Según la OMS, uno de cada cuatro adultos tendrá problemas de salud mental durante su vida.

La conciencia sobre la salud mental ha llegado a un punto de inflexión. Se está convirtiendo en la próxima frontera de diversidad e inclusión, y los empleados quieren que sus empresas la aborden. Los esfuerzos tienen que ser integrales.

Se le ha llamado una "segunda pandemia” por las enormes implicaciones que tiene la salud mental en el bienestar general de la población e incluso su efecto en la economía. Siempre ha estado presente y hace años que las organizaciones de salud más importantes señalan a las enfermedades de salud mental como un foco de atención ineludible, pero hoy estamos ante el umbral de un cambio que dependerá de todos.

A nivel mundial, se estima que sólo en 2020, más de 270 millones de personas padecieron depresión, una de las principales causas de discapacidad, y muchas de estas personas también presentaron síntomas de ansiedad. Se calcula que hay una pérdida global anual de más de un billón de dólares por la falta de tratamiento en trastornos depresivos y su efecto en la pérdida de productividad en el trabajo.

Cuando multiplicamos los efectos de la crisis de salud mundial, el malestar político, la incertidumbre económica, el aumento del desempleo, el aislamiento social, el trabajo remoto, la educación en el hogar y mucho más, se hace evidente que necesitamos acciones robustas en todos los frentes para poder proteger a nuestras comunidades de una problemática que tiende a crecer.

Parece que nos hemos acostumbrado después de tantos meses, pero muchos de nosotros estamos luchando más, no menos. Si ya asumimos que tendremos que lidiar con las diferentes variantes del coronavirus por mucho tiempo más, tenemos que sumarle el hecho de que los problemas de salud mental están aquí para quedarse y que no hay vacuna para ello.

Salud mental en las empresas

"Necesito dejarlo aquí", dijo Simone Biles en las olimpiadas de Tokio 2021. La mejor gimnasta de todos los tiempos decidió poner su salud y su integridad en primer lugar, creando una nueva oleada en la reflexión sobre la importancia de la salud mental en todas las labores que hacemos.

Si una atleta olímpica, en un momento clave de su carrera fue capaz de decir: “¡Basta!”, esto nos abre las puertas a los demás a cuestionarnos si la forma en la que trabajamos es la correcta. Es una conversación que nos compete a todos; empresas, empleados, líderes y gobierno.

La enfermedad mental es un gran desafío, pero no una debilidad. Comprender nuestra psique puede ser la clave para dar rienda suelta a fortalezas increíbles, nos podemos hacer sensibles ante las necesidades del equipo o de nuestros clientes, podemos convertirnos en líderes más empáticos e inspiradores, podemos sentar las bases para formar equipos que realmente rindan al máximo, o simplemente aportar en la creación de una cultura en donde la dicha y la realización personal sean una posibilidad más cercana.

Cuando reconocemos la importancia de nuestra salud mental podemos convertirnos en personas más auténticas y, por lo tanto, más exitosas.

Sin embargo, en el trabajo, quienes padecen condiciones incluso leves de enfermedades mentales, a menudo lo esconden por temor a sufrir discriminación por parte de sus compañeros o peor, de los jefes.

Hablar sobre salud mental puede parecer complicado en el mejor de los casos y aterrador en el peor. Esto se convierte en un círculo vicioso: cuanto menos se habla de ello, más crece el estigma. Para romper este ciclo, debemos abordar el problema de manera proactiva, estratégica y reflexiva".

Por un lado, los líderes tienen la responsabilidad para con sus empleados de crear un entorno abierto, inclusivo y seguro que les permita trabajar con todo su ser. El bienestar de los empleados es importante para el éxito de cualquier empresa. Cuando una organización se vuelve proactiva en garantizar el bienestar físico y mental de sus empleados, puede conducir a un lugar de trabajo más saludable donde todos ganan.

El capital humano es el recurso más valioso de nuestra economía. Y aunque se ha hecho mucho para promover la diversidad, hay un gran vacío cuando se trata de comprender cómo el temperamento y los sentimientos influyen en la trayectoria del éxito.

A medida que reconocemos la compleja diversidad neurológica y emocional en todas sus formas, las empresas deben impulsar y sostener espacios seguros para la sana expresión de la amplia gama de emociones que experimentamos.

