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Líneas rojas
La inteligencia artificial promete transformar economías, empleos y profesiones, pero su desarrollo también entraña riesgos sin precedentes. Establecer líneas rojas será clave ante una tecnología cada vez más poderosa.

La inteligencia artificial promete transformar economías, empleos y profesiones, pero su desarrollo también entraña riesgos sin precedentes.
La inteligencia artificial (IA) obra entre nosotros y poco se repara que ha llegado para constituir un antes y un después en la historia humana. No sólo son sus posibilidades sin parangón de potenciar y redireccionar el desarrollo y el mundo del trabajo, así como la vida social y cultural toda. Son también los riesgos y puntos de no retorno que generará en esa la gran transición que viene con ella. Refiero la transición, aún incomprendida, del Homo sapiens (Economicus o no), y del Antropoceno a la era del IA-Ceno.
Subrayemos: partimos de una ignorancia supina sobre los significados, alcances, posibilidades y riesgos de la IA. Tomadores de decisiones, gobernantes y analistas todavía hoy, en su inacción, se preguntan sino es que hay una exageración al referir sus alcances y peligros.
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Hace un año, en el marco de la 80ª Asamblea General de Naciones Unidas, un grupo de poco más de 300 líderes globales realizó un Llamado mundial para establecer líneas rojas en la inteligencia artificial. El objetivo fue explicito e imperativo: prevenir riesgos inaceptables asociados con el desarrollo y uso de la IA.
En su parte central el Llamado dice: “La IA tiene un inmenso potencial para mejorar el bienestar humano, pero su trayectoria actual presenta peligros sin precedentes. La IA podría pronto superar con creces las capacidades humanas y agravar riesgos como las pandemias provocadas, la desinformación generalizada, la manipulación a gran escala de personas, incluidos los niños, los problemas de seguridad nacional e internacional, el desempleo masivo y las violaciones sistemáticas de los derechos humanos”.
Casi simultáneamente, el reporte de Stanford sobre el Índice de IA (2025 Stanford AI Index Report) complementó el llamado por líneas rojas, con datos e información que dan respuesta a todos esos personajes que, a pesar de estar en posiciones para hacerlo, no deciden, no gobiernan, ni tampoco analizan, respectivamente.
De ocho dimensiones críticas de desempeño humano versus el técnico de la IA, Stanford mostró que ésta ya superaba en siete. Estas son clasificación de imágenes, comprensión lectora multinivel, dominio del lenguaje multitareas, interrogantes científicas a nivel de doctorado, razonamiento visual, entendimiento del idioma inglés y nivel de competencia matemática.
La única dimensión en la que el desempeño de las capacidades humanas aún superaba a la IA fue la de razonamiento y entendimiento multimodal. Pero, como habremos de ver, no será por mucho tiempo.
Más aún, en las últimas semanas Open AI, Anthropic, xAI, Google, dentro de otros de los grandes corporativos tecnológicos que vienen desarrollándola a pasos cuánticos, han urgido sobre la necesidad de regular la IA ante los problemas de seguridad y de escenarios extremos que puedan derivar.
Las “líneas rojas” del mundo del trabajo
Los empleos repetitivos, de naturaleza manual, y peligrosos de la industria, el comercio y los servicios serán desplazados por los algoritmos y los robots de la IA y eventualmente desaparecerán. Será la culminación de un largo proceso que empezó con la informática y se aceleró con la industria 4.0.
Lo más sorprendente, empero, será que una gama de profesiones tenidas hasta aquí como venerables e intocables, estarán crecientemente en entredicho: interpretes, traductores, historiadores, representantes comerciales, asistentes de vuelo, autores y escritores, programadores CNC, operadores telefónicos, locutores, DJs, empleados de agencias de viajes, taquilleros, editores, periodistas, desarrolladores de software, abogados, vendedores, supervisores, inspectores, auditores, contadores, agentes inmobiliarios, enfermeros, etc., etc. En verdad la lista puede ser interminable.
La parte positiva es que a la par del desplazamiento, asistiremos a la creación de nuevos empleos –como entrenadores de robots, curadores de datos, etc.– y a la revaloración de especialidades cuyas destrezas serán críticas para las economías, empresas y fábricas inteligentes que devendrán con la IA; como los creadores de modelos de resolución de problemas, sistemas de diseño y sistemas de innovación.
Más aún, los saldos en el medio y largo plazos en términos de empleo podrían ser positivos. Por ejemplo, el Foro Económico Mundial espera que al 2030 se habrán creado 170 millones de empleos resultado de los impactos catalizadores de la IA sobre las economías. Cifra mucho menor que los 78 millones que se pronóstica desaparecerán.
Sin embargo, las cifras van y vienen, y otras tantas definen un futuro menos optimista para el empleo. Algunos, por ejemplo, advierten que poco más de 40% de los empleadores globales eliminarán empleos conforme la AI posibilite automatizarlos.
En verdad la tarea más inmediata es la regulación, enseñanza y gestión de la IA antes de que estos sistemas sean todavía más poderosos. Imaginemos una IA sin controles sustituyendo alguna de las profesiones listadas antes. Hablando de periodismo, ¿qué periodismo resultará con una IA sin controles, delirando o en franco plan de desinformación o manipulación?
Hay que retener las palabras del Alto Comisionado del Consejo de Derechos Humanos de ONU, Volker Türk: “Una IA suficientemente avanzada podría representar un riesgo existencial para la humanidad”.



