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Arte e Ideas

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¿Los lectores dejaron de leer o las editoriales dejaron de encontrarlos?

El cierre confirmado el lunes por editorial Ediciones Era, pieza fundamental de la vida intelectual del siglo XX, invita a analizar los cambios que enfrenta la cadena productiva del libro, desde nuevos hábitos de los lectores hasta el auge de la autopublicación.

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Foto: Especial

Ricardo Quiroga

El cierre de Ediciones Era, después de 66 años de historia, noticia que trascendió este lunes, abre una conversación que va más allá de la desaparición de uno de los sellos fundamentales de la literatura mexicana. La propia editorial atribuyó su decisión a una transformación profunda del mercado del libro y a una caída sostenida de sus ventas, que actualmente representarían apenas una cuarta parte de lo que eran antes de la pandemia.

Desde esta perspectiva editorial, no sería correcto atribuir el cierre a un solo fenómeno, ni afirmar que los lectores mexicanos hayan dejado de interesarse por la literatura que históricamente representó Era. Pero su desaparición ocurre en medio de un cambio de paradigmas que involucra prácticamente a toda la cadena del libro: las librerías, los canales de descubrimiento, las estrategias de comercialización y, también, los públicos hacia los que las editoriales buscan dirigir sus catálogos.

La pregunta, entonces, no es solamente si los mexicanos leen menos; en cambio, puede ser: ¿qué leen, cómo llegan a los libros y qué hace que decidan comprarlos? Para ello, recurrimos a distintas fuentes estadísticas y cualitativas recogidas por este medio en los últimos años, toda vez que bajo el paradigma de la complejidad, no se logrará abarcar la complejidad del fenómeno pero se pueden puntualizar factores que influyen  u orbitan el fenómeno.

El lector joven no está desapareciendo

Por un lado, el Módulo sobre Lectura (Molec) del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) ofrece una primera pista para matizar la idea de una supuesta crisis general de lectores.

En 2024, 69.6% de la población alfabeta de 18 años y más declaró haber leído alguno de los materiales considerados por el módulo durante los 12 meses anteriores. Aunque el indicador general ha disminuido frente a 2015, el grupo de 18 a 24 años presenta la menor proporción de personas no lectoras: 16.4% entre los hombres y 15.8% entre las mujeres.

Es decir, la relación entre juventud y lectura no parece explicarse simplemente como una historia de abandono.

Lo que sí cambia conforme disminuye la edad es la manera de relacionarse con los materiales. Los lectores jóvenes tienen una presencia mucho más fuerte en páginas de internet, foros y blogs, mientras que los libros conviven con esos otros soportes. La lectura, por tanto, no ocurre necesariamente dentro del antiguo circuito que comenzaba en una librería y terminaba con un ejemplar impreso entre las manos.

El propio Molec muestra otra transformación significativa: el acceso gratuito a materiales de lectura pasó de 55.6% en 2015 a 66.7% en 2024.

Eso importa para una industria que depende de convertir el interés por una historia en una compra.

También ha cambiado lo que se compra

La evolución reciente del mercado comercial ofrece una segunda pista. De acuerdo con los indicadores de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem) y NielsenIQ BookData, en México la ficción para adultos incrementó su participación dentro de las ventas del sector.

Para 2024, la ficción adulta representó una proporción mayor del mercado que en los años inmediatamente posteriores a la pandemia, mientras que en otras categorías el comportamiento fue menos dinámico. La propia Caniem señala que sus estadísticas de mercado permiten observar las ventas por temática y canal.

El dato es relevante porque el crecimiento no parece estar concentrado exclusivamente en la literatura que tradicionalmente funcionó como capital simbólico de las grandes editoriales literarias.

En los últimos años han ganado visibilidad comercial el romance, la literatura juvenil, la fantasía, el romantasy y otras narrativas que tienen una característica en común: son géneros que pueden construir comunidades de lectores alrededor de una historia, un personaje o un universo narrativo.

El fenómeno de la joven escritora Flor M. Salvador, autora de la exitosa saga “Boulevard”, como uno de varios ejemplos, permite observar el fenómeno de manera concreta.

