidaridad y el deseo de mejorar”, compartió a El Economista Jaime González, Director de Marketing del FC Juárez.

Además, el directivo indicó que uno de los proyectos que está por incluir el club es la promoción y accesibilidad de la educación entre todos los integrantes de sus equipos a través de convenios con instituciones educativas, así como el aumento de sus escuelas de futbol y la construcción del nuevo estadio.

En el ámbito económico, la franquicia originó cerca de 3,000 empleos directos e indirectos y, fuera del contexto de la pandemia de covid-19, los días de partidos movilizan al sector alimenticio, de servicios y comercial.

Uno de los principales aportes que genera Bravos en Ciudad Juárez, de acuerdo a la perspectiva del Dr. Luis Manuel Lara, sociólogo del deporte y académico en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, tiene que ver con brindar una  identidad a una región que en los últimos años se ha estado constituyendo como futbolera pero que ha sufrido la pérdida primero del equipo de Cobras y luego de Indios.

“Siendo un nicho beisbolero y de basquetbol, Ciudad Juárez se está constituyendo como una frontera, a la par del sur de Estados Unidos, que también está pujando fuerte por el futbol. El elemento binacional que implica Bravos con las ciudades de El Paso y de Nuevo México también tiene este vínculo de tránsito. Hay un impacto que va conformando a la ciudad, tanto en los elementos que vemos inmediatamente económicos y culturales, como a futuro”.

El sociólogo explica que aún viviendo la violencia más intensa en el periodo de 2008 a 2012 y con ello la incertidumbre de salir a las calles, Indios de Ciudad Juárez vivió el auge de su afición que no dejaba de asistir al estadio, situación que no generó el basquetbol ni el beisbol.

La conformación del Estado por ciudadanos de distintas regiones, incluido el centro del país, combinado con la semilla que plantaron Cobras e Indios, generó un germen de cultivo para la joven franquicia y, de acuerdo a cifras proporcionadas por el equipo, el 70 % de la población que vive en Juárez, le va a Bravos.

González indicó que la filosofía de ser Bravo significa ser un indomable promotor del bien común, además, identifica a los juarenses como personas que viven “con los brazos abiertos, somos entrones, actuamos con franqueza”. Entre las características demográficas de sus fans sus edades se concentran entre 18 y 35 años, familias con uno o dos hijos y se encuentra casi equilibrado entre hombres y mujeres.

¿Qué estudios recientes existen sobre el impacto que genera en una ciudad los buenos resultados deportivos?

“Sin haber un estudio como tal y partiendo de unas primeras notas, los logros en diversos ámbitos como el cultural, educativo, financiero, siempre le dan un realce político-identitario a las comunidades. Ciudad Juárez tal vez nunca se pueda quitar esa idea de ser una ciudad donde asesinan mujeres o donde hay mucho libertinaje, pero un éxito a nivel deportivo, un impacto a mediano o largo plazo como lo ha tenido Xolos de Tijuana, Santos de Torreón, como lo tuvo en su momento Tiburones de Veracruz, generan un insumo, una nueva identidad o faceta identitaria de la ciudad, lo financiero lo tiene en la industria maquiladora, en el ámbito educativo ahí lo va manejando. Tal vez le hace falta en el ámbito deportivo”, concluyó Lara.

fernanda.vazquez@eleconomista.mx