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Un artificio Perverso
Llevar teatro a Santa Fe es un doble filo: el tipo de audiencia es poco conocedora del teatro, pero sí mucho del entretenimiento, entonces la manera de traerla es presentándole en escena dos actores sexys. Ésta es la fórmula de Perverso, que cuenta con las actuaciones de Mauricio Martínez y Andrea Torre.
Llevar teatro a Santa Fe es un doble filo: el tipo de audiencia es poco conocedora del teatro, pero sí mucho del entretenimiento, entonces la manera de traerla es presentándole en escena dos actores sexys. Ésta es la fórmula de Perverso, que cuenta con las actuaciones de Mauricio Martínez y Andrea Torre.
Perverso trata sobre un asesino serial psicópata que conoce a su próxima víctima e incluso la enamora. Los roles se trastocan conforme avanza la obra hasta que en el final nos vuelca un giro de 360 grados. Si este año no se hubiera estrenado la pieza de Edgar Chías, Ternura suite, dirigida por Richard Viqueira, obra que trata el mismo tema pero con toda naturalidad y fuerza en escena, nuestro juicio sobre Perverso sería menos exigente.
El resultado de esta obra es ambivalente. Perverso peca al recargarse hacia el artificio cuidando el buen gusto y preservando el qué dirán las buenas conciencias. El riesgo se limita al texto y al asunto que tratamos pero la concreción escénica, el diseño de secuencias, la exposición de imágenes es poco atrevida. Para muestra una escena de sexo: los actores entran a un cuarto colocado en el centro y hacia el fondo del foro, y ahí realizan una serie de posturas sugerentes que el público descifra por medio de sombras, pues se interpone entre ellos y nosotros una pantalla blanca que proyecta sus siluetas en color negro.
Con recursos como éste, Perverso pierde teatralidad, estética y arte. Mauricio Martínez realiza un gran esfuerzo que Andrea Torre es incapaz de acompañar.
Ahora bien, la obra sí logra un cometido y es justo por el target que puede ir a Santa Fe a las 10:30 de la noche a ver una función. El buen trabajo de Martínez aterra por momentos, justo en aquellos en los que se desconoce si es perverso o incauto. Esa duda es la que aterra, esa duda se logra porque Martínez es capaz de representar una doble moral y un doble rostro con toda naturalidad. En cambio, Andrea exagera cuando no debe, seduce sin ninguna gana, mata sin estar plenamente convencida. La opción es entretenida. Puede dejarle algunas preguntas. Y eso es importante.
Lo peligroso en casos como el de Perverso es perder de vista el punto medio entre el arte y la teatralidad y, en cambio, preferir el artificio, la trampa, el efecto especial. La maquinaria por encima de la organicidad.
aflores@eleconomista.com.mx