La autora tabasqueña, actualmente de 27 años de edad, comenzó publicando sus historias en Wattpad y construyó allí una comunidad que terminó trasladándose al mercado editorial. Su perfil en la plataforma superó los 100 millones de lecturas y, ya como autora publicada, el cupo de 500 personas para la presentación mexicana de una segunda entrega de Boulevard se agotó en tres minutos.

No se trata necesariamente de que una generación haya sustituido a José Emilio Pacheco por Flor M. Salvador. La comparación sería demasiado simple. Lo que cambió es el camino mediante el cual un lector descubre que quiere leer un libro.

Del editor que prescribe al lector que recomienda

Durante buena parte de la historia de la industria editorial, la construcción del prestigio y la circulación del libro siguieron un recorrido relativamente vertical: el editor seleccionaba, el crítico legitimaba, la librería exhibía y el lector elegía.

Ese mecanismo no desapareció, pero los indicadores sugieren que ahora comparte espacio con otro mecanismo mucho más horizontal: el lector descubre una historia en una plataforma, la recomienda en redes sociales, participa en una comunidad, sigue a su autor o autora, los cuales son fichados por sellos editoriales o impulsados con ediciones impresas y en digital por las propias plataformas en las que despegan, se publican libros ya muy esperados y finalmente el público compra el libro.

Wattpad, TikTok, Instagram y las comunidades de lectores no son solamente herramientas de promoción. En determinados segmentos se han convertido en espacios de descubrimiento editorial, de intercambio de opiniones y como nuevas comunidades lectoras con perfiles muy específicos. Esto está modificando también la administración de las propias editoriales.

Los indicadores de la Caniem muestran una transformación en la gestión de los metadatos de los libros: la responsabilidad por generarlos se ha desplazado progresivamente del área editorial hacia marketing y comercialización. El dato es pequeño en apariencia, pero significativo: indica que la información que permite encontrar, clasificar y vender un libro dejó de ser una cuestión exclusivamente bibliográfica para convertirse en parte de la estrategia comercial.

El libro ya no tiene que esperar únicamente a que el lector entre a una librería. Tiene que encontrar al lector donde ese lector ya está.

¿El precio también influye en la ecuación?

Hay otra transformación que no puede ignorarse: el libro se ha encarecido.

Los indicadores de la Caniem muestran que el precio promedio del libro comercial aumentó durante los últimos años, mientras que el mercado también enfrentó una reducción en la producción y en las ventas. En 2024, el sector privado produjo poco más de 76 millones de ejemplares, 4.1% menos que el año anterior, mientras las ventas disminuyeron 2.6%.

Pero aquí aparece una paradoja interesante: si el precio aumenta y el mercado general enfrenta dificultades, ¿qué libros consiguen que un lector siga gastando?

La respuesta parece estar relacionada, al menos parcialmente, con aquellos títulos capaces de generar una relación más intensa con sus públicos: sagas, géneros reconocibles, historias susceptibles de convertirse en fenómenos de comunidad y libros cuya promoción comienza antes de llegar a la librería.

El fenómeno no explica por sí mismo el cierre de Era. Sería irresponsable afirmarlo. Una editorial independiente puede enfrentar problemas financieros, de distribución, de estructura, de costos y de acceso a puntos de venta que no tienen relación directa con el género de los libros que publica.

Pero el cierre de Ediciones Era sí ocurre en un momento en que las reglas de circulación del libro están cambiando.

Quizás ésa sea la cuestión de fondo que deja su desaparición. No solamente si México está perdiendo lectores, sino si la industria editorial está perdiendo el control sobre la definición de qué lector debe buscar.

El mercado parece moverse de un modelo en el que el prestigio editorial ayudaba a conducir al lector hacia un catálogo, hacia otro en el que el comportamiento de las comunidades lectoras puede conducir a las editoriales hacia determinados géneros, autores y formatos.

Eso no significa que el canon haya dejado de importar. Significa que ya no es el único centro de gravedad del mercado.

