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Bistronomie

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Dime qué comes y te diré a qué hueles: La ciencia detrás del aroma que deja tu alimentación

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Carne roja, pollo, verduras, especias o una dieta equilibrada influyen de manera distinta en la química del organismo y en la forma en que las bacterias de la piel transforman ese sudor en olor.

Diego López

Durante años se creyó que el olor corporal era consecuencia exclusiva de la higiene personal o de la cantidad de sudor que producía una persona. Hoy la ciencia sabe que la historia comienza mucho antes, en la cocina. Lo que desayunamos, la carne que elegimos, las verduras que consumimos e incluso la cantidad de agua que bebemos terminan formando parte de la identidad aromática de cada individuo.

El cuerpo humano prácticamente no produce olor por sí mismo. El sudor es, en esencia, inodoro. El verdadero protagonista aparece cuando ese sudor entra en contacto con las bacterias que viven naturalmente sobre la piel. En ese momento se generan compuestos volátiles responsables del aroma característico de cada persona. La alimentación modifica esa ecuación al cambiar tanto la composición del sudor como el metabolismo y hasta la microbiota que habita el organismo.

No todas las proteínas huelen igual

Uno de los alimentos que más interés ha despertado entre los investigadores es la carne roja. Diversos estudios han encontrado que un consumo elevado puede hacer que el olor corporal resulte más intenso, mientras que dietas con menor presencia de carne suelen generar aromas considerados más suaves por otras personas. La explicación no está en que el cuerpo "huela a carne", sino en que durante su digestión se producen compuestos que, al mezclarse con las bacterias de la piel, modifican el perfil aromático del sudor.

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Comida mexicanaFreepik

Esto no significa que comer carne sea sinónimo de mal olor. También influyen la cantidad consumida, el equilibrio de la dieta, el metabolismo de cada persona y factores genéticos. Incluso investigaciones más recientes sugieren que una ingesta moderada de proteínas acompañada de frutas y verduras puede producir resultados distintos a una dieta rica en carnes procesadas y alimentos ultraprocesados.

El pollo, el pescado y otras proteínas magras no suelen relacionarse con cambios importantes en el olor corporal de la mayoría de las personas. Sin embargo, existen casos muy particulares, como quienes padecen trimetilaminuria —un trastorno metabólico poco frecuente—, en los que algunos pescados y alimentos ricos en colina pueden provocar un olor intenso con notas similares al pescado.

Las verduras también dejan huella

Las verduras gozan de fama por sus beneficios para la salud, pero algunas también participan en la construcción del olor corporal. Brócoli, coliflor, coles de Bruselas, col y espárragos contienen compuestos azufrados que, tras la digestión, pueden eliminarse por el sudor, la respiración o la orina. En determinadas personas esto genera aromas más perceptibles, aunque el efecto suele ser temporal.

Paradójicamente, cuando se analiza la dieta completa y no un alimento aislado, ocurre algo interesante. Investigaciones realizadas en universidades de Australia encontraron que quienes consumen mayores cantidades de frutas y verduras presentan un olor corporal que suele describirse como más fresco, dulce o agradable, probablemente por la presencia de carotenoides y antioxidantes que modifican la química del organismo.

Las especias también forman parte de esta ecuación. Ajo, cebolla, curry, comino o fenogreco contienen compuestos volátiles capaces de atravesar el torrente sanguíneo y liberarse posteriormente mediante el sudor. Por eso algunas personas perciben que el olor permanece incluso muchas horas después de haber terminado la comida.

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VerdurasFreepik

Más allá de un alimento específico, los especialistas coinciden en que el verdadero determinante del olor corporal es el patrón alimentario completo. Una dieta rica en frutas, verduras, fibra, proteínas de buena calidad y una hidratación adecuada favorece un equilibrio de la microbiota y reduce la concentración de compuestos responsables del mal olor. En cambio, un consumo excesivo de alcohol, alimentos ultraprocesados, azúcares refinados y algunas grasas puede intensificarlo.

La próxima vez que alguien diga que "somos lo que comemos", quizá tenga más razón de la que imaginamos. No sólo construimos músculos, energía o salud con cada alimento; también moldeamos un rasgo invisible, pero profundamente humano: nuestro aroma. Porque antes de hablar, antes incluso de sentarnos a la mesa, el cuerpo ya cuenta una historia que comienza exactamente donde empieza cualquier gran comida: en el plato.

La ciencia confirma que el olor corporal no depende únicamente del sudor, sino de la interacción entre la alimentación, el metabolismo y las bacterias que viven en la piel. No existe un alimento "que haga oler mal" por sí solo, pero sí patrones de alimentación que pueden intensificar o suavizar la forma en que cada persona huele. 

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