Dicen los clásicos que pasadas las fiestas patrias, en México el año se va como hilo de media, pero antes tenemos que rendirle homenaje a ella, la terrible y hermosa Catrina. El otoño, de por sí una época melancólica, se tiñe de los colores que dedicamos al duelo (el negro, el morado, y de manera extrañamente festiva, el anaranjado). La muerte no es sólo un hecho biológico, es un hecho social. A ella dedicamos ritos, objetos, fiestas y otros gestos culturales.

De manera más que adecuada, el Museo del Objeto (MODO) inaugura en estas fechas El modo de vivir la muerte, exposición sobrecogedora, atractiva y romántica. El recorrido incluye más de 1,000 objetos dedicados, de una forma u otra, al culto de la muerte. Esquelas, grabados, naturalezas muertas, epitafios, lápidas, una sinfonía mortuoria que sirve como un memento mori gigante: imposible no pensar, al recorrerla, que todos nos vamos a morir.

Pero esta reseñista no quiere que se malinterprete El modo de vivir la muerte; no es sólo un paseo lúgubre, es también una diversión.

DE PASEO

Entre los objetos hay (cómo podían faltar) los grabados de José Guadalupe Posada, siempre chistosos. Hay un experimento muy posmoderno que involucra a las redes sociales llamado vivireternamente.org, que sirve a los usuarios para decidir qué sucederá con sus cuentas de correo electrónico y los perfiles de Facebook y Twitter una vez que hayan muerto. ¿Cómo quieres ser recordado en la red?, esa es la cuestión.

La primera sección de El modo de vivir la muerte es una suerte de contraste cultural e histórico. Todo comienza con algunas piezas prehispánicas que se ven lo suficientemente alegres para que parezcan fuera de sitio. Una figura humanoide abraza a un perro xoloitzcuintle: un recuerdo de la amistad y del rito de pasaje a la muerte en el que el perro era un guía al otro lado. Esas figurillas alegres, nos recuerda el texto de sala, dan cuenta de la tradición en las culturas mesoamericanas de tener a la muerte como símbolo de renacimiento y fecundidad.

Otro cantar es el de la Nueva España, donde lo que importa es el bien morir , esto es, morir en gracias con el Dios de los católicos. Devocionarios y rezos son testimonio de aquellos tiempos tan devotos.

Después llegamos al siglo XIX, con su romance con la oscuridad, con esa huraña necesidad de encontrar lo macabro y convertirlo en belleza. Un maestro de lo melancólico y lo macabro fue el artista mexicano Julio Ruelas, que como dicta la religión romántica, murió de tuberculosis en París. Dos grabados de Ruelas aparecen en la exposición. Otra obra decimonónica presente es la canción Boda negra , un anónimo que narra las desventuras de un enamorado que pierde a su amada y acaba desposando su cadáver.

TAN OMNIPRESENTE

El modo de vivir la muerte pasa por épocas y tradiciones, incluye no sólo la mirada cristiana, también tradiciones judía, hinduistas y budistas. No podían faltar los angelitos , esas fotos y pinturas que antaño se hacían de los niños muertos, y tampoco algunos ejemplos de arquitectura fúnebre, como los planos de Manuel Tolsá para un cementerio civil.

ARTE CONTEMPORÁNEO

La última sección está dedicada al arte contemporáneo. Diez artistas fueron convocados para crear piezas para esta exposición.

Siempre la muerte ha inflamado la imaginación artística. El arte es tan omnipresente como la muerte, en la obra se encuentran ambas pulsiones, la de la vida y la de morir.

Carlos Aguirre dedica su pieza a las muchas encarnaciones de la muerte cotidiana: como últimas palabras, como cenizas de un cadáver, como esquela funeraria de su padre, como las últimas frases grabadas por la caja de negra de un avión.

Betsabeé Romero dibuja con una de sus llantas automotrices grabadas un camino al cielo, mientras arriba un círculo de dagas en forma de calavera dan la vuelta amenazantes; Carlos Amorales recoge imágenes de nota roja y con ella hace una fotonovela titulada La lengua de los muertos , mientras Gonzalo Tassier hace un Réquiem para Piet Mondrian .

La negra, funesta y bella muerte: se nos bendijo con su omnipresencia.

  • El modo de vivir la muerte
  • Museo del Objeto (MODO)
  • Dirección: Colima 145, Roma.
  • Abierto: Miércoles a domingo de 10 de la mañana a 6 de la tarde.
  • Entrada: $40

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