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Sobre los 43, “no permitan que la verdad desaparezca”: Tawakkol Karman

La Premio Nobel de la Paz 2011, una de las líderes de la Primavera Árabe, visitó nuestro país por primera vez para conversar con el público mexicano en el Hay Festival Querétaro 2022. Criticó a países como Estados Unidos y Gran Bretaña por vender armas a las dictaduras árabes.

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La periodista, política, activista, luchadora feminista yemení y Premio Nobel de la Paz 2011, Tawakkol Karman, movía sus brazos, los abría, empujaba su cuerpo hacia adelante, se cercioraba de que sus palabras se comunicaran con énfasis, que se comprendieran y fueran respaldadas por su ímpetu.

De 43 años de edad, Karman, llamada “la madre de la revolución” en Yemen, uno de los países al sur de la península arábiga —territorio con un legado milenario y con un pasado de bonanza, pero ahora uno de los más pobres de Oriente Medio—, visitó por primera vez nuestro país para tomar parte del primer día de actividades del Hay Festival Querétaro 2022 en un conversatorio con la activista Alexandra Haas, actual directora de Oxfam México. Y abarrotó el Teatro de la Ciudad de la capital queretana.

Voz de una revolución árabe

A lo largo de una hora, que fue notoriamente insuficiente a decir de las voces jóvenes que rechazaron el cese del conversatorio la noche de este jueves, Tawakkol Karman detalló cómo su formación desde pequeña, la influencia de sus padres, su inconformidad ante los actos autoritarios de los gobiernos yemeníes a partir de la transición al siglo XXI, y su personalidad inquebrantable la convirtieron en una líder revolucionaria por la fuerza de la razón.

Karman se convirtió en una figura fundamental de la Primavera Árabe por ser una de las primeras líderes mujeres en oponerse a las dictaduras no solo en su país, encabezada por Ali Abdullah Saleh, sino en los países árabes que oprimían a la población femenina y que han coartado la libertad de expresión.

“Decidí utilizar mi derecho a expresarme. Lo decidí hacer desde la trinchera del periodismo. Comencé como periodista y escribí muchos artículos en contra del dictador y eso fue sumamente extraño dado que era una mujer. La gente comenzó a decir: ‘¿quién es esta mujer que comenzó a tirarle a lo más alto del Estado?’. Yo tenía el derecho de convocar a personas por la libre asociación y a partir de esta trinchera es que comencé mi batalla por la libertad. La constitución me daba ese derecho y yo comencé a ejercerlo. Escribí artículos en contra del dictador y su corrupción, revelé todos los delitos que había cometido, especialmente en la guerra y el apoyo al terrorismo dentro de Yemen”, relató.

Entre 2004 y 2005 varios periodistas fueron reprimidos por la administración de Saleh. “Muchos fueron arrestados por el gobierno, los periódicos también fueron cerrados y los sitios web fueron bloqueados. Entonces yo pensé: ‘como periodista, ¿qué puedo hacer ahora?’, porque escribir en contra del dictador no era suficiente. Así que creé una organización que se llamaba Mujeres Periodistas Sin Fronteras, con la que quería convocar a mujeres dentro y fuera de Yemen para que todas empezáramos a hablar de manera sincera y crear una sola voz en contra de la injusticia. Entonces decidieron revocar la licencia de esta organización y, bueno, decidí crear una nueva que se llama Mujeres Periodistas sin Cadenas.

“La gente me llama ‘la madre de la revolución’ porque en este periodo alenté al pueblo de Yemen a decir no a las injusticias, a levantar la voz y a utilizar los movimientos pacíficos”.

Mejor que morir por nada

La lucha contra la administración de Ali Abdullah Saleh se extendió hasta 2011. Durante 2010, durante una protesta, una mujer intentó acuchillarla con una jambiya, es decir, una daga árabe característica por su hoja curva. Pero sus seguidores lograron detener el ataque.

“Desde 2005 hasta la fecha no me amenazaron una vez sino varias. Pero me siento protegida por la gente, porque me asumo en el lado correcto de la historia. Y creo que esa es la mayor protección que puedo tener”.

Desde que ganó el Nobel de la Paz en 2011, comparte la activista, no ha querido cambiar el tono de su discurso a pesar de que le han pedido que modere el tono ahora que es una portavoz de la paz.

“Pero les he respondido que no, que esa no soy yo. Soy yo a quien los dictadores consideran su enemiga, porque ellos son los enemigos de la justicia y de la libertad y yo soy un símbolo de la igualdad y de la democracia, así que jamás voy a bajar la voz (…) mi mayor temor no es morir, es no ser capaz de convencer a los países de dejar de apoyar a los dictadores. Si he de morir por una causa noble, es mejor que morir por nada”.

“No dejen que se olviden” los 43

Tawakkol Karman expresó su postura frente a los gobiernos del occidente. “Esta voz que habla en contra de los dictadores de mi región es la misma voz que habla en contra de las administraciones estadounidense y británica y en contra de los países que dicen ser demócratas, pero apoyan a las dictaduras de mi región. Les están vendiendo armas”.

En conversación con el público que abarrotó el Teatro del Pueblo, se le preguntó un consejo sobre cómo actuar desde la sociedad civil ante casos en nuestro país como la desaparición y el asesinato ya reconocido por el gobierno de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y decenas de casos similares en los que parece haber crímenes de Estado.

Karman respondió: “he escuchado un poco de lo que pasó y lo que puedo decir es que la sociedad civil no puede dejar de investigar este delito ni cualquier otro. La sociedad civil y también los medios tienen la gran responsabilidad de descubrir la verdad. No se den por vencidos, si no queda claro quién cometió este crimen, no deben esperar. Ustedes deben hacerse de maneras para que este caso y otros permanezcan vivos. No dejen que se olviden, no permitan que la verdad desaparezca. Esa es su obligación como sociedad civil”.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

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