El Teatro de los sueños juega con el tiempo. Para el Manchester United los minutos pasan rápido, se escabullen en cada oportunidad de gol, en cada jugada. Para los rivales en turno, en cambio, cada segundo se convierte en angustia, escalofríos prolongados que estimulan sus gradas.

Eric Antequera, socio del Manchester United desde hace seis años ya ni siquiera necesita cerrar los ojos para situarse caminando por la calle Sir Matt Busby Way, que lleva ese nombre en honor a un legendario estratega del los Red Devils pues para él desde ahí comienza una visita a Old Trafford .

Ya en camino al Teatro de los sueños pone otros de sus sentidos en alerta, el auditivo. Sus oídos podrían reproducir como una cinta las veces que fuera necesario el Take me home, United road, to a place that i belong to Old Trafford, to see United . Un cántico que lo hace sentir que no está sólo aunque algunas veces así asista al estadio, sin más compañía que su casaca escarlata.

Son cinco horas antes del comienzo del partido pero en días de juego el estadio hace lo suyo y como un acto de nigromancia se extiende más allá de los 105 metros de largo y 68 de ancho que tiene de dimensión.

El portero del bar The Bishop Blaize ubicado a un costado del recinto se reserva el derecho de admisión y ya espera en la entrada a los aficionados que tendrán que presentar su tiket o carnet que los acredite como socios locales para poder ofrecerles una cerveza.

Algunos otros fanáticos prefieren calentar el encuentro y esperan en las calles. Congregados en grupos grandes o pequeños, pero todos como un muégano rubí de integrantes sonrientes, placidos, firmes y seguros…están en casa.

Es hora de entrar a aquel recinto, ese que para Antequera no tiene mejor presentación que los nombres de los actores que le han dado vida Denis Law, Bobby Charlton, George Best, Éric Cantona.

Ya adentro, el socio de los Red Evils que ya ha visitado otros estadios como el Anfield de Liverpool y Stamford Bridge del Chelsea puede decir que todos los campos ingleses son calderas, ollas a presión, donde un rival que visita lo pasa realmente mal , pero advierte que la diferencia de estar en Old Trafford es la capacidad del estadio, que al ser el más grande de Inglaterra con 76,000 lugares para sus supporters (fans) lo hace increíble .

El balón corre por aquí por allá, en el conjunto rival cae como un yunque cada uno de los 102 años de historia que tiene Old Trafford. Los aficionados se mantienen en pie hasta que los sosiega el primer gol, sus cuerdas bucales entonan el Eric The King o el We love United , que taladran en cada una de sus pausas la sien de los jugadores rivales. No hay minutos de silencio la función ya comenzó.

Estiran sus bufandas y luego las arrullan de derecha a izquierda, como un mago tratando de hipnotizar a una serpiente. Son 90 minutos que pasan rápido si eres el conjunto local, demasiado agónico y lento si eres visitante .

Cuando llega el fin del encuentro sin importar el resultado los hinchas lanzan su última consigna, esa que revivirá la pesadilla que hoy le tocó vivir al rival en turno: ¡Glory Glory ManUnited!... Así de despide Old Trafford los días de partido que tiene voz. El Teatro de los sueños para los Red Devils, una mítica pesadilla para cualquier rival.