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90 días para la nueva jornada laboral en México
A tres meses de que comience la implementación de la nueva jornada laboral en México, sólo una de cada cuatro empresas ha iniciado su preparación. El reto incluye el registro de horas, la reducción paulatina de turnos y ajustes en la operación.

A tres meses de que comience la implementación de la nueva jornada laboral en México, sólo una de cada cuatro empresas ha iniciado su preparación.
En tres meses comienza la implementación de la nueva jornada laboral en México, la cual contempla una reducción paulatina de la semana de trabajo de 48 a 40 horas, el registro del tiempo laborado por cada empleado y nuevas reglas para el pago de las horas extra, pero sólo una de cada cuatro empresas ha comenzado a prepararse o ya está lista para los cambios.
La reforma que incluyó cambios tanto en la Constitución como en la Ley Federal del Trabajo ya está en vigor, lo que está pendiente es la aplicación gradual contemplada en las disposiciones transitorias. Los cambios no son opcionales.
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Sin embargo, muchas organizaciones todavía no han comenzado a prepararse. De acuerdo con un estudio realizado por EY en México, sólo el 27% de las empresas ha emprendido acciones concretas para ajustar sus operaciones en función de la transición en puerta. El resto sabe lo que viene, pero no ha ejecutado nada concreto todavía.
Otra medición refleja un panorama no muy diferente. Según un informe de tendencias de Kelly en el país, sólo 18% de las empresas se encuentra totalmente preparada y un porcentaje igual parcialmente preparada para los cambios que comienzan a operar el 1 de enero.
El calendario, sin embargo, sigue avanzando.
Para dimensionarlo: en México hay alrededor de 5.4 millones de empresas.
Lo más inmediato es la puesta en marcha del registro electrónico de las horas de trabajo de cada empleado, lo que se ha conocido coloquialmente como el regreso del “reloj checador”. Esto aplica desde el 1 de enero, aunque todavía falta conocer las reglas de operación que debe emitir la Secretaría del Trabajo, entre ellas su ámbito de aplicación y las excepciones.
Lo otro es la reducción de la jornada de trabajo de 48 a 46 horas semanales, el primero de cuatro ajustes anuales para llegar a 40 horas en 2030.
El primer paso para prepararse no es decidir qué horario tendrá la empresa a partir de enero, sino entender cómo trabaja hoy.
¿Están mapeadas las horas que realmente trabaja cada área y cada empleado? ¿Qué tipos de jornadas existen dentro de la organización? ¿Dónde se concentran las horas extra? ¿Qué puestos requieren una cobertura continua? Son algunas de las interrogantes que permitirán hacer una radiografía para el punto de partida.
Después viene la decisión sobre cómo enfrentar la reducción. En 2027 serán sólo dos horas menos y para algunas empresas puede resultar más práctico pagarlas como tiempo extraordinario que reorganizar turnos o ampliar la plantilla. Para otras, la respuesta puede estar en modificar horarios, procesos o incorporar tecnología.
El estudio de Kelly muestra parte de estas preocupaciones, pues el 36% de las empresas anticipa una reorganización de horarios y turnos, 21% prevé un aumento de los costos laborales y 18% considera necesaria una inversión en automatización o tecnología para mantener la eficiencia ante la reducción de la jornada.
La implementación va más allá de un simple ajuste de horas, por lo que demanda una participación activa de todo el liderazgo de la organización. No puede ser una tarea que recaiga exclusivamente en Recursos Humanos, área que sin duda tendrá un papel clave, pero las decisiones sobre costos, productividad, procesos y tecnología van mucho más allá.
Quedan alrededor de 90 días para hacer ese trabajo. No es demasiado tiempo si todavía hay que diagnosticar la situación actual, evaluar alternativas, tomar decisiones, preparar sistemas, ajustar procesos y comunicar los cambios a los trabajadores. Esperar a enero para comenzar implicaría desperdiciar el periodo de transición que justamente contempla la reforma.
La discusión ya no es si la jornada de 40 horas llegará o cuándo lo hará. Eso ya está definido. La pregunta para cada empresa es qué está haciendo hoy para prepararse. El tiempo corre y lo ideal sería que nadie quiera que la reforma lo agarre con los dedos en la puerta.



