En la universidad leyó a Sor Juana, a Borges y a Nicolás Guillén. Estudió español desde los 12 años y a los 16 se fue de intercambio a Chile.

Todo eso explica el español casi perfecto de Claudia Taylor (Christiansburg, Virginia, 1989). Habla sin anglicismos, con un castellano cuidado, es como una espía de una novela de Graham Greene.

Claudia es economista, pero no la economista tradicional que uno podría imaginar. Para empezar, se graduó de la Universidad de Pittsburgh con un doble título: economía y letras hispánicas. El español es lo suyo, aunque admite que ahora que vive en México lee más en inglés.

De novelas mexicanas que ha leído tiene en la memoria Recuerdos del porvenir, de Elena Garro, y Yo, la peor, de Mónica Lavín.

Claudia es suave, amable. No guarda la distancia física que conservan la mayoría de los estadounidenses. Usa el transporte público sin ambages. Evito tener coche y mientras pueda lo evitaré . Dice que le gusta vivir en México. Y parece cierto porque dice que en este país hay una diversidad cultural que no hay en su país.

Cada vez que salgo a la calle veo ventas interesantes, o un cartel chistoso. En el micro hay nuevas cumbias. En Estados Unidos todos los pueblos son iguales, con su mall y nada más .

Algo que le encanta de México: podrá ser una sociedad de baja confianza interpersonal pero si mandas desde la parte de atrás del camión una moneda de 10 pesos para pagar el pasaje, los cinco de cambio regresarán. Y siempre regresan .

La startupera

Claudia llegó a México a hacer prácticas universitarias en el 2011, como becaria Fulbright. Encontró trabajo en una ONG el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza y a los pocos meses le pidieron que se quedara de manera indefinida y decidió permanecer un ratito más . Me fui quedando , dice.

De trabajar en la ONG pasó al mundo de los startups. Siempre le había interesado la tecnología y ese mundo de la innovación.

Trabaja en iZettle, una startup sueca que se dedica a vender lectores de tarjetas de crédito para pequeñas y medianas empresas. Claudia es la encargada de manejar a los llamados embajadores, personas comunes a los que la empresa recluta para vender los lectores en su comunidad.

La oficina de iZettle es de lo más desenfadado que pueden imaginar. Es el estilo laboral Google: sin oficinas cerradas, todos en el mismo nivel, horizontalizada, con un futbolito y una mesa de ping-pong que los empleados usan en cuanto tienen oportunidad.

Claudia parece hecha para ese ambiente.

La mujer casada ?con una mexicana

Aunque es cierto que a Claudia le gusta mucho vivir en México, por una razón u otra mantenía lazos cuasi permanentes con Estados Unidos. Por ejemplo, tiene un fondo de ahorro para el retiro allá. Dice que pensaba quedarse un par de años, siempre con la idea de regresar.

Pero entonces se le atravesó Dalia en el camino.

Se conocieron en el Marrakech. Platicaron cinco minutos porque cada una venía con una fiesta distinta y tenían amigos borrachos que atender.

Se casaron apenas, en octubre del año pasado. Nos casamos por el civil y la jueza fue genial, dijo cosas muy bonitas que ahora no podría repetir . Días después tuvieron una fiesta a lo grande en Avándaro con sus familias.

¿Cómo es ser extranjero y gay en México? Se vive bien, nunca nadie nos ha dicho nada cuando nos besamos, por ejemplo. No tenemos ninguna preocupación. No sé si es porque yo sea blanca o porque las dos seamos de estilo más bien femenino .

Las cosas cambian un poco en la tierra de su esposa. Ahí evitan manifestaciones públicas de afecto. La suegra de Claudia tuvo dificultades para aceptar el matrimonio de su hija pero eso ha cambiado radicalmente . Ambas familias las aceptan abiertamente.

El matrimonio ha hecho a Claudia considerar una vida permanente en México. Ella y Dalia trabajan en el mundo corporativo. Si las mandan a vivir a otro país será otra aventura que abrazarán con gusto. Pero, por lo pronto, México es su hogar y ya planean comprar una casa.

La votante convencida ?por Hillary

Claudia votó por Hillary completamente convencida de que sería una buena presidenta. A diferencia de la mayor parte de los miembros de su generación los Millennials no era seguidora de Bernie Sanders. Creo que Bernie tenía buenas ideas pero no un modo de realizarlas... No sé, quizá es que no estaba poniendo tanta atención .

Como gran parte de los votantes liberales, Claudia estaba segura del triunfo de Clinton. Ahora se ríe de las estadísticas.

¿Sufrió el fenómeno de la echo chamber, ese efecto de tener puros amigos de la misma ideología en las redes sociales? Tengo un par de amigos en Facebook, compañeros de la prepa que votaron por Trump, pero no son personas cercanas a mí, no tengo mucho diálogo con ellos .

Sobre Donald Trump opina que es vergonzoso que haya ganado. Pero dice que, cuidado, no hay que pensar que sólo es un monigote tonto: Trump es súper inteligente, un gran manipulador que supo aprovecharse del resentimiento de la gente, de todos los que se sintieron decepcionados por Obama, o gente joven que se siente traicionada porque le va un poco peor que a sus papás .

Pero ella ve los toros desde la barrera. Hace dos años que no va a EU (piensa ir esta Navidad). Le preocupa más México que su propio país.

Trump es una broma, una razón que usan mis amigos para burlarse de mí. La broma favorita de mi esposa es decir que yo voté por Trump. Yo le digo que se le va a acabar la gente a quien hacerle el chiste .

Claudia Taylor es feliz en México y no espera el tiempo para aprender a cocinar chiles en nogada, su platillo favorito.

concepcion.moreno@eleconomista.mx