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Capital Humano

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Horas extra: ¿Qué intentan decirnos sobre la forma en que estamos operando?

Cuando una organización depende estructuralmente del tiempo extra para funcionar, la conversación deja de ser únicamente laboral, se convierte en una conversación sobre productividad, liderazgo, procesos y diseño organizacional.

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Cuando una organización depende estructuralmente del tiempo extra para funcionar, la conversación deja de ser únicamente laboral.FOTO: SHUTTERSTOCK.

Luis M. Peña

Hay síntomas que se vuelven tan comunes que dejamos de cuestionarlos.  Sucede con las personas. Y también con las organizaciones.

Las horas extra son un buen ejemplo de ello. Aparecen en reportes, tableros, reuniones y discusiones presupuestales. Las medimos, las comparamos y las reportamos, sin embargo, pocas veces nos detenemos a preguntarnos qué están intentando decirnos.

Durante los últimos años, he tenido la oportunidad de acompañar a organizaciones muy distintas entre sí. Algunas con cargas de trabajo enormes, operaciones complejas y exigencias constantes que funcionan con niveles relativamente bajos de tiempo extra. Otras donde el tiempo extra parece formar parte natural de la operación.

Esa diferencia siempre me ha parecido fascinante, porque pone en evidencia una realidad que pocas veces discutimos: las horas extra pueden ser necesarias en determinados momentos. El problema aparece cuando dejan de ser una excepción y se convierten en una estrategia operativa.

La conversación suele centrarse en cuánto cuestan, cuántas se generan o quién las autoriza. Son preguntas importantes, pero la más valiosa es: ¿por qué existen?

Las causas pueden ser muy distintas. En algunas organizaciones predominan los problemas de planeación. La operación vive permanentemente en urgencia, los materiales o los proveedores se retrasan y los programas de producción cambian constantemente. Lo extraordinario termina convirtiéndose en rutina.

En otras, las horas extra compensan procesos que nadie ha cuestionado durante años: reportes que nadie utiliza, aprobaciones innecesarias, actividades duplicadas, retrabajos o burocracia que terminó normalizándose. También existen casos donde el origen está en el liderazgo: decisiones tomadas lejos de la realidad diaria de quienes ejecutan el trabajo, supervisión insuficiente o escasa visibilidad sobre los verdaderos cuellos de botella.

En ocasiones, el problema está en los incentivos. Las organizaciones obtienen exactamente los comportamientos que premian. Cuando ciertas dinámicas económicas favorecen la generación de tiempo extra, la conversación deja de ser operativa y se convierte en una conversación sobre el diseño mismo del sistema.

También existen mercados laborales donde el ingreso familiar de muchas personas depende significativamente del tiempo extra, modelos de compensación que terminan normalizando jornadas extendidas y organizaciones que, sin haberlo planeado necesariamente, incorporaron el tiempo extra como un componente estructural de su forma de operar.

Por eso la discusión sobre la reducción de jornada resulta tan interesante. Gran parte del debate se concentra en el impacto que podría tener sobre las horas extra. Sin embargo, la experiencia muestra que existen organizaciones con cargas de trabajo igualmente demandantes, niveles de productividad extraordinarios y una dependencia mucho menor del tiempo extra.  ¿Qué las hace diferentes?

La diferencia rara vez se explica por trabajar menos. Normalmente se explica por operar mejor: mejor planeación, procesos más eficientes, liderazgo cercano a la operación y decisiones más informadas.

Una conversación que más más allá de lo laboral

Cuando una organización depende estructuralmente del tiempo extra para funcionar, la conversación deja de ser únicamente laboral Se convierte en una conversación sobre productividad, liderazgo, procesos y diseño organizacional.

La mayoría de las organizaciones tienen información abundante sobre sus horas extra. Saben cuánto pagan, cuántas generan, en qué áreas se concentran y cuáles son sus tendencias mensuales. Pero pocas entienden realmente sus causas.

Las horas extra generan mucha información. No necesariamente mucho entendimiento.

De alguna manera sucede lo mismo que en la medicina. Un médico no observa únicamente la temperatura de un paciente. La fiebre es un dato. Lo verdaderamente importante es descubrir qué la está provocando, analizar patrones, entender tendencias e identificar causas.

Con las horas extra debería ocurrir algo parecido. Lo importante no es solamente saber cuántas existen, sino entender qué están intentando decirnos.

Cuando una organización detecta niveles elevados de tiempo extra, conviene comenzar con algunas preguntas sencillas:

  • ¿Dónde se originan realmente?
  • ¿Son consecuencia de picos excepcionales o de problemas recurrentes?
  • ¿Qué procesos las generan con mayor frecuencia?
  • ¿Qué patrones aparecen por turno, supervisor, área o centro de trabajo?
  • ¿Existen incentivos que favorecen su permanencia?
  • ¿Qué porcentaje responde a necesidades legítimas de la operación y qué porcentaje a ineficiencias que hemos aprendido a tolerar?
  • ¿Las estamos administrando o realmente las estamos entendiendo?
  • ¿Nuestro reto es reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas o tenemos un reto mayor?

Porque, en el fondo, las horas extra no son únicamente un indicador laboral. Son una fuente de inteligencia operativa.

Y quizá la discusión más importante no sea cuántas horas extra tiene una empresa.

La pregunta realmente importante es: ¿qué nos están intentando decir las horas extra sobre la forma en que estamos operando?

Luis M. Peña

Licenciado en Contaduría Pública, con cerca de 20 años de experiencia en el área de impuestos relacionados con el pago de nómina. Amplia experiencia en Fusiones y Adquisiciones (M&A) y procesos de Due Diligence desde la perspectiva de Recursos Humanos. Experto en temas de Compensaciones, Seguridad Social y Vivienda.

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