Ediciones Era construyó durante 66 años una parte fundamental del canon literario y cultural mexicano. Su cierre no demuestra que ese modelo haya dejado de tener lectores. Pero sí ocurre en medio de una industria que está aprendiendo a operar con otra pregunta: no sólo qué libro vale la pena publicar, sino cómo encontrar al lector que está dispuesto a comprarlo.

Se ha fortalecido la autopublicación

Hay otro cambio que modifica la cadena tradicional del libro: la posibilidad de que un autor llegue directamente a sus lectores. La autopublicación dejó de ser una salida marginal para escritores que no conseguían contrato y se convirtió en un circuito propio de producción, distribución y descubrimiento.

Por ejemplo, el proyecto Kindle Direct Publishing (KDP), de Amazon, permite a autoras y autores publicar libros digitales e impresos, conservar los derechos y el control editorial y recibir hasta 70% de los ingresos por ventas. La plataforma señala que, en promedio, 25 títulos autopublicados aparecen cada semana entre los 100 más vendidos de Kindle en español. En 2024, además, su catálogo del Premio Internacional Storyteller, para autores independientes, ya reunía más de 30 mil títulos de autores de más de 60 países.

El dato importante no es sólo cuántos autores utilizan estas herramientas, sino qué barrera desaparece: la editorial deja de ser necesariamente la puerta de entrada entre quien escribe y quien lee. De hecho, en un estudio encargado por Amazon en 2025, 61% de los encuestados consideró que la autopublicación democratizó el acceso a la publicación literaria y 66% de quienes conocían KDP dijo haber descubierto nuevos autores mediante la plataforma.

Es un fenómeno que ayuda a entender mejor algunos casos paradigmáticos, como el de Flor M. Salvador y Wattpad: primero puede existir una comunidad de lectores y después llegar la edición comercial. La editorial ya no siempre crea al público; en ocasiones llega cuando ese público ya demostró que existe.

De consumidores a participantes

La transformación en el mercado editorial, de la que somos testigos, tampoco se limita a los libros. Un estudio socioantropológico realizado entre 2024 y 2025 por Cultura UNAM entre 2,490 estudiantes de sus 14 planteles de bachillerato encontró que para estos jóvenes la cultura no vive exclusivamente en museos, bibliotecas o auditorios: también está en redes sociales, memes, grupos de WhatsApp, pasillos y comunidades.

Uno de los hallazgos que resulta particularmente sugerente para esta discusión es que los estudiantes expresan interés por participar y crear, y no solamente por recibir contenidos culturales. Es una perspectiva que coincide con fenómenos como el fanfiction, la escritura en plataformas digitales y la autopublicación: el público puede ser lector, pero también comentarista, recomendador, creador y eventualmente autor.

No significa que todos los jóvenes quieran convertirse en escritores ni que las redes hayan sustituido a las instituciones culturales. Pero sí ayuda a completar el cambio de paradigma: la relación con la cultura se vuelve menos vertical y más participativa.

Y quizá ahí esté una de las claves para entender el mercado editorial que emerge mientras desaparecen algunas de sus instituciones históricas: el lector ya no necesariamente espera a que alguien le diga qué leer. Puede encontrar una historia, recomendarla, convertirla en fenómeno y, eventualmente, escribir la siguiente.

La industria del libro y los hábitos de lectura

Algunos datos de interés

  • 6.5 puntos cayó la población lectora de 18 a 24 años entre 2015 y 2024: fue el grupo con menor descenso en la década.
  • 16.4% de los hombres y 15.8% de las mujeres de 18 a 24 años fueron considerados no lectores en 2024: es la proporción más baja entre los grupos de edad.
  • 41.8% de la población lectora leyó libros en 2024; las páginas de internet, foros o blogs llegaron a 39.4%.
  • La lectura de revistas cayó de 47.2% a 21.7% entre 2015 y 2024; la de periódicos pasó de 49.4% a 17.8%.
  • 25 títulos autopublicados, en promedio, aparecen cada semana entre los 100 más vendidos de Kindle en español.
  • 61% de los encuestados por Ipsos para Amazon considera que la autopublicación democratizó el acceso a publicar literatura.

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