Empecemos por el principio: la que escribe fue fanática de Sex and the City, la serie de televisión y por buenas razones (en fin, uno siempre cree que hay buenas razones para sus aficiones). Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker), la protagonista, es una columnista que puede pagarse un departamento bastante mono en Manhattan. ¿Cómo no ser fan de eso?

Carrie y sus amigas, la cursilona Charlotte (Kristin Davis), la pragmática Miranda (Cynthia Nixon) y la insaciable Samantha (Kim Catrall), tenían conversaciones muy sinceras sobre lo incierto que resulta ser una mujer independiente que espera y da un trato igualitario a los hombres, ser una profesionista exitosa y al mismo tiempo un ser deseante y un objeto de deseo.

Era interesante ver que por una vez la televisión fuera un poco más… honesta (todo lo honesto que puede resultar un programa que habla de la moda como un problema fundamental de la existencia… Bueno, para los personajes lo era y no se avergonzaban de ello, eso es honesto).

Si tiene buenos recuerdos de la serie, recomiendo: atesórelos. Se acabó. Ya no más. Mejor piense que Carrie Bradshaw y sus amigas murieron en un trágico avionazo al terminar la última temporada.

La primera película fue una traición a la premisa del programa: al final Carrie Bradshaw, tan liberada, se entrega al matrimonio porque así-deben-ser-las-cosas. Pero tuvo éxito: era un dulcecito para los fans.

En fin, se les ocurrió que era buen negocio revivir la franquicia (y las carrera de las protagonistas) en una secuela que, para ponerla en buenos términos, es peor que la versión cinematográfica de "Los Picapiedra" y "Los Beverly Ricos" juntas.

La trama, una idiocia: Carrie Bradshaw, que lleva dos años de casada, pero 11 años de relación con su actual cónyuge, tiene problemas de pareja del tipo Ay, no quiero ver tele en la cama .

Para escapar de tan tremendas preocupaciones (¿le hicieron una lobotomía a Michael Patrick King, el productor de la serie, que aquí funge como director y guionista?) ella y sus amigas se van a la paradisiaca Abu Dhabi para enterarse que las mujeres árabes usan lo último de Armani bajo la burka y que los musulmanes no permiten el sexo en público.

La cosa alcanza tan altos grados de aburrimiento y estupidez que esta reseñista cayó en un sopor del que apenas si la despertó la aparición en traje de baño del equipo australiano de rugby. Ah, y también desperté para retorcerme de pena ajena cuando las cuatro ñoras cantan en karaoke I am Woman .

El único buen momento de la película sucede en los primeros 20 minutos, cuando Liza Minelli oficia una boda gay y aparece cantando una muy divertida versión de All the Single Ladies de Beyoncé. Ese clip bien puede verlo en You Tube. Mejor dedique esas dos hora y media a algo más útil como sacarse mugrita de las uñas.

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