Como parte primordial de la oferta alternativa de la semana del arte moderno y contemporáneo más activa del año en la Ciudad de México, del jueves 7 al domingo 10 de febrero se llevó a cabo la séptima edición de Salón Acme en la casona que es sede del Proyecto Público Prim, en la colonia Juárez.

Desde su origen, dicha plataforma se pensó para dar visibilidad al trabajo de artistas emergentes o bien que no tiene representación de alguna galería. Dicho carácter independiente del todo fue característico de gran parte de las obras que se exhibieron en la mencionada edición del encuentro, sobre todo en la sección de Convocatoria Abierta, para la que fueron elegidos 50 artistas por el consejo curatorial de Acme.

El edificio, declarado como monumento artístico, con su arquitectura de estilo art nouveau, hizo de la exhibición de las distintas piezas elegidas una escenario que, más allá de permanecer ajeno a la exposición, dialogó con las piezas y muchas vece hizo posible un absoluto mimetismo con el espacio expositivo.

El arte seleccionado por el comité fue de todo tipo de formatos, desde tinta sobre papel hasta videoinstalación, con piezas que fueron resultado de un proceso creativo independiente, a veces hasta rudimentario, con nada más que motivaciones salidas de la necesidad expresiva.

Las propuestas

Ahí estuvo, por ejemplo, “La presa” (2016), un trabajo en bolígrafo sobre papel, de casi dos metros de largo y uno y medio de ancho, en el que Julio Alarcón, con nada más que un bolígrafo fácil de conseguir en cualquier papelería, reprodujo el minucioso paisaje de una zona urbana marginada, asentada sobre una zona de pendientes, donde lo mismo es posible distinguir la corriente del aire, los detalles de los arbustos, los rostros de la gente, los anuncios publicitarios, los postes de luz a lo lejos, los tejados, cada ladrillo de las paredes, los pliegues de las telas en los tendederos y sus transparencias. Un trabajo simple pero fuerte por su calidad en el detalle.

Fue posible observar piezas de materiales más habituales que se encuentran en la vida diaria pero fueron resignificados a través de la sensibilidad plástica. Tal es el caso de la pieza “Breve melancolía de un atardecer dominical” (2018), una escultura del regiomontano Carlos Adrián Lara Martínez que fue resultado del ensamblaje de cinco mecedoras usadas, todas, recuperadas de casas en la zona industrial metropolitana de Monterrey, para hablar sobre el trabajo y el ocio, sobre la dualidad de la vida de muchos de los trabajadores de la llamada capital industrial del país.

Se exhibieron trabajos de collage análogo sobre fotografía, como Revelations series (2018), de Andrés Gamiochipi, una propuesta de tres imágenes en las que el artista realizó yuxtaposiciones de imágenes ajenas la una de la otra pero con una profunda correspondencia estética. Por ejemplo, la fotografía del rostro de una escultura de un Buda y sobre ella, colocada la postal vertical de un grupo de alpinistas ascendiendo por un glaciar cuya forma, curiosamente, empata a la perfección con el vértice de la ceja del Buda.

Otras salas

Además de las piezas de la selección de este año, la edición siete de Salón Acme presentó otras secciones para enriquecer la propuesta de esta feria alternativa disponible para los coleccionistas de arte que la semana que concluye visitaron las distintas ferias de arte de toda la ciudad. Una de ellas fue la Bodega Acme, donde se exhibieron las piezas adquiridas de arte que ha tomado parte de las ediciones anteriores del encuentro.

También hubo una sala dispuesta para un país invitado, que este año fue Michoacán, cuyos artistas coincidieron en abordar, en su gran mayoría al óleo sobre tela, las distintas luchas sociales que se han venido gestando en la región durante las últimas décadas. Pero también hubo propuestas de preocupación social, como el trabajo de María Sosa, “Octavo presagio funesto” (2016), una reproducción de acuarela sobre papel algodón de casi cinco metros de altura de dos indígenas, al reverso de los cuales, en la parte sin acuarela, la artista escribió diversos testimonios de gente que ha sufrido o ha formado parte de algún acto de violencia, desde desapariciones hasta delitos sexuales y narcotráfico.

También se dispusieron espacios para galerías invitadas, varias de las cuales tomaron parte de otras ferias pero trabajaron en llevar a un artista de su representación a Salón Acme; entre ellas, Galería de Arte Mexicano, Maia Contemporary, Patricia Conde, Quetzalli o Proyectos Monclova. Salón Acme cerró su edición este domingo con una sede repleta de visitantes de todas las latitudes.

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