Por redes sociales ha corrido una convocatoria que pide a todo aquel que pueda aportar material textil como estambre, hilo de bordar, bastidores, entre otras cosas, lo done para organizar talleres de bordado o de tejido en los albergues donde se encuentran los desplazados del sismo del 19 de septiembre pasado.

La iniciativa, apoyada con entusiasmo por varios artistas textiles, fue idea de Erika Albarrán.

La ilustradora y también artista textil Valeria Gallo también participa, pero deja claro: “Toda la iniciativa fue de Erika”.

Dice Gallo: “(Los talleres) pueden servir como terapia, pero a su vez para lograr productos que también puedan atraerles recursos (a los desplazados)”.

Erika Albarrán dice que en los días que siguieron al temblor estuvo posteando información en su muro, tratando de ser útil. “Quería ayudar y entonces supe que en los albergues hacían falta actividades. Ya había muchas para niños, de hecho están saturados, pero también hay que atender a las personas mayores, a los adultos”.

Dice Albarrán que tejer regresa la calma mental, que en ese sentido se vuelve terapéutico. Y además crea comunidad.

“Sé que regresar a la normalidad es imposible para las personas que lo perdieron todo, pero nuestra idea es regresarles un equilibrio mental y espiritual; buscar juntos nuestro centro. Regresarles un pedacito de normalidad”. Agrega: “cuando las manos trabajan, a la mente regresa la tranquilidad”.

Varias promotoras del arte textil en la Ciudad de México están participando. Por ejemplo, Karla Belinda, la famosa dueña del taller Dos Coyotes, que es en donde se están recibiendo todas las donaciones de material textil. También Gizhé Arellano, Ana Mayoral y Montserrat Jiménez Pichardo, promotoras de este arte y disciplina meditativa. Empezaron juntando su propio material, pero pronto otros artistas textiles se les unieron. Abrieron la convocatoria al público en general. “Quien tenga por ahí guardado un telar o bastidores, que lo done. Con nuestro propio material ya juntamos 29 kits de bordado completos que suena a nada comparado con la necesidad”.

Erika Albarrán resalta la importancia de crear comunidad. “Cuando se teje o se borda o se hace tapiz es imposible no comunicarse con quien está al lado. Muchos voluntarios que ya tejen se han ofrecido (para ayudar) y me parece muy bueno. Queremos que no sea una sola clase con una maestra, sino que exista la atención personalizada, cercana”. Y sobre todo muy cálida.

Por el momento la idea va madurando. El lunes hubo una primera sesión en un albergue de la calle de Tlaxcala. “Esto apenas empieza”, dice Albarrán. “De eso se trata: de empezar y aguantar”. Están abiertas a dar talleres en cualquier albergue de la ciudad.

Porque la vida siempre pende de un hilo, hagamos de él una hermosa obra de arte.

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