Gobiernos estatales y municipales invirtieron 837 millones de pesos en la construcción o remodelación de estadios de futbol que actualmente no tienen el uso para el que fueron destinados los recursos públicos. Desde hace 10 años, clubes de Liga de Ascenso se vieron beneficiados por 1,964.8 millones de pesos del dinero público para la construcción de estadios nuevos y remodelación o ampliación de inmuebles, pero debido a los constantes cambios de sede y los descensos de categoría, actualmente cinco estadios se encuentran subutilizados.

Estadios abandonados y que sirvieron como estacionamiento privado para vehículos, e inmuebles que con menos de 10 años de vida dejaron de tener uso cuando los dueños de la franquicia del equipo que tenía como sede ese estadio movió el equipo a otra ciudad por problemas económicos. También un estadio nuevo con un costo 460 millones de pesos, pero que ni siquiera tiene un club definido que juegue en la sede.

Cada año en la Liga de Ascenso se registra un promedio de tres cambios de sede en la categoría. Como lo consignó El Economista en días pasados, sólo cuatro clubes son dueños de sus estadios, aunque tres de ellos representan a universidades públicas, lo que quiere decir que, si no son autosuficientes financieramente, pueden vender la franquicia y dejar el estadio sin futbol profesional.

La poca estabilidad de las franquicias en Ascenso provocó que estadios como la Arena Cora, Estadio Olímpico de Tapachula, estadio Altamira, estadio Tlahuicole y estadio Mazatlán, que recibieron fondos públicos, actualmente se encuentran sin uso por equipos de Liga de Ascenso, algunos porque los clubes que jugaban ahí cambiaron de sede y otros porque no cumplieron con los tiempos de construcción y los equipos no pudieron participar.

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Tapachula fue el escenario más vivo de la Liga de Ascenso durante la temporada 2017-2018. En la frontera sur del país la franquicia que llegó como una promesa de regresar el futbol de Primera División a Chiapas contagió a los aficionados, que durante los tres primeros tres torneos cortos del equipo, luego de la mudanza de franquicia desde Altamira, impusieron un promedio de asistencia de más 9,000 aficionados por partido.

El proyecto también convenció al gobierno estatal, que inyectó 20 millones de pesos para las adecuaciones del inmueble para participar en Liga de Ascenso; un año después se aprobaron 40 millones de pesos adicionales para la ampliación del estadio Olímpico de Tapachula a un aforo superior a 20,000 aficionados, y así cumplir con las nuevas especificaciones que la Liga MX impuso a los equipos que buscaban llegar a la Primera División.

“Hemos sido un equipo cercano a la gente, apoyando al talento local y, aunado al éxito deportivo, ayuda a que crezca la marca. La estrategia de precios bajos que tuvimos por un tiempo dio resultados y hoy tenemos un estadio donde se paga más por los boletos y hay más abonados”, explica Gabriel Orantes, presidente de Cafetaleros sobre los 17,697 aficionados que asistían en promedio a los partidos del equipo en el Clausura 2018.

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El torneo pasado, la directiva de Cafetaleros informó que mudaron la franquicia a Tuxtla Gutiérrez, la capital del estado, debido a la poca respuesta de aficionados en el estadio que representó 40% por debajo del promedio general de la Liga de Ascenso.

Con una decisión dirigencial, un estadio que sirvió de estacionamiento y que no tuvo uso durante más de 10 años, sólo disfrutó de tres años de actividad profesional en el futbol. Actualmente es sede del equipo filial de Cafetaleros que participa en Liga Premier (Segunda División).

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Coyotes de Tlaxcala se ganó su lugar en Liga de Ascenso por la vía deportiva, al ganar la final de la Segunda División en 2016. Sin embargo, el estadio Tlahuicole no cumplía con las especificaciones de la Liga MX, al menos 15,000 espectadores y palcos, vestidores.

La directiva pidió un año de permiso, no jugaría en Liga de Ascenso, mientras el gobierno estatal destinó 180 millones de pesos para la remodelación del estadio. El proyecto de infraestructura no cumplió con los plazos establecidos y Coyotes no pudo participar en Liga de Ascenso.

El caso más reciente donde el dinero público está involucrado en la construcción de un estadio fue para el nuevo inmueble en Mazatlán, con un costo de 460 millones de pesos. Es la segunda inversión más alta de un gobierno en un estadio de futbol para Liga de Ascenso, pero lo más significativo del estadio es que no tienen un club definido que vaya a jugar la próxima temporada.

En teoría, sería casa del Pacific FC, club sinaloense de Liga Premier. Sin embargo, los dueños congelaron la franquicia durante un año, y las versiones extraoficiales indican que será la franquicia de la Familia San Román (Alebrijes de Oaxaca), que pidieron un año de permiso ante la Liga MX, para regresar a jugar con un nuevo estadio de Mazatlán.