Londres. Lo ha decidido ya Usain Bolt: será él, y nadie además de él, quien pueda vencerlo. Fue cínico e insolente el jamaiquino al ponerle firma ayer a una de las hazañas olímpicas que jamás se haya conocido. Si el hombre aún no sabe qué se siente volar sin alas, este superhumano sí.

Lo hizo ayer, Usain, corriendo sobre sus pasos, esos mismos que lo llevaron a coronarse en los 100 metros planos el domingo y ayer en los 200 metros, durante los ya agonizantes Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Parecía una sincronía perfecta: Bolt, un cronómetro, el estadio… El mundo entero quiso detenerse a ver cómo bastaban 19.32 segundos para despedazar 116 años de historia, en los que ningún velocista se había coronado bicampeón en los 100 y 200 metros planos en una justa veraniega.

Sólo Bolt, y quizá con la versión de ayer podría, de haberse encontrado con él, Michael Johnson amenazar el título. Hombre que voló en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 y sorprendió al mundo con sus 19.32 segundos, los mismos que ayer Usain.

Pero no. Es ya, el jamaiquino el único rey del universo, el hombre más veloz del mundo, el que quizá hubiera podido romper su marca histórica (19.19 segundos) conseguida en el Mundial de Atletismo del 2009, pero no pudo. O no quiso.

Porque justo metros antes de cruzar la meta, desaceleró el paso, como si con su luz no quisiera opacar a sus compatriotas, de ojos desorbitados,al querer alcanzarlo… y no. Johan Blake, La Bestia, el amigo orgulloso de los triunfos, cerró con 19.44 segundos la carrera, mientras que Warren Weir fue tercero con 19.84 segundos.

Hay que abrirle paso a Bolt. Al DJ que de tanta afición a la música ya tiene su propia discoteca en Kingston. Dios de piel chocolate, que baja a la Tierra sólo cuando los niños, esos que siempre se le cuelgan sin dejar un espacio en sus extensas piernas, le exigen que corra con ellos. La gente cuando me ve en la calle me dice ‘Corre, Usain’ y no hago caso. Con ellos (los niños) es con los únicos con quienes acepto correr cuando no compito , ha confesado el jamaiquino.

Él es todo un personaje, dentro y fuera del tartán. Cuando en la línea de salida juguetea, baila, saluda apenas girando la mano, como todo un rey, cuando destroza casi sin esfuerzo a sus contrincantes, cuando besa el carril número siete, cómplice de esta historia que lo elevó a algo más que leyenda.

Aclamen al rey cuando pasea sinvergüenza por la circunferencia del tartán con los colores de su país envolviendo su espalda, con las gotas de sudor aún escurriendo de su incansablemente feliz rostro. Todos quieren tener un recuerdo de él y se pelean en las gradas por tocarlo, por sentir el más sencillo roce de su mano, por apreciarlo de cerca.

Hagan reverencia al Relámpago, al veloz jamaicano que apronta el paso, que anticipó que los 200 metros serían especiales. Veánlo y lo sabrán . Acelera, esta vez sí, rumbo a la gloria. Porque está claro que lo merece, que a sus casi 26 años, Bolt merece esto y más: mirar desde las alturas su reino. Venga Usain, el mundo es todo tuyo.

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