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Trabajadores urbanos, otra realidad marginal de Martha Pacheco
Tragafuegos, limpiaparabrisas, payasos de crucero, los personajes de la muestra “Ecos de la calle”, que Martha Pacheco presenta en el Ex Convento del Carmen.
Como parte de las actividades de la edición 22 del Festival de Mayo, en la ciudad de Guadalajara, el Ex Convento del Carmen, en la zona Centro de la capital jalisciense, expone la nueva obstinación de la artista tapatía Martha Pacheco: “Ecos de la calle”, una serie de 16 retratos, a carboncillo sobre papel en su mayoría, que dan constancia rigurosamente fidedigna de los trabajadores urbanos que Pacheco ha retratado para esta nueva serie.
Hay un profundo ejercicio empático en este trabajo de la artista visual estudiada en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara y cofundadora del Taller de Investigación Visual, como lo ha habido en todo su trabajo, siempre enfocado en los personajes marginales, aquellos que, a decir por ella misma, están fuera de la realidad pero no pueden dejar de estar dentro de la misma, como si se tratara de seres en pena que son objetos constates del desdén.
“Le duelen sus personajes y trata de transmitir ese dolor al espectador”, se puede leer en un texto introductorio de la muestra, escrito por el poeta y crítico de arte, Baudelio Lara, en referencia a la línea de trabajo de Pacheco.
Sin nombres
“Sin título”. Eso dice cada una de las fichas técnicas fijadas junto a las piezas de Pacheco expuestas en la galería del Ex Convento. Las imágenes deben hablar por sí mismas. Si acaso se refuerzan por breves extractos con el pensamiento de la artista, como ese que dice: “Los personajes marginales me interesan porque en cierta forma yo me he sentido un poco marginada”.
De esas 16 piezas en exhibición, 13 son trabajos a carboncillo sobre papel; dos, monotipia sobre lienzo y, uno más, el de mayor formato y, quizás también de mayor impacto, trabajado al carboncillo sobre lienzo.
No hay pretensión en el trabajo de Pacheco, sino una minuciosa dedicación al retrato de sus personajes y de los contextos citadinos tan habituales que muchas veces terminan por ser ignorados: el transporte público que se detiene en cada semáforo, justo de frente al lugar de trabajo los personajes en cuestión; los letreros de los locales, las banquetas, la gente que camina de fondo, el brillo de las luces nocturnas sobre los rines de los automóviles. Hay un proceso detalladísimo de parte de la artista de los escenarios que abrazan, y abrasan, al calor de los días soleados, a sus personajes. Son dibujos realizados a partir de trabajo de campo y documentación fotográfica.
Esos procesos de documentación fotográfica y hasta los bocetos de los dibujos, el ensayo de la tensión muscular de las extremidades, están también exhibidos ahí, como una evocación del estudio anatómico de los maestros renacentistas, que dice al espectador que no hay edad de la humanidad donde no sea buena idea seguir ensayando la anatomía para la ejecución del dibujo.
Todas las marcas de la piel
Cada carboncillo sobre lienzo impacta por la habilidad de Pacheco de retratar con minuciosidad todo lo que un instante requiere: los barridos del movimiento convulso de un malabarista en el crucero, una vista en picada de un limpiaparabrisas revela los detalles barrocos de su gorra modernísima; los collares de cuentas, como los que usan los santeros, y otros más parecidos a escapularios con los retratos de la Santa Muerte y del “Chapo” Guzmán, y una cruz formada por cráneos que cuelga de una cuerda.
Los tatuajes, los ídolos oscuros que penden del cuello como protectores de estas causas marginadas, las expansiones en los lóbulos, las manchas de grasa y tierra de la ropa de los personajes; las cicatrices de los estragos de su vida poco condescendiente, los surcos de las suelas del calzado, el borde de las franelas, la tensión de los músculos mientras hacen lo que sea por ganarse un peso, la conmovedora profundidad de su mirada, el brillo del maquillaje en un payaso sin circo. Todo está ahí, con un realismo necesariamente apabullante.
“Es como destaparte la realidad en la cara”, dice Martha Pacheco en un video en el que da testimonio de su inquietud artística y que forma parte de la muestra.
“Martha Pacheco: Ecos de la calle” estará abierta en el recién reinaugurado espacio del Ex Convento del Carmen, avenida Juárez 638, Guadalajara Centro, hasta el próximo 8 de septiembre.



