La salud mental se refiere a la posibilidad de acrecentar la competencia de los individuos y comunidades y permitirles alcanzar sus propios objetivos, por ello el tema es de interés general y no solo para aquellos afectados por un trastorno mental.

“El problema es que hoy tenemos evidencia para pensar que cada vez hay más obstáculos para promoverla”, asegura Iván Castro, director de PQR Planning Quant. Si observamos las estadísticas del Inegi podemos ver que las tasas de suicidio han incrementado, ese es un primer indicativo, aunado al contexto de la pandemia y los efectos colaterales que ello supone, nos encontramos en un momento para poner especial atención, señala Castro, a propósito de que este domingo 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental.

Por ejemplo, añade, para la edad de 10 a 14 años y 15 a 24, el número de lesiones autoinfligidas o intencionales son la tercera causa de muerte, solo por detrás de accidentes y tumores malignos para el primer grupo y agresiones u homicidios para el grupo dos. En México, según una encuesta del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz”, se encontró que 10.7% de esa población ha tenido un trastorno afectivo, 20% de impulsividad y 4.8% uno por uso de sustancias; además 51% ciento de los encuestados había tenido algún tipo de trastorno.

Bajo este antecedente, los datos nos obligan a hacer algo. Por ello la agencia de investigación PQR Planning Quant generó un estudio demoscópico para entender mucho mejor qué queremos decir cuando hablamos de la salud mental y cómo lo asimila la sociedad mexicana.

Con una muestra  poblacional de 521 individuos, "primero quisimos evaluar cómo las personas se autoidentificaban en su salud mental”. 73% consideró que se encontraba en niveles óptimos, pero hay un preocupante 9% que declaró ser mala, este sube hasta 18% cuando hablamos de desempleados o jubilados.  “Esto es interesante porque si bien hay un fuerte impacto en jóvenes, no podemos descartar a los adultos mayores”.

Por otro lado, cuando se pidió una autoevaluación de cómo les está yendo en diferentes aspectos, la gente se siente cómoda con sus relaciones familiares, relacionarse con sus amigos y la pareja, “esto es algo que entendemos son aspectos que como personas podemos controlar”. Los focos amarillos se encienden con cuestiones como el estado físico en general o la calidad del sueño, además de la capacidad para enfrentar el estrés en la vida. Esto coincide con los principales problemas que las personas están sufriendo: Económicos y de salud; “claramente relacionados con la pandemia”.

Además, el 43% de las personas presentan dificultad para dormir, un 38% preocupación y angustia, y para las personas en el rango de 45 a 54 años esto se eleva hasta en un 57%, por otro lado, la ansiedad y nerviosismo está presente en 30 y 31% de las personas respectivamente, pero en personas que trabajan en el sector público el tema alcanza un 65 por ciento. “Al final de cuentas todos estos estados emocionales se acumulan y golpean a las personas”.

Después, tratando de encontrar las posibles soluciones, se les cuestionó sobre las actividades que se realizan para cuidar la salud mental. Para ello tuvo especial relevancia la oportunidad de platicar con amigos  y familiares (98%), hacer ejercicio (93%), tener pasatiempos (97%), pero por otra parte sólo el 28% manifestaron acudir con un psicólogo o un psiquiatra, “esto es relevante porque finalmente estos temas son delicados y debemos atenderlo con los profesionales, mismos que cuentan con una visión neutral y pueden orientarnos para manejar nuestras emociones. Esto habla de la importancia que como mexicanos le damos al cuidado de la salud mental, tan relevante como la física, pues al final están conectados”.  

En el mismo estudio se hizo la pregunta sobre cuáles consideraban las primeras causas de suicidio en México. La causa número uno es la depresión con 35% de manera general y aumenta para personas mayores de 55 años y estudiantes, con un 55 y 54% respectivamente. De ahí vienen otras razones que también pueden convertirse en depresión finalmente, como problemas económicos o sentimientos de soledad.

¿Con estos datos que tendríamos que estar haciendo?

Castro reflexiona que de entrada, pensar en la ayuda profesional para jóvenes y adultos mayores es indispensable, porque hoy están desatendidos. “Recordemos que el suicidio es prevenible, cuando se habla y se trabaja se puede detener el problema”.

Por último, señaló que hay una responsabilidad social muy importante y en ella se involucra la familia como apoyo; la comunidad, con amigos, compañeros y los profesionales de la salud; y finalmente el gobierno, “al ser un tema de salud pública, tendría que haber una serie de programas permanentes para que atiendan la situación de manera fluida, que exista siempre el apoyo y los oídos para escuchar al otro, ser empáticos”.

nelly.toche@eleconomista.mx