El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) considera que, contrario a las instancias gubernamentales o incluso algunos contextos familiares, el lugar de trabajo es un entorno óptimo para crear una cultura de salud mental porque:

  • Ya existen estructuras de comunicación.
  • Los programas y las políticas provienen de un equipo central que puede cuidar el contexto, las experiencias y las oportunidades de aprendizaje.
  • Hay redes de apoyo social disponibles y grupos formados con influenciadores claros.
  • Los empleadores pueden ofrecer incentivos diversos para reforzar los comportamientos saludables.
  • Las empresas pueden utilizar los datos disponibles y obtener muchos nuevos, para realizar un seguimiento del progreso y medir los efectos.

Según la OMS, un lugar de trabajo saludable puede describirse como “aquel en el que los trabajadores y líderes contribuyen activamente al entorno laboral promoviendo y protegiendo la salud, la seguridad y el bienestar de todos los empleados y sus familias.”

Las intervenciones positivas en salud mental en las empresas deben tener un enfoque de tres ejes:

  1. Proteger la salud mental reduciendo los factores de riesgo relacionados con el trabajo.
  2. Promover la salud mental desarrollando los aspectos positivos del trabajo y las fortalezas de los empleados.
  3. Abordar los problemas de salud mental independientemente de la causa.

Las intervenciones de salud mental deben realizarse como parte de una estrategia integrada de salud y bienestar que cubra la prevención, la identificación temprana, el apoyo y la rehabilitación.

La clave del éxito es involucrar a las partes interesadas y al personal en todos los niveles para brindar protección, promoción y apoyo a las intervenciones y monitorear constantemente su efectividad.

Ojo, las políticas de salud mental tampoco resolverán el problema por sí solas. Independientemente de cuán sólidos sean los beneficios de una empresa, es la cultura la que, en última instancia, reduce el estigma y permite a los empleados utilizar esos beneficios sin temor a represalias.

El cambio es posible. Comienza reconociendo la prevalencia equitativa de las condiciones de salud mental desde la alta dirección hasta las líneas del frente, cambiando la cultura organizacional, introduciendo la capacitación y el apoyo adecuados, y abordando la salud mental como un problema independiente de diversidad, equidad e inclusión. Los líderes deben predicar con el ejemplo como potenciadores de este tipo de cultura en sus empresas.

Dicho esto, cada empleado también tiene un papel que desempeñar. El cambio de cultura de cualquier tipo requiere un apoyo de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. La salud mental no es diferente. El abordaje debe de ser total, pared a pared.

El rol de los líderes

Los síntomas de salud mental son tan comunes en la C-Suite como entre los colaboradores individuales, todos somos humanos. Ser líder no implica ser perfecto, pero si es importante reconocer la responsabilidad del efecto que causan en sus equipos. Toda estrategia tiene que estar sostenida con fuerza por algunos puntos nodales dentro de la empresa, por lo que es importante reconocer este rol en la mejora de la salud mental.

Para comenzar, los líderes harían bien en compartir sus propios desafíos de salud mental y modelar un comportamiento saludable al respecto. Estos dos pasos pueden ser sumamente poderosos, al reconocer abiertamente que es normal tener dificultades, que no somos invencibles y que siempre hay una ruta de acción cuando pedimos ayuda.

Ahora más que nunca, se debe priorizar la capacitación proactiva y preventiva en salud mental en el lugar de trabajo para todos los colaboradores. Si no se tiene el presupuesto para invertir en capacitación, los grupos de encuentro entre empleados guiados por algún profesional de salud mental son una forma de bajo costo para aumentar la conciencia, construir una comunidad y ofrecer apoyo entre pares.

Fomente conversaciones abiertas y honestas. Es importante crear espacios seguros para que las personas hablen sobre sus propios desafíos, pasados y presentes, sin temor a que los llamen "inestables”. Los empleados no deben temer ser juzgados o excluidos si se abren de esta manera. Los líderes pueden establecer el tono al compartir sus propias experiencias.

Seamos proactivos. No todo el estrés es malo, y las personas en carreras de alta presión a menudo se acostumbran a él o desarrollan mecanismos de afrontamiento. Sin embargo, el estrés prolongado e inmanejable puede contribuir a empeorar los síntomas de la enfermedad mental. Los líderes pueden asegurarse de que sus empleados encuentren el equilibrio adecuado ofreciendo acceso a programas, recursos y educación sobre el manejo del estrés y la construcción de resiliencia, pero principalmente, abriendo la conversación y dejando de lado un tabú que hoy ya no tiene ningún sentido.

Si todo esto es complicado, por favor, pide ayuda. Juntos podemos crecer y cuidarnos mejor.