Es una fiesta para los sentidos ver la ópera Carmen de Bizet, pero ahora convertida en politécnica , ejercicio un tanto démodé al más puro estilo surrealista que André Breton hubiese aplaudido a rabiar; corriente que muchos considerábamos extinguida y que ahora regresó de la mano de unos gitanos darketos y otros punketos que daban

pasitos a gogo mientras se escuchaba la música de un francés del siglo XIX.

Porque este miércoles 28 de marzo todo podía suceder en el Auditorio Alejo Peralta del IPN, desde el welum hasta un exceso onírico guajiro que consistió en presentar en el escenario un marcador electrónico: Pumas 13 e IPN 35. Sí cómo no…

Sin embargo, presenciamos una ópera Carmen que, trasladada a territorio mexica tomó nuevos bríos; ópera que fue situada en unos rumbos del norte del DF que nadie imaginaría estuviesen interesados en la ópera: el cerro del Chiquihuite, la Plaza Lázaro Cárdenas en Zacatenco, y un antro llamado Lillas Pastia suponemos que en Lindavista (aunque hay varios en España).

Y luego todo esto fue mezclado con ¡futbol americano! Es de no creerse… y sin embargo el experimento resultó atractivo y dan ganas de quedarse los cuatro actos completitos (más de tres horas). Y ver al final las caras felices de la gente que llena el auditorio y los gritos de júbilo de todos, incluido al bebé que se afanó en cantar junto con la soprano Grace Echauri.

Que la Carmen politécnica tiene muchas fallas (el nuevo argumento tiene inconsistencias de tiempo, lugar y motivos); que los cantantes son disparejos; que la orquesta hace su mejor esfuerzo sin conseguir pasar de un siete; que el auditorio no está diseñado para la ópera… Todo eso es cierto, y sin embargo esta ópera funcionó para atraer público.

Porque el motor principal de esta Carmen es el entusiasmo de los jóvenes y el fervor del publico que hace el papel de un jugador extraordinario, que presiona, que grita, que ovaciona hasta lo que no hay que aplaudir.

La propuesta que hace César Piña, Director de Escena, y todo el equipo consiste en que esta ópera se presenta con la música y libreto originales, pero en un contexto politécnico .

Pero Carmen no es una ópera fácil. Carmen es la fuerza desatada de la naturaleza, una mujer dueña de sus apetencias, recia en sus convicciones. Cuando canta que el amor es un gitano sin ley es cierto, y cuando advierte que si te enamoras de ella debes cuidarte, es una sentencia de muerte. En Carmen, más que en cualquier ópera, la pasión amorosa es más fuerte que cualquier moral, que cualquier patriarca, que cualquier esclavitud.

El argumento: Carmen es una alumna del IPN que transgrede las reglas. Don José pertenece al personal de seguridad del instituto y se enamora de Carmen al grado de dejar su empleo y familia. La banda que sigue a Carmen no es de contrabandistas, sino de una especie de darketos. Y la mujer no muere en una plaza de toros, sino en las gradas del estadio de CU en un partido de pumas contra el Poli.

El elenco es doble: Carmen es Grace Echauri y Belem Rodríguez; Don José será interpretado por José Luis Duval y Carlos Arturo Galván; Escamillo será interpretado por Enrique Ángeles y Carlos Sánchez. Y Micaela serán Celia Gómez, Violeta Dávalos y Eugenia Garza.

Este 28 de marzo, el cantante que se llevó la noche fue José Luis Duval por su fina línea de canto, su sólida actuación dramática; le siguió Grace Echauri quien interpretó con gracia, soltura, magnífica voz, aunque por momentos fue desigual en el canto y Eugenia Garza nos cautivó con su hermoso y dulce timbre en algunas arias memorables.

Aunque el aplausómetro que no siempre refleja la realidad se lo llevó la Directora Artística Gabriela Díaz. Conocimos a la orquesta del IPN hace más de una década cuando sus instrumentos de tan viejos sonaban como carcachas. Ahora tienen más instrumentos nuevos, suponemos que ensayan más y cuentan con una directora entusiasta, pero falta…

Además la acústica del auditorio Alejo Peralta no ayuda. El recinto fue diseñado para conferencias, asambleas, conciertos y hasta cine, pero no ópera. Por principio de cuentas requiere de un foso para la orquesta, amén de una acústica apropiada.

Cuenta Daniel Leyva, Director de Difusión y Fomento a la Cultura del IPN, que primero pensaron en poner la orquesta al fondo del escenario, pero que el problema fue que la directora iba a estar de espaldas y no podría ver al coro para dirigirlo. Entonces, se

decidió que la orquesta estaría entre el público y los cantantes.

En cuanto a la escenografía, ésta es demasiado simple: consta de un andamio que atraviesa el escenario, tiene a los lados dos escaleras como paso peatonal del periférico. A esto hay que agregar dos bancas más de madera y metal y un piso integrado por una especie de mesas de diferentes alturas. Sencillita, feíta, pero

Quedan solamente dos funciones: el jueves 29 a las 19:00 horas y el sábado 31, a las 13:00. Auditorio Alejo Peralta ( Queso ), Avenida Wilfrido Massieu esquina con Avenida IPN, en Zacatenco).

